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martes, 23 de marzo de 2021

CHAEROPHYLLUM AUREUM

Chaerophyllum aureum

Una umbela blanca, como llave del baúl de los recuerdos

Chaerophyllum aureum
    Hay flores que te llevan a ver en ellas imagines poco recurrentes, idealizadas, sin duda olvidadas, y recogidas en el estuche de los recuerdos. No he llegado a saber el porqué, pero estos ramilletes de florecillas blancas en forma de sombrilla, me hacen ver encajes y cenefas caladas, de las que no se ven ahora, sino es en comercios con labores de puntillas primorosas; puntillas, quizá, sacadas de las casi novecientas páginas de la Enciclopedia de labores de señora, de Thérèse de Dillmont; señora que mostraba, según los grabados, dedos finísimos, bien distintos de los dedos de las encajeras que en verdad las realizaban. 
    
Chaerophyllum aureum
    Así pues, estas sombrillas de florecillas de pétalos blancos desiguales, me traen el recuerdo de las sombrillas con festones calados de la Belle Époque donostiarra, que aún se exhiben en mascaradas y que, quién sabe, si la necesidad de evitar el sol de verano, las vuelva a poner de moda por el paseo de La Concha. 
    Mientras tanto, me calzaré las botas, subiré a la sierra, llegaré al Paso Ancho, veré floridos estos perifollos al borde de la pista de la Fuenfría y me sentaré mirando hacia el “mar de los Pirineos”, que pronto será océano, por subir de nivel veinte metros, como anunciando de la subida de nivel de los océanos.
    
Chaerophyllum aureum         Graphosoma lineatum

    A este gozo de la vista, se añade el gozo por la fragancia de las hojas, si atiendo al significado del nombre: chaero-phyllum, detalle que me suele pasar desapercibido. No tienen este descuido, ciertamente, los insectos que encuentro sobre ellas libando su polen: los chinches listados de negro y rojo (Graphosoma lineatum) o las moscas-sierra (Macrophya montana), que están a lo suyo cuando me acerco con la cámara. 
 
Chaerophyllum aureum       Macrophya montana   
    No es de extrañar esta afición de los insectos, misteriosamente adelantados a la investigación bioquímica, por surtirse de los variados componentes de estos perifollos. Unos son los lignanos, que evitan la degeneración celular; otros, los compuestos fenólicos, atractivos para esos insectos polinizadores; y unos terceros, los poliacetilenos, ya empleados con éxito en el tratamiento de varias dolencias graves. Una vez más, la ironía de llamar sapiens a la especie que con tanto esfuerzo llega a resultados que insectos insignificantes llegan a disponer por vete a saber qué caminos.

Chaerophyllum aureum
    Estos perifollos, de tan alto interés científico, parecen, sin embargo, estar en recesión, pese a que es una planta que crece aún en amplios territorios del centro y sur de Europa, el Cáucaso y los Urales, según datos constatados por el GBIF.  Se están ensayando, pues, varias formas de conservarla en su ámbito natural, bien sea mediante el estudio de las semillas más preparadas para subsistir en climas extremos o el uso menos intensivo de prados de siega, para favorecer así el desarrollo de los genotipos mejor adaptados. Contradicciones de los sapiens, que diría J.J. Millás.

Chaerophyllum aureum
Un salto de lo irreal a lo palpable, a través del espejo de una florida sombrilla 

Chaerophyllum aureum

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