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lunes, 3 de agosto de 2015

RORIPPA SYLVESTRIS

Un discreto berro de flores amarillas se hace invasor fuera de su hábitat
    
Rorippa sylvestris
Rorippa sylvestris




En estos días calurosos de verano, los cascajares de las orillas del Irati son un buen punto de acceso a sus aguas frescas. A la sombra de los alisos, chopos o fresnos de la ribera se puede pasar una mañana agradable y de paso ver como el berro amarillo extiende sus hojas sobre los chingos con los que probamos nuestra habilidad para hacerlos rebotar sobre la corriente. Las pequeñas flores amarillas y los frutos alargados, insertos en el eje, destacan sobre las hojas divididas que en forma de radios se extienden sobre los cascajos.





Rorippa sylvestris
  




Parece ser que el nombre rorippa es de origen sajón, sin que se llegue a explicar su origen o significado. Se sabe que aparece mencionado sucesivamente en listados de flora realizados por Gesner en Zurich, Chemnitius en Brusnvigan o Scopoli en Carniola, hasta que Linneo lo reservó para este género de plantas, en la que están incluidos los berros de agua, de flores blancas y hojas similares y que crecen con frecuencia dentro del cauce de corrientes de agua.






Rorippa sylvestris





Esta especie, sylvestris, es propia de la Eurasia templada y así es como crece por aquí a las orillas algunos ríos: en el Arga en su curso medio y en el Irati en su curso bajo, según el Atlas de la Flora del Pirineo. Algunas de estas fotos están tomadas en la orilla izquierda del Aragón, donde confluye con el Irati. Por aquí, no parece proliferar, pese no sufrir por las crecidas que sí afectan al desarrollo de otras plantas. Según los resultados de varios estudios, soporta los caudales irregulares que pueden anegarla temporalmente y volver a florecer la próxima temporada, como otros berros.
Rorippa sylvestris







En Suecia, USA, Argentina o Nueva Zelanda, se considera una planta alóctona (foránea) e invasora. En esas regiones (se constató su presencia en Pensilvania en 1818), invade pastos, zonas húmedas, jardines o huertas y resulta difícil su erradicación una vez instalada; son más eficaces labores preventivas que la aplicación de herbicidas, una vez establecida. Esto no debe de ocurrir en los lugares de donde es originaria, en los que no he encontrado alusiones a su difusión malévola.
Rorippa sylvestris










Donde actúa como invasora, dificulta el crecimiento de plantas bulbosas o de hortalizas porque sus componentes fitoquímicos resultan ser alelopáticos para variedades hortícolas alimentarias, como las lechugas. Con estos indicios la industria fitosanitaria ha investigado qué componentes bioquímicos de esta especie de berros pueden resultar ser herbicidas eficaces para otras malezas. Sin necesidad de ellos, ha sido la propia evolución quien ha inventado la forma de controlar el desarrollo vegetativo sin inversiones millonarias.



       



Una vez más, los ecosistemas se adelantan a los herbicidas, sin necesidad de patentes
    
Rorippa sylvestris

jueves, 23 de julio de 2015

STACHYS OFFICINALIS

A vueltas con los nombres y las virtudes de las plantas
    
Stachys officinalis

Stachys officinalis




El nombre botánico de las plantas tiene curiosidades difíciles de explicar, como se ve en este caso. Esta planta se llama en euskera otondo o sugeria y en castellano, betónica, que es el usual, con sus variantes fonéticas, en las lenguas romances y germánicas. Carl Linneo mantuvo la palabra latina betonica para denominar a esta planta en su nomenclatura binomial.





Stachys officinalis







Este nombre se había conservado desde la época romana y no había dado lugar a confusión, como les había ocurrido a otras plantas, cuyos nombres se aplicaban a especies distintas. La betónica era una planta medicinal (officinalis) bien conocida, empleada y descrita durante siglos. Así la vemos nombrada y dibujada en el Herbarium de Egenolff de 1544, conservado en Roncesvalles y reeditado recientemente. 



