Las palabras coloreadas amplían informacion mediante un clic. No se permite hacer uso de fotos o texto sin permiso explícito. ©
Mostrando entradas con la etiqueta Cariofiláceas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cariofiláceas. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de febrero de 2025

MINUARTIA ROSTRATA

Minuartia rostrata
    “Ya es tiempo de que la piedra se avenga a florecer”
   
Minuartia rostrata
    En este invierno de temperaturas suaves, nos puede parecer que los acordes de La Consagración de la Primavera han resonado con unos días de adelanto para llamar a florecer. La frase entrecomillada es del poema Corona de Paul Celan, que abre el comentario de Lidia Jorge a la película “Aún estoy aquí”. (El País, 2025-02-23). Si ya es tiempo de que las atrocidades de las tiranías se pongan de manifiesto, es tiempo, un año más, de que las piedras de Las Leras de la sierra de Leyre llamen a asomarse por sus grietas a estas minuartias, que dirán también: aún estamos aquí.

Minuartia rostrata
    No parece que esta planta tenga un nombre popular, así que la llamaré minuartia, el nombre que le puso el botánico sueco Pehr Löfling, discípulo de Linneo. Este botánico anduvo a mediados del S.XVIII por la España ilustrada de Carlos III y recolectó mil cuatrocientas plantas de flora matritense. Löfling fue quien dio nombre a este género de plantas con el apellido del botánico Joan Minuart. Este ilustrado catalán fue boticario militar y tomó parte en la creación del Jardín Botánico de Madrid en 1755, coincidiendo por esos años con el sueco en la capital del reino. Y así, cuando Linneo tuvo noticia de esta planta, la incluyó con ese nombre en el primer tomo de su Species plantarum, reconociendo que “Habitat in Hispania”.


Minuartia rostrata 
    Entre las tres especies que describe Linneo no figura la rostrata. Löfling le pasaría a su maestro información de las tres especies que distinguió en los alrededores de Madrid, pero entre ellas no estaba la rostrata. Esta especie se encuentra en la cordillera Cantábrica oriental y en el Pirineo y poco más en la Península; si bien, es frecuente en los montes del sur de Francia, norte de Italia y Suiza.
    Lo de rostrata parece deberse a que los sépalos tienen forma puntiaguda o de rostro; pues, en este caso, rostro no es la cara, sino el pico, el hocico o la proa de una nave, según algunos de significados que da la RAE.  

Minuartia rostrata 
    El hábitat de esta especie generalmente son las rocas calizas o suelos básicos y raramente crece en suelos ácidos de areniscas silíceas. Pues bien, este es el caso de la sierra de Leyre en su parte este o su cara norte y es en esos espacios donde tomé estas fotos. No sabría decir si L.Reichembach, a quien se atribuye la primera descripción de los caracteres de esta especie, la habría visto por Suiza sobre uno u otro tipo de roca. No menciona este detalle cuando la publica en Icones florae Germanicae et Helveticae (pág.28). Pensaría: a ver, soy botánico, no geólogo.

Minuartia rostrata 
Que por mayo era, por mayo… cuando la vi florida en Leyre 

martes, 19 de septiembre de 2023

CERASTIUM GLOMERATUM

Cerastium glomeratum
Una florecilla de pétalos blancos con forma de orejas de ratón

Cerastium glomeratum
   
    Estas fotos y el texto los puse en este blog en enero de 2015. Pero, los administradores de esta herramienta me los han suprimido en mayo de este este mismo año porque "vulnera nuestra política de malware y virus". 
No me dieron explicación de qué podría vulnerar al cabo de tantos años su "política".
    
Cerastium glomeratum
    Esta primavera bajaré más de una vez por La Chocarrera, dejaré la fuente a mi derecha y recorreré el paseo que rodea el Trujal de Nagore, cuidando de no tropezar con las arrugas que producen en el suelo las raíces de los cipreses del seto que oculta la finca. En este paseo hay dos bancos, uno inservible, una fila de aligustres y un parterre que estará florido con variedad de plantas, y una de ellas será esta especie de cerastium: sagu-biarria, en euskera y oreja de ratón, en castellano.
    
Cerastium glomeratum
    A este género de plantas, ¡pobricas!, el botánico J.J. Dilenius (1684-1747) les inventó el nombre científico latino ¡cerastium!, derivado del griego kérastēs, que en castellano suena francamente mal: ¡cornudo!; aunque se disimule diciéndolo en la lengua de Cicerón. Y es que J.J. se tuvo coger la lupa para ver que las semillas, de menos de un milímetro de tamaño, están erizadas de cuernecillos.
    
