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martes, 6 de octubre de 2026

MOLINIA CAERULEA

Molinia caerulea 

Con las hierbas hemos topado, amigo Sancho
    
Macolla de Molinia caerulea   

    Últimamente he paseado por las orillas del Aragón aprovechando el frescor de los senderos próximos. En los márgenes, donde no hay carrizos, son frecuentes macollas herbosas que despliegan su exuberancia entre los cascajos. Este paisaje me resulta bien conocido, pero a últimos de septiembre me encontré con macollas floridas con unos llamativos estambres oscuros, muy lejos del color dorado del polen habitual de las flores. Consultando Flora Ibérica me enteré de que las anteras de los estambres de estas hierbas pueden ser violáceas o pardas. Así que, resuelto este misterio, a ver qué más se dice de estas hierbas, las Molinia caerulea. 
   
Molinia caerulea

    Empezaré, pues, por su situación  en estas riberas. En el Manual de Hábitats de Navarra se menciona esta planta 36 veces, por estar presente en numerosos hábitats. Los lugares de mis paseos por Yesa corresponden a Comunidades de aguas alcalinas u oligohalinas (algo salinas, con afloramientos en los que he visto sal cristalizada) En el manual, esta comunidad tiene la numeración 2.4.3.3 (pág. 142). En esa zona de Yesa, próxima al puente medieval en ruinas, la Molinia convive con otras plantas como son: el Cladium mariscus, también exuberante, la menta acuática, los carrizos, las salicarias y el hinojo acuático.

Molinia caerulea
    Y, aguas abajo, en terrenos de Sangüesa, donde vi los estambres de un color violáceo obscuro, o en la orilla opuesta, en terrenos de Liédena, el hábitat no es salino: son Juncales y herbazales, 4.7, según el Manual (pág. 284). La primera comunidad tiene el nombre de Trampales con Molinia caerulea (4.7.1); pero no son los trampales sino las terrazas fluviales y los cascajares los que corresponden al paisaje que veo aquí, a orillas del Aragón, dentro de la comunidad de Juncales mediterráneos en Herbazales y terrazas fluviales, como es el caso (4.7.2 pág. 286).

Molinia caerulea

    Ya me vale de hábitats del río Aragón; me paso a la nomenclatura. Carl Linneo en su obra Specie Plantarum de 1754 le puso el nombre de Aira caerulea, precisamente caerulea por el color purpúreo de las anteras. Años más tarde, el botánico alemán Conrad Moench no vió acertado el género Aira para esta planta y la describió en su obra Methodus de 1794 bajo nombre de Molinia, en honor del botánico y jesuita chileno Juan Ignacio Molina. Tras ser expulsados los jesuitas de los territorios de la corona en 1767 por orden de Carlos III, se refugió en los Estados Pontificios y fue un eximio profesor de la Universidad de Bolonia. J.I.Molina es considerado como uno de los científicos de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII. Otro lio borbónico para un agudo comentario de Nieves Concostrina.

Molinia caerulea
    Si J.I.Molina no pudo ver en su Chile natal estas macollas, bien que las conocería Moench porque, quizá, él mismo las pusiera en el Jardín botánico de la universidad de Magdeburgo, que creó siendo en ella profesor de botánica. Esta planta está ampliamente difundida por Europa, pero poco más. Su expansión se mira en algunos lugares como amenaza para la pervivencia de ericáceas y se ensayan formas biológicas de control, como forrraje para caballerías o la siega. Lo curioso es que según recientes estudios paleoecológicos la presencia de las Molinia precedió a las ericáceas y a otras plantas en esos mismos terrenos. Está claro que, también en botánica, se impone la convivencia.

Molinia caerulea
    Solo me queda hacer referencia a otro hábitat donde las Molinia campan a sus anchas y situado al norte de la sierra de Leyre. Entre Bigüézal y Castillonuevo hay amplias llanuras húmedas en parte del año, aptas para la presencia de estas macollas. Son trampales de Molinia cerulea que sólo están húmedos ciertos meses, al menos en la parte sur de la carretera. Aquí los estambres de las espiguillas son pardos y no destacan, sino que es el conjunto de macollas que da la sensación de cubrirlo todo. Buen sitio para el que huye por una tarde del mundanal ruido.
     