 
Stachys officinalis






Sin embargo, hoy día este género de plantas se conocen como stachys, que es como decir espiga de trigo en griego, por inverosímil que parezca. Este cambio tan extraño se lo debemos a Vittore Benedetto Antonio Trevisan de Saint-Léon y a ver quién se lo discute a alguien con ese nombre. Pues bien, este Trevis (que es cómo, ahora que no les oye, le llaman los botánicos) les puso este nombre en su Prospecto della Flora Euganea (1840). Supongo que al dar la lista de las plantas de los montes de su pueblo no le parecería culto el nombre que le daban sus vecinos y quiso hacerse notar.

Stachys officinalis








Las virtudes curativas de la betónica eran conocidas en la antigüedad por los egipcios, griegos y romanos (según Carlos G. Wagner). Antonio Musa, médico de Augusto y a quien alivió de la artrosis y otras varias dolencias con emplastos fríos de betónica (según Seutonio LIX y LXXXI), estimaba que tenía efectos favorables sobre más de cuarenta dolencias, ¡nada menos! La noticia de las cualidades médicas de Musa llegó hasta Linneo y para hacer perdurable su nombre lo aplicó a los ¡plátanos!; por eso, a los de Canarias los botánicos les llaman Musa acuminata.

Stachys officinalis









Se puede decir que la betónica ha tenido durante muchos siglos la consideración de panacea, incluso más allá de lo físico. Durante la Edad Media se plantaba en los cementerios para alejar los espíritus malignos, se llevaba como amuleto y era usada como filtro de amor. La farmacopea actual ha vuelto a tomar en consideración las virtualidades de la betónica, a través de la valoración terapéutica de sus componentes fitoquímicos. 




   
La fama de curalotodo, que la ha hecho merecer una tesis doctoral, 
hará que la mire con el respeto debido al birrete. 
  
Stachys officinalis

viernes, 3 de julio de 2015

LEONTODON HISPIDUS

Las flores que resultan ser unos pelosos dientes león
  
Leontodon hispidus
Leontodon hispidus






El león estaba ya muy mayor. Por la mañana, le costaba enderezarse sobre sus cuatro patas. No participaba en las cacerías y se bastaba con algún que otro despojo. Además, iba perdiendo los dientes, y esto le ponía mohíno a ratos.








Leontodon hispidus









Pero, si notaba que le faltaba otro diente, sabía que durante la siesta de la tarde sentiría las cosquillas del ratoncito Odón Pérez. Y estando amodorrado, vería como el ratoncito recogería su diente perdido y lo ocultaría en un hoyo que él nunca llegaba a distinguir.  









Leontodon hispidus





Al poco, aparecería el Hada de los Dientes con su corona y su vara mágica destellante. Con gesto solemne tocaría el punto donde se ocultaba su diente y… al instante brotaría una planta con flores amarillas deslumbrantes. Sería su diente de león hecho flor; el leontodon de largos pelos, como los de su melena.






Leontodon hispidus










Así, se despertaba risueño; sin el malhumor que le había producido la pérdida del último diente. Pronto las flores serían semillas plumosas, que volarían llevadas por el viento, y su diente sería muchos dientes de león. No tardaría en ver que los humanos aparecían a llevarse sus pelosos dientes de león para tratar trastornos renales y como eficaz antiinflamatorio.







Leontodon hispidus



    


No le molestaba que se llevaran sus flores, pero a veces les rugía como enfurruñado cuando se acordaba de que estaban borrando la capa de ozono. Según le había dicho en una ocasión su ratoncito, quien resultaba ser además un gran sabio, sin esa capa invisible, a sus amarillos y resplandecientes dientes de león se les cerraban los estomas y lo pasaban mal. 








El no entendía nada; era solo un viejo león,
pero le creía y volvía a quedarse amodorrado
   
Leontodon hispidus

jueves, 11 de junio de 2015

VICIA SATIVA

La vicia que no son habas contadas


Vicia sativa
Vicia sativa







La veza de cultivo (sativa) despliega en esta época, entre hojitas y zarcillos, sus flores rosadas, que son como mariposas con las alas extendidas. 
 ¡Cómo no pararse a mirarlas con detenimiento en las eras o en los bordes de los sembrados! Parecería que añoraran las épocas en que eran sembradas con profusión. 
Esta especie de papilionácea se llama zalkea en euskera, que con sus variantes regionales nos da idea de su difusión.