Cerastium glomeratum
    Me inclino a pensar que a esta planta le afecta poco el nombre que le hayan encasquetado: es cosmopolita. 
¡Y qué cosmopolita se molesta por semejante menudencia latina!  Primero, la vemos a caballo de un lado y otro del Pirineo, llegando hasta los dos mil metros. Luego, florece por Eurasia: lo mismo le da aparecer por los alrededores de los Alpes, las riberas arenosas de China o las guarderías infantiles de Finlandia. Y qué menos que, a cambio de las patatas o el chocolate, se haya difundido esta preciosidad por todo América, tanto da California o Los Nevados de Chillan.
     
Cerastium glomeratum
    En época de fronteras, tanto cosmopolitismo (crece hasta en Zimbabue), alguna maldad más le tiene que acarrear: en agronomía la consideran una maleza, una mala hierba. Y, aunque se diga que es inútil poner puertas al campo, se ha buscado una manera de ponérselas y bien firmes: los herbicidas. Así es como me entero de que un componente maléfico de los herbicidas es el glifosato (¡de dónde habrán sacado tal palabro!) y que se han estudiado sus efectos destructores sobre las humildes orejas de ratón en los cultivos de Uruguay. Parece que en el Cono Sur les ha resultado un regalo envenenado, a juzgar por el trabajo que les da su extirpación.
    
Cerastium glomeratum
No ha de pasar un mes sin que vea asomar esas orejitas blancas entre las mieses y parterres 

Cerastium glomeratum

lunes, 21 de noviembre de 2022

DIANTHUS ARMERIA

Clavelina     Dianthus armeria
Una clavelina de verano, que pervive en invierno
   
Clavelina     Dianthus armeria
    Las predicciones meteorológicas se han cumplido: la lluvia lleva varios días invitándonos a mirar por la ventana antes de salir de casa; los sembrados verdean; el viento variable nos sitúa en otoño; el fresco, que pareció no llegaría, nos mueve a calentar las casas y, además, la nieve ha blanqueado la sierra. Veo nevada la sierra y me pongo a buscar fotos de una de las clavelinas que atraen mi atención en los paseos de verano: las clavelinas (Di-anthus, flores de Dios), las divinas de pétalos rosáceos, que florecen en la Cañada de los Roncaleses y en los prados soleados de las alturas del Castellar.

Clavelina     Dianthus armeria
     Ahora, cuando en esas alturas, la nieve, la niebla o el viento frío son habituales, estas clavelinas mantienen extendida su roseta de hojas, que se habían desarrollado con los calores del verano y que florecerán en la temporada próxima. Es, pues, una de las plantas cuyo proceso de desarrollo dura dos temporadas, o más. 
    No he encontrado qué sistema emplea para soportar los cambios de temperatura, pero sí imitadores que se creen que, por ir aún con pantalón corto, el verano va a durar todo el año.

    
Clavelina     Dianthus armeria
    Quizá, entre los mecanismos de supervivencia hay que contar con que cada planta puede llegar a producir cuatrocientas semillas de no más de un milímetro de tamaño. Además, estas semillitas estarán inactivas hasta que, al año siguiente, si han caído en sitio seco y no entre hojarasca, germinen al subir la temperatura. Sólo entonces desarrollarán la roseta de hojas invernantes, que florecerá al siguiente. Por si fuera poco, se ha constatado que la inactividad puede llegar a durar cuarenta años. 
    ¡La de semillitas que no habré pisado y diseminado, andando por Leyre!

Clavelina     Dianthus armeria
    Así pues, no es de extrañar que, con semejantes trucos de supervivencia, desde Europa se hayan extendido hacia Norte América; teniendo en cuenta los intercambios de productos, guerras y viajes de personas entre ambos ámbitos. 
    Y desde USA, a su área de influencia en el Pacífico: Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea, la del sur ¡claro!

Clavelina     Dianthus armeria
    Tanto ir hacia el oeste, la rosa de Deptford, que es como se llama esta clavelina en el Reino Unido, escasea en la isla y figura en la lista roja de especies amenazadas de extinción; si bien, el peligro está conjurado, por ahora, en Gales, sin que en todo ello tenga algo que ver el brexit. Tampoco tendríamos que atribuir a mala voluntad de Carlos Linneo que nuestra península no figure en el listado de su presencia en la publicación Species Plantarum (pág 586/7)
    Así mismo, no percibir la fragancia de esta clavelina no se debe atribuir al covid y sus secuelas, no; sino a que esta especie se autofecunda, sin necesitar atraer por el olor a insectos que la fecunden.

Clavelina     Dianthus armeria
El primor de esta clavelina alienta mi interés por verla en tiempos menos inclementes

Clavelina     Dianthus armeria

miércoles, 4 de noviembre de 2020

VIBURNUM LANTANA

Viburnum lantana      Morrionera  - Andura

“Si miramos mucho tiempo, los objetos del mundo nos enamoran… 
Así que la belleza fue primero. En el hecho de mirar ya hay belleza.” 
(A. Gándara, en Dioses contra microbios, citado por R. Montero, en EPS 2301)

Viburnum lantana      Morrionera - Andura

Se ha pasado la temporada y este año he tenido menos ocasiones de andar mirando plantas en flor por los recodos habituales. El dichoso coronavirus me ha limitado las visitas a las orillas del Irati, tan frecuentadas por mí otros años. En años anteriores, bien por la foz, bien por el camino a la Villa Romana, es donde solía ver la evolución de las morrioneras: en primavera, extienden las hojas y abren los corimbos de flores; en verano los ramilletes de frutos se colorean de rojo; en otoño se oscurecen y en los meses fríos sirven de alimento a las aves, difusoras de sus semillas.
¡Ojalá la próxima temporada tenga más momentos para ir observando sin prisa estos cambios!

Viburnum lantana      Morrionera - Andura

Como digo, la orilla del Irati por la foz o el cascajar es uno de los espacios donde he visto morrioneras: es el hábitat 6.1.6 de alisedas submediterráneas. A la sombra de los alisos, estos arbustos despliegan sus flores blancas entre la maraña de clemátides, bojes o majuelos de ramas punzantes, como protegiéndose de la proximidad de mi cámara.  La otra zona donde las he visto es en el camino a la Villa Romana. Esta zona corresponde al hábitat de los espinares prepirenaicos 3.6.3.3, ocupados por carrascales, espireas, aligustres y madreselvas. En estos terrenos laborados a lo largo de tantos siglos, las ramificadas morrioneras quedan como uno de los vestigios de la antigua vegetación de este espacio abierto, con anuncio de desaparición.

Viburnum lantana      Morrionera - Andura
Me resulta curioso que en inglés a las morrioneras las llamen wayfaring tree, que suele traducirse como “árbol caminante”. Que los árboles caminen no nos resulta novedoso a los lectores de tebeos. Creía que esta movilidad se debía a la calenturienta imaginación de los guionistas, pero veo que la calentura estaba en habla habitual inglesa, que lo daba a entender con este nombre. Supongo que es más una advertencia para los caminantes de las islas y del continente, que los pueden ver florecer, pero no deben catar sus atractivas bayas rojas, venenosas y fatales más que las manzanas del paraíso. 

Viburnum lantana      Morrionera - Andura

Y una vez más, según la sabiduría popular, planta que no es comestible, tiene que ser de algún modo saludable…, pero, ¿no es venenosa? Tal es la cantidad de compuestos químicos reconocidos entre sus componentes que raro sería que alguno de ellos no sirviera para tratar la diarrea, afecciones respiratorias o alteraciones en la piel, como nos indican en más de una página de jardinería. Otros hablaban de las cualidades diuréticas y febrífugas de la viburnina, sin olvidar su capacidad purgante y sedante. Hay quien recuerda que puede tonificar el corazón, aunque según advierten los farmacéuticos mejor informados, de tan altamente tonificado como se siente el corazón, pasa a buscar una vida mejor en otra dimensión. 

Viburnum lantana      Morrionera - Andura

Uno creía que sólo los animales hacían de cobayas experimentales, pero ahora me desayuno con que a las morrioneras han sido tomada como plantas-cobaya en investigaciones sobre la presencia del ozono ambiental, que por su carácter reactivo daña las vías respiratorias. Veo que hay multitud de publicaciones en las que se dan los resultados de experimentos a los que han sido sometidas las morrioneras para conocer las alteraciones que sufren por la presencia del ozono atmosférico. Se han estudiado tanto las alteraciones visibles en las hojas como los cambios en la estructura genética, siendo unas cobayas muy válidas para detectar una atmósfera con exceso de ozono, resultado de las variadas formas de quemar hidrocarburos. 

Viburnum lantana      Morrionera - Andura

Con un clavo se saca con otro 
y con una espléndida planta venenosa se detecta un elemento ambiental nocivo
    
Viburnum lantana      Morrionera - Andura

miércoles, 8 de abril de 2020

SILENE MUSCIPULA


De la orla de los sembrados al olvido de los archivos
 
Silene muscipula     Mosquera
Silene muscipula     Mosquera





Me suele ocurrir que a veces me pregunto qué habrá sido de tal o cual persona a la que traté a menudo. Pasan los años, pierdes el contacto con ella y su voz, su cara o sus gestos se desdibujan en el baúl de los recuerdos, que se abre, ¡oh sorpresa!, con un wasap: la sensación de su presencia cobra vida.
En el baúl de las fotos del ordenata llevaba años olvidada esta planta, cuando, expurgando estos días los archivos, me sorprendió ver su forma y su delicado colorido rosáceo. Eran fotos de hace nueve años, nada menos. 










Silene muscipula     Mosquera



Por fortuna, desde el año anterior, ya detallaba el recorrido y los pormenores de la excursión con la ayuda del GPS. De esta manera he podido recordar que se encontraba, como también dos años antes, dentro del linde de un sembrado vallado junto, al derruido corral de Alzueta, subiendo por el Camino de la Piedra. Y sólo en ese punto. 
Desde entonces, no he tenido noticias de ella; no la he vuelto a fotografiar. La primera vez fue a finales de mayo y la segunda, a primero de junio. 
Luego, nada.




Silene muscipula     Mosquera







¡Ojalá los herbicidas no hayan acabado con ella! En Bélgica, por ejemplo, no la ven desde 1933, fecha en que fue avistada por última vez en las proximidades de Lieja. No es de extrañar que la recuerden como un alien. Así es que la tengo que tener en cuenta para hacerle una visita, si me es posible este junio. ¿O no? Y si bien, no es una planta que tenga una amplia difusión terrícola, está bien extendida por el occidente de la vertiente mediterránea, sin necesitar protección especial.  







Silene muscipula     Mosquera



Tampoco necesitaba protección el personaje mitológico que le da nombre, Sileno: se arreglaba perfectamente, siendo ejemplo del buen vivir, con escándalo de chupacirios. Que la mosquera comparta el nombre, silene, se puede deber a la similitud de la forma ventruda de su cáliz con el barrigudo aspecto del bonachón Sileno. Quede claro que el parecido no va más allá. El suave colorido y el primor de los pétalos de la mosquera están en las antípodas estéticas del aspecto grotesco y escandaloso del sátiro.




Silene muscipula     Mosquera




Ciertamente tiene se ser una planta discreta, poca amiga de escándalos: no he encontrado que se haya empleado en quehaceres curativos, alimentarios o en los laboratorios de investigación. Sin embargo, hay algo en su nombre específico, mus-cipula, (mos-quera, atrapa-moscas), que puede indicar una función retentiva con el producto pegajoso que da aspecto brillante al cáliz y del que no he llegado a saber su naturaleza. El empleo con esta función en dependencias rurales, al menos de Albacete (pg. 186), era mucho más estético, sin duda, que utilizar pringosos rollos colgantes, como no hace tantos años veíamos en bares o ultramarinos.





Se me cruzan los recuerdos y los olvidos; el color sepia y el rosita

lunes, 17 de junio de 2019

PARONYCHIA KAPELA


Rosetas plateadas para tapizar rocallas de montaña
   
Paronychia kapela       Nevadilla
Paronychia kapela       Nevadilla






- ¡Cuidadito, cuidadito! A ver dónde pones ese pie, que desde esta altura no es saludable volar sin parapente -me digo desde el borde del cresterío de la sierra, mirando el vacío al que me asomo.
- Y no pises las plantitas, que han amanecido brillantes y estaban tranquilas tomando el sol antes de que se les aproximaran tus botazas -me recuerda una vocecita salida de no sé dónde.
- ¡Bien, bien! Pero no me voy de esta arista caliza del Arangoiti sin tomarles unas fotos -insisto-. Ahí voy.





Paronychia kapela       Nevadilla



No me resultó tan arriesgado verlas por otra zona más baja: por encima de la foz del Irati, cerca de donde se posan los buitres. No estaban en el borde mismo, aunque también sobre rocas agrietadas. Por entonces, no tendrían abiertas las flores y sólo advertí que era una planta con rosetas plateadas, que llaman nevadilla, según supe luego. 
Advertir que tan vistoso perifollo oculta y protege a las verdaderas flores que carecen de pétalos, me supuso desojarse