Molinia caerulea

Cada hierba, Sancho, como cada cual, tiene su aquel

Molinia caerulea

miércoles, 30 de septiembre de 2026

CHAMAESYCE PROSTRATA

Chamaesyce prostrata

Una euforbia discreta entre las patas del guardarraíl de la autovía

Chamaesyce prostrata
    Una tarde de finales de agosto íbamos en coche a visitar el monasterio de San Salvador de Leyre con el que Liédena, por vecindad, ha tenido históricas relaciones religiosas y litigios terrenales. No fue posible la visita esa tarde porque, en el momento de desviarnos de la autovía, la rueda delantera derecha hizo ¡plof! Ahí estuvimos varias horas los cinco viajeros esperando el auxilio en carretera, apoyados el guardarraíl. Y así tuvimos ocasión de ver que, a nuestros pies, entre la grava del arcén, se extendían las ramitas de unas plantas que desafiaban la sequedad del suelo.   

Chamaesyce prostrata
    Las plantas en cuestión eran unas euforbias rastreras, postradas, y ha hecho falta un percance de carretera para que yo conociera su presencia en esta zona. Puede parecer una plantita más, pero, según Flora Ibérica, “argumentos morfológicos, fisiológicos, bioquímicos, estomáticos, palinológico-cariológicos y seminales”, ¡nada menos!, han hecho necesario crearle un nuevo género a la familia de las euforbias: el género chamaesyce (por tierra, enano), palabra griega rescatada de los textos de los antiguos Dioscórides y Plinio.
    
Chamaesyce prostrata
    Su presencia por aquí debe de ser reciente (no estaba registrada en esta zona) y, si bien es originaria de Centroamérica (en México es la hierba de la golondrina), tiene una amplia difusión mundial. En Flora Ibérica advierten que en “la Península está en proceso de expansión por su gran poder colonizador” pues es una planta sinántropa, capaz de adaptarse a vivir en zonas antrópicas, humanizadas, como es la autovía del Pirineo, en la que los humanos hemos pasamos cinco horas esperando una grúa. 
  
Chamaesyce prostrata
    La existencia americana de esta planta ya era reconocida en el S.XVI por el médico de Felipe II Francisco Hernández de Toledo, quien recorrió la Nueva España entre 1572 y 1577. Allí pudo constatar que tenía usos medicinales: antidiarreico, astringente, el tratamiento las manchas de la córnea y la dermatosis. Con estos precedentes, no es de extrañar que los estudios de sus componentes bioquímicos sean numerosos y aplicados a otras dolencias de los tejidos epiteliales, como la hemorroides, o empleados como antiinflamatorios.
     
Chamaesyce prostrata
     ¡Y cómo suponer que aquella planta que pisábamos bajo el guardarraíl tendría usos industriales! 
Sus componentes bioquímicos (β-sitosterol, campesterol, estigmasterol y un largo etc) han sido probados para mantener a raya la corrosión del acero dulce, el acero flexible por tener una ínfima cantidad de carbono. La química cuántica ha comprobado una alta inhibición oxidativa de hasta el 96% que hace de esta planta un valioso elemento ecológico en tratamientos de limpieza ácida.

Chamaesyce prostrata
        ¡Vaya con la plantita! Hasta en La India hay laboratorios biotecnológicos universitarios que la estudian y han encontrado que dos de las bacterias presentes en esta planta (endófitos bacterianos) aumentan la productividad del trigo y del tomate cuando se insertan en sus semillas o se extienden por los cultivos. O sea, como una nueva multiplicación de panes y peces para dietas vegetarianas.
    