Vicia sativa















La veza, como otras vicia (las habas), se debió emplear en la alimentación humana en tiempos prehistóricos. Se han constatado rastros de veza en yacimientos neolíticos de culturas agrícolas en varios países mediterráneos y en yacimientos de Menga y Alicante. Pero, llegó Pitágoras y las expulsó de su dieta. Y con su autoridad, no hizo falta un tabú religioso para apartarla de nuestra mesa y que no fuera sino un simple pienso.



Vicia sativa

















Un simple pienso... del que no conviene abusar. Ahora sabemos que este género de plantas lleva entre sus componentes el glucósido vicina, que precisa de una enzima para hacerlo digerible. 
¡Ah! pero que no todo el mundo cuenta con ella, en cuyo caso se producirán las alteraciones graves del favismo, ya comprobadas desde antiguo en humanos. 





Vicia sativa










Con todo, se ha visto que además del valor forrajero, la veza tiene interés en el abonado natural de los campos, por fijar nitrógeno del aire a través de las raíces. La alternancia de cultivos hace que se reduzca la necesidad de abonado con productos que alteran la composición del terreno, añadiendo el nitrógeno necesario para el desarrollo vegetal.




Vicia sativa



















Se ha comprobado en numerosos estudios que la siembra de veza con gramíneas aumenta el rendimiento y prepara para nuevos cultivos de maíz, patatas o tomates. Ninguna de estas hortalizas conocía el romano Virgilio cuando redactó las Geórgicas y en donde proponía la rotación de cultivos con estas leguminosas para paliar el agotamiento de los terrenos, tras la siembra de trigo o lino. 













Lo beneficioso de la rotación de cultivos, 
¿no será una metáfora de otras necesarias rotaciones?


Vicia sativa

martes, 2 de junio de 2015

ALLIARIA PETIOLATA

Aromas antiguos a orillas del Aragón 

Alliaria petiolata

Alliaria petiolata



En los paseos hacia Sangüesa, frecuento un sendero sombreado, que corre próximo al Aragón y junto a las tapias de las huertas. Entre la tupida vegetación de ribera se ve discurrir el agua, pero es difícil acercarse a la orilla, ocupada por chopos,  hiedras y zarzas. En mayo, el sendero ha estado flanqueado por una larga fila de altas plantas con grandes hojas de borde serrado y que culminaban en un brillante ramillete de flores blancas: las alliarias.


Alliaria petiolata






Las alliarias son discretas en sus olores… mientras no las tocas. Al frotar las hojas, te acuerdas de que el olor a ajo está escrito en su nombre: allium = ajo. Así que es usual denominarla ajera o hierba del ajo y en euskera: baratxuri belarra, barakaiz bedarra, apo-baratxuri o sorgin-baratxuri (ajo de brujas). Esta variedad de nombres da idea de que en nuestro país ha sido planta bien conocida y utilizada en las cocinas.


Alliaria petiolata


Se considera a la alliaria como el condimento más antiguo del que se tiene noticia. Quizá, antes de la llegada del ajo a occidente, su sabor ya era conocido y las ajeras servían para aderezar cuencos de mejillones o filetes de ciervo en los lares daneses y alemanes, próximos al Báltico. A través los restos fosilizados de alliarias, encontrados en vasijas prehistóricas, se ha llegado a la conclusión de que, por ser una planta sin valor nutricional, debió de ser un condimento empleado como saborizante.


Alliaria petiolata






El sabor a ajo se aprecia en  plantas de varios géneros y ha sido objeto de estudios bioquímicos. Así se sabe que este olor se debe a la transformación de un glucósido sulfurado en alicina capaz de excitar las células linguales, y ya se sabe que el sulfuro huele a demonios. Es por esto que se estima que este olor es una defensa desarrollada por las plantas frente a los insectos y con efectos antibióticos en los humanos.
Alliaria petiolata






Este efecto repulsivo hace que en ocasiones algunos se lo tomen muy a pechos. 
Además, en ciertos lugares, como Connecticut o Washington en USA, es la misma alliaria la que no es bien recibida y la tienen por invasora. Ocurre que los componentes olorosos de la alliaria afectan a la composición vegetal del suelo, destruyendo las micorrizas, necesarias para el desarrollo de las plantas de la zona. 
Como no hay mal que por bien no venga, hay artistas que les han encontrado un papel a las invasoras y con ellas crean texturas y colores con los que singularizarse.





¿Serán las alliarias quienes me han dejado sin setas de chopo en los tocones del sendero?
  
Alliaria petiolata