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lunes, 17 de febrero de 2020

ERIGERON ACRIS

Margaritas azules entre los colores pardos del otoño último
    
Erigeron acris

Erigeron acris


A primeros de diciembre, tras las abundantes lluvias de noviembre y las últimas mañanas heladas, nada hacía suponer que íbamos a tener un invierno templado. Los fríos de aquellos días me obligaron a recoger apresuradamente las negrillas que aparecían entre el musgo y las agujas de los pinos del suelo del Castellón. Cuando llevaba la cesta ya bastante colma, reparé en estas margaritas de pétalos azulados, que afloraban entre la hierba del sotobosque. Las pobres no tenían ni el porte ni los colores primorosos de otras margaritas, pero se hacían ver sobre los tonos ocres de las acículas y las piñas en aquellos últimos días del otoño.









Esta especie de margaritas las había visto florecidas en verano, pero ya estábamos cerca del invierno. La sorpresa habría sido menor de haber sabido que son plantas bianuales con yemas invernantes protegidas de los fríos por la hierba, las acículas de los pinos o la hojarasca caída de los robles. De esas yemas brotan los tallos que se ramifican en varios capítulos con brácteas pelosas, generalmente erectas, no por mor del frío, precisamente.  














Los pétalos, lígulas, de estas margaritas son flores tan fértiles como las flores tubulosas amarillas del centro del capítulo. El color de estas lígulas varía del violeta pálido al blanco y su anchura puede estrecharse hasta ser lineares. Los dos tipos de flores, liguladas o tubulosas, dan lugar a las cipselas, semillas con vilano que desparrama el viento, y que aún pude ver algunas adheridas al tallo seco.














El nombre “eri-geron”, de origen griego, parece hacer referencia a temprano-viejo o pronto grisáceo. En castellano, la llaman zarramagar, que más parece vasco (viejo-defectuoso, como traduciría algún filólogo atrevido). En inglés, y para rematar, a estas “Daisy blue” (margaritas azules) las llaman fleabane (la perdición de las pulgas), porque parece ser que según creen los ingleses las “fleabane” ahuyentan las pulgas; no sé si también las malas pulgas del brexit.








Entre tanto, los chinos a lo suyo: explotar cuantos recursos, puedan que luego ya veremos que hacemos con la contaminación y los virus. Así se han encontrado que las explotaciones mineras de manganeso y cadmio han extendido la toxicidad de estos metales por amplias extensiones cultivables. Después del desastre, tratan ahora de restaurar los suelos degradados empleando plantas, entre ellas esta margaritas azules, que absorben estos metales nocivos. Han comprobado que el manganeso es necesario para la fotosíntesis o como catalizador de enzimas vitales y con estas plantas tratan de extraerlo del suelo. ¿Y luego, qué? ¿Y con el cadmio que flota en el aire, qué?







¿Sabrán las abejas que liban esas flores si la miel tendrá ingredientes nada recomendables?

Erigeron acris