Chamaesyce prostrata
    Y, para terminar, el cuento del pequeño pero matón en versión botánica: la Chamaesyce prostrata contra las bacterias multirresistentes que provocan múltiples y graves infecciones hospitalarias. Los profesores Voukeng, Beng y Kuete de la Universidad de Yaoundé en Camerún investigaron el efecto del tratamiento contra treinta y seis cepas multirresistentes con siete especies de plantas. Sólo la pequeña de nuestra cuneta mostró eficacia contra todas ellas. ¡Ahí queda eso! 

    
¡Y que se anden con cuidado las garrapatas y moscas! 
Otros tres investigadores indios las tienen enfiladas con los poderes de esta plantita. 
 
Chamaesyce prostrata

En fin, ¡qué tarde la de aquel día!

Chamaesyce prostrata

jueves, 14 de mayo de 2026

MALVA NEGLECTA

 
Malva neglecta
La larga historia medicinal de unas malvas negligentes 

Malva neglecta

    Me encuentro en mayo con jardines naturales en las calles el pueblo que dan a las antiguas eras o llevan a los cultivos. Los veo tan naturales y requetevistos que ni me detengo a mirarlos. Pero, el domingo fui al pueblo de al lado, Rocaforte, y en lo más alto, donde acaba la calle cementada, había uno de estos jardines que me hizo detenerme. El color llamativo de unas pequeñas malvas me llevó a ver qué otras plantas componían el cuadro multicolor: cardos, geranios, cizañas, matricarias, amapolas o malvas silvestres, que recuerde. Todas juntas y revueltas en cinco metros.

Malva neglecta
    Así que me entretuve tomando fotos a estas llamativas malvas rastreras, o como indica su nombre genérico, negligentes, en el sentido de pasadas por alto, supongo. Carl Linneo, en la descripción de las malvas de su tratado Species plantarum no las menciona y pasaron setenta años hasta que Karl Wallroth describió esta especie en la publicación de la Sociedad Botánica de Ratisbona (Syll. Pl. Nov. 1: 140–142), pero sin revelar dónde la localizó, hecho habitual en él según F.T. Kützing. 
  
Malva neglecta
       En este caso no habría sido de extrañar, si es  que quisiera quedar bien, porque así describe Wallroth la localización: “Hábitat: En las zonas desiertas de los suburbios, cerca de calles sucias, muros y vallas para trepar, en estercoleros y ruinas, abundan junto a la Lippia, el Chenopodium y el Polygonum. Florecen desde junio y durante todo el verano”. 
No, por aquí en mayo ya están florecidas y no en estercoleros, sino en calles aseadas y floreadas en Rocaforte o por caminos bucólicos, como el de la fuente de los lirios en Liédena. 
No, definitivamente, cualquier tiempo pasado no fue mejor en pulcritud.

Malva neglecta
    Quizá, habiera también otra motivación para ese silencio: Wallroth era doctor en medicina en ejercicio y las malvas eran remedios curativos, que se sepa, desde que Plinio el Viejo en su Historia Naturalis (20, LXXXIV) les atribuyera múltiples y curiosas virtudes, incluso ser repelente de insectos. Así que bien puedo suponer que Wallroth no difundiera la localización para poder disponer de esta especie de malvas que emplearía en tratamiento de variadas enfermedades, como era de esperar de su prestigio. Vamos, que actuaba como cualquier robasetas sigiloso de hoy en día.

Malva neglecta
    El empleo medicinal de las malvas, y de las neglecta en particular, está confirmado en múltiples estudios de usos populares. En Flora Ibérica, se indica que es planta medicinal (antiinflamatoria) y comestible (sopas y ensaladas). Los dolores menstruales o de estómago, el asma, las úlceras, los resfriados, el estreñimiento, las inflamaciones, la infertilidad, hemorroides han sido tratados con estas plantas en países como Armenia, Azerbaijan o Georgia, además de las referencias de Bangladés, India o Egipto, según publicaciones en el American Journal of Biomedical Science & Research, entre otros. Es decir que las empresas farmacéuticas se fijan en la medicina popular de estos países, analizan los componentes bioquímicos, validan la eficacia curativa y son nuestras medicinas. Lo toman gratis y se lo devuelven a precio.

Malva neglecta
    ¿Y qué componentes bioquímicos se han encontrado en las malvas neglectas? El laborioso y minucioso trabajo de laboratorio es tal que, con solo el deletreo de los nombres de los compuestos, tengo suficiente para explicarme una parte del precio de los medicamentos. Y como ejemplo, una investigación pakistaní: la enfermedad de Alzheimer y el deterior de la memoria subsiguiente, cuyas múltiples causas siguen a debate. Pues, en Pakistán han comprobado que el extracto metanólico de la Malva neglecta tiene un efecto inhibidor sobre la acetilcolinesterasa en las sinapsis de las células nerviosas con la consecuente mejora de los síntomas. ¡Ahí queda eso!

Malva neglecta
¡Vaya!, que cualquier día uno mismo pisa el cumaroilhexósido de estas malvas y no se entera... ¡Qué negligencia!

Malva neglecta

lunes, 16 de febrero de 2026

SORBUS ARIA

Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria

Árboles al borde del abismo, con curiosidades medicinales y reproductivas
    

Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
    ¡Qué lejos han quedado los días templados del otoño! En estos días lluviosos y ventosos, los paseos por la sierra permanecen en las fotos más que en la memoria. Por entonces el pantano de Yesa llevaba un mes casi vacío y se veían sus limos al fondo, lejos de las hojas de los mostajos de la sierra. En algunas de esas fotos aparecen en primer plano mis botas, porque estoy sentado y, más allá, se ve el envés blanquecino, característico de las hojas de los mostajos. 
Por aquí, esta especie (Sorbus aria) se desarrolla en los cortes de la arista de la sierra para aprovechar la luz solar y uno ha de tomar precauciones al aproximarse al profundo talud para no romperse la crisma.
   
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
    Pero muy al contrario, los mostajos no sienten el peligro de estar en la pendiente por disponer de largas raíces de más de dos metros para resistir los vientos de la sierra. Para nosotros, respirar estos aires resulta saludable, pero para los mostajos, sin embargo, los vientos son portadores de insectos y esporas invasivas: las raíces se infectan por pulgones (Aphis sorbi); las hojas, por orugas (Argyresthia conjugella); las semillas nutren a larvas de avispas (Megastigmus brevicaudus); las ramas enferman por el “fuego bacteriano” (Erwinia amylovora ) y las hojas, de roya (Ochropsora ariae). 
En fin, reconozco que llamo enfermedades a las múltiples y maravillosas formas que tiene la vida de manifestarse y que, frecuentemente, el chiquitín se come al grande.
    
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
   
    Y, hablando de enfermedades, he de recordar que el ginecólogo y nutricionista Heinrich Crantz fue quien publicó la primera descripción de esta especie de mostajo en la década de 1760 en el segundo de los fascículos ilustrados, dedicados a las especies de plantas austríacas, con el título: Stirpium Austriarum Fasciculus. 
Al final de la descripción hace una observación para discrepar de la clasificación anterior de C. Linneo (Crataegus) al observar que los frutos rojos de los mostajos tenían no dos, sino cuatro semillas como los demás sorbus. 
Ahora se prefiere nombrarla como Aria edulis, a propuesta de M.J Roemer.
   
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
       También hay divergencias a tener en cuenta en el empleo medicinal de los frutos del mostajo según su maduración. Entre los componentes de los frutos verdes están los taninos con efectos antidiarreicos, pero el sorbitol, más abundante en los frutos maduros rojos, tiene efectos laxantes. Otros componentes (fenoles y carotenoides) de las hojas y bayas tienen pigmentos antioxidantes. Y cuando uno oye antioxidante, inmediatamente se imagina ser como una barandilla oxidada que debe frotarse con bayas de mostajo para quitarse la herrumbre y las arrugas de la piel, según lo que ve en los anuncios. Pues no, pues va a ser que tienen que ver con los radicales libres de las funciones celulares. Pero esto lo dejo para otra ocasión, que aún hay tela que cortar.
     
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
    La tela que cortar es la de los clones virginales, nada menos. Antes de que los mitos hindúes, budistas, egipcios, griegos o romanos inventaran la procreación virginal, una parte notable de los mostajos habían preferido la reproducción por clonación con gametos de un solo origen. Si los humanos contamos con dos grupos de 23 cromosomas, provenientes de ambos progenitores, estos mostajos tienen dos, tres o cuatro grupos de 17 cromosomas, poliploidía. Las plantas-madre con tres grupos dieron semillas apomícticas, semillas de reproducción asexual sin necesidad de fecundación. Lo mismo ocurre en la mayoría de los casos en que son cuatro los grupos de cromosomas. Hay que agradecer a los investigadores bosnios haber desenredado el misterio de la reproducción virginal mediante clonación natural.
    
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
La espectacular flora y el arbolado de la sierra 
guardan los misterios de las múltiples formas de la vida 

Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria

viernes, 14 de noviembre de 2025

ACER CAMPESTRE

Arce menor      Acer campestre      Astigarra

Los colores vibrantes y sonoros de los arces en otoño

Arce menor      Acer campestre      Astigarra

    ¡Qué gozada ha sido pasear por los bosques durante este otoño templado, seco y ventoso! En las excursiones por los montes, íbamos pisando la hojarasca multicolor, sacándole sonidos al silencio. Comentábamos el encanto que dan los arces a los bosques en otoño viendo los tonos dorados de sus hojas, sujetas a las ramas o esparcidas por el sendero. Al estar los arces dispersos en el borde de hayales o robledales, sus colores amarillentos los hacen destacar de los otros. Y así mismo, estos arces se hacen ver en las inmediaciones del pueblo entre el arbolado de los sotos del Irati y del Aragón.

Arce menor      Acer campestre      Astigarra

       ¡Ay, los vistosos amarillos de los arces! Este color, que sólo se hace visible cuando el verde de la clorofila deja de producirse y de esta forma deja de estar enmascarado. Esto ocurre cada año en otoño: la clorofila se degrada y persisten otros pigmentos más resistentes a la oxidación como es la xantofila, que da el color amarillo a las hojas de los arces. Estos pigmentos, flavonoides, actúan de protectores de las hojas verdes durante la fotosíntesis frente a las radiaciones ultravioletas. Sin duda, los arces están bien educados: usan protectores solares mientras el sol aprieta.

Arce menor      Acer campestre      Astigarra

    Además de ser atractivos y educados, los arces campestres son polígamos, sin que haya que tomarlo como una excentricidad, sino como una más de las formas que las plantas tienen para asegurarse la reproducción. Así lo tienen declarado Pedro Sánchez Gómez y Jaime Güemes, botánicos y redactores del género Acer en el tratado de Flora Ibérica. En el arce campestre, por tanto, las flores son de tres tipos, aunque de formas aparentemente similares: Unas con estambres fértiles y pistilos infecundos; otras, a la inversa y otras más, con ambos fértiles, hermafroditas.

Arce menor      Acer campestre      Astigarra
    Tantas precauciones reproductivas dan como resultado unas semillas dobles provistas de alas planeadoras extendidas, sámaras, para diversión de los niños al lanzarlas al aire y verlas girar cayendo suavemente. Y claro, estos niños se hacen mayores y se ponen a estudiar la aerodinámica de las semillas voladoras y publican sesudos y costosos estudios que los arces los tienen resueltos sin saber que dos y dos son cuatro. ¡Solo como resultado evolutivo, nada menos! 

Arce menor      Acer campestre      Astigarra
    A la física del movimiento giratorio de las sámaras, hay que añadir la física del movimiento vibratorio sonoro, que se producen cuando una chelista frota el arco contra las cuerdas del chelo, hecho en buena parte con madera de arce. La resonancia de esta vibración en el violonchelo “Feuermann” (1730), construido por Antonio Stradivari y cedido a Camile Thomas por la Nippon Music Foundation, la recordaremos con emoción quienes asistimos al concierto Never Give Up (nunca te rindas) escrito por Fazil Say en 2017 y escuchado en el Kursaal de Donostia esta semana. 
Vibraciones parecidas a las de Say debió de notar Picasso pintando el Guernica.

Arce menor      Acer campestre      Astigarra
Otro año más, el otoño nos ha traído misteriosos colores y sonidos 
y mágicas semillas que voladoras

Arce menor      Acer campestre      Astigarra

martes, 28 de octubre de 2025

PICNOMON ACARNA

Picnomon acarna        Azotacristos
Un solo género para una sola planta, controvertida y espinosa
   
Picnomon acarna        Azotacristos

    Ya estamos en la parte fresca del otoño y, revisando fotos, recuerdo las tardes soleadas de finales de agosto. En una de ellas, esperé a que se suavizara el calor para salir a dar un paseo por los cerros de Laiazeta. Desde lo alto veía los chapuzones de la chavalería en la piscina municipal, mientras los adultos se acogían a la sombra del arbolado. Andando entre bojes, coscojas y enebros, terminé bajando a un faitío, que parecía cultivado. Todo el campo estaba cubierto de este tipo de cardo punzante. No es de extrañar que haya quienes le llamen azotacristos, entre otras lindezas.

Picnomon acarna        Azotacristos

    Menos mordaz fue el naturalista griego Teofrasto que en su Historia de las plantas (pág. 103) ya llamó acarna a un cierto tipo de cardo pinchudo (picnomon), quizá más habitual en la región griega de Acarnania. Estos nombres sirvieron al Vizconde de Cassini para zanjar con éxito en 1826 las controversias que durante el S.XVIII se tuvieron  sobre cómo nombrar a esta planta llamativamente espinosa. El detalle del aspecto enmarañado de las brácteas, que rodean a las flores azuladas por terminar en tres agujas, fue determinante para crear este nuevo género con una sola especie para distinguirlo de los cardos. Y ya con los dos nombres, todos contentos hasta el día de hoy.

Picnomon acarna        Azotacristos

    Ver en agosto un campo entero cubierto del azotacristos da idea de lo prolífica y de buen arraigo que es esta planta mediterránea en cuanto la dejan a su aire. Está perfectamente adaptada a situaciones de sequedad extrema, según se observa, incluso, en zonas esteparias y desérticas de Irán. Sin embargo, no rehúsa extenderse por los linderos y los cultivos y beneficiarse de la humedad que corre por las zanjas y el frescor de los cultivos, recibiendo el molesto título de maleza y mereciendo la atención de los creadores de herbicidas. 

Picnomon acarna        Azotacristos

    Estos no paran y, como el glifosato no les parece suficiente, le añaden sulfato de amonio para castigar a los azotacristos. Y ya es casualidad que, también en el mismo Irán, se hayan dado cuenta de que es una planta melífera y que con su polen alimenta a las abejas durante la primavera, junto a otras plantas de floración veraniega. De momento no he tenido noticia de que los ayatolas hayan tenido que sofocar ningún enfrentamiento entre agricultores y apicultores.

Picnomon acarna        Azotacristos

    Afortunadamente, la batalla se ha dado solo en el campo de la investigación. Se ha estudiado que el gorgojo Lixus scolopax se alimenta del azotacristos y puede actuar como un herbicida biológico, regulando la diversidad vegetal. Además, se ha propuesto el uso de compuestos inhibidores del desarrollo vegetal, alelopáticos, como herbicidas naturales, tales como extractos de manzanilla, alcachofa y cáscaras de maní, junto a otros productos. 

Picnomon acarna        Azotacristos

     Así mismo, se han analizado los componentes bioquímicos de los azotacristos y el resultado es que tienen abundantes polifenoles y flavonoides, saludables por su actividad antioxidante celular y por sus efectos antiinflamatorios. Y eso que son punzantes.   

Picnomon acarna        Azotacristos

Está visto que no hay mal que por bien no venga

Picnomon acarna        Azotacristos