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| Alisma lanceolatum |
Una planta acuática, helófita, que luce y se deja ver
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| Alisma lanceolatum |
Mi padre tenía un huerto en el Liscar. La voz de Javier tenía
un tono nostálgico. Había varios huertos, siguió, y uno con pozo; lo cegaron
tras un suceso luctuoso. Bajábamos hacia el humedal clasificado como 2.4.4. en
el Manual de Hábitat de Navarra: Helófitos de tamaña medio, Comunidad de
Sparganium erectum (comunidad de liscas, que dan nombre al lugar). En esa
comunidad de plantas también figuraba, todo en pasado, la alisma o llantén de
agua; urzain-belarra en euskera, la hierba que cuida el agua. Y ahora, ¿qué ha
sido de la variedad de plantas que tuvo el Liscar?
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| Alisma lanceolatum |
La alisma, al menos, queda por los alrededores: por el
refugio de pescadores y por varios puntos en los pueblos del entorno: Yesa,
Rocaforte, Aibar. Es una planta de buen tamaño y hojas grandes y vistosas, pero
con flores delicadas, que se extiende
por Europa y parte de Asia. Por lo visto, lo de nuestro Liscar no es una
excepción, porque algo similar pasa en Polonia para que la consideren allí planta vulnerable. Aun así, no corre el riesgo de extinción,
no: los jardineros paisajistas la suelen plantar en estanques
por los que corre el agua, pero nosotros no contamos con semejante jardinero.
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| Alisma lanceolatum |
Lo de vulnerable tiene su aquél. Esta alisma de hojas
lanceoladas (lanceolatum) debió llegar a Australia,
vete a saber cómo, hace cincuenta años, a la región de Nuevas Gales del Sur.
Allí encontró que los arrozales encharcados eran buenos terrenos para asentarse.
Pero esta ubicación no pareció bien a los arroceros, que se la tienen jurada. Ya, pero las alismas se resisten a los venenos y el empleo de herbicidas no parece que haya dado el resultado deseado. Y aquí entran en juego las armas
biológicas: hacen ensayos con hongos
que se instalan en las hojas y reducen su poder de sobrevivir.
En fin, es la interminable
lucha por la vida.
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| Alisma lanceolatum |
Y la vida es lo que hizo interesarse por las alismas al
médico griego Dioscórides.
En su texto De Materia Medica, de consulta obligada para los galenos hasta el
S. XIX, atribuye a la alisma, el llantén de agua,
capacidad para tratar varias dolencias del vientre, la convulsiones, los males
uterinos, inflamaciones y, además, para los que han comido liebre marina,
han sido mordidos por un sapo o han bebido opio. Con esto, ya habrá algún
malicioso que suponga al eximio Dioscórides redactando su tratado con ayuda de alucinógenos.
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| Alisma lanceolatum |
¡Alto ahí, que cuando el río suena agua lleva! En la
universidad china de la modernísima Tianjin
no se han tomado a broma el saber
tradicional y llevan más de cincuenta años desentrañado los componentes
bioquímicos de las alismas. Sus investigadores han identificado más de cien triterpenoides,
compuestos que suelen tener más de treinta átomos de carbono, representados en
unos esquemas
gráficos bien curiosos, para uno que, como yo, todo esto le suena a chino,
por supuesto. A los usos tradicionales, añaden el tratamiento de cánceres, la reducción
de lípidos, el valor antivírico, antiinflamatorio y antibacteriano. Pues, se
quedó corto el eminente doctor Dioscórides.
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| Alisma lanceolatum |
Llegado a este punto, tengo que suponer que el médico inglés
William Withering
(1741-1799), primero en mencionar la especie, también consultaría alguna
edición de De Materia Medica de Dioscórides. La medicina de la época, basada en
buena parte en la botánica, requería la recolección y el estudio in situ
de las plantas. W. Withering situó a la especie de hojas lanceoladas en la
lista de alismas en un tratado titulado: An arrangement
of British plants, according to the latest improvements of the Linnaean system,
to which is prefixed, an easy introduction to the study of botany, que los
botánicos lo reducen a Arr.
Brit. Pl., siguiendo el ejemplo de Tip
y Coll.
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| Alisma lanceolatum |
Bastante más que un
adorno paisajístico cuando se tocan los hátitats y la salud
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| Alisma lanceolatum |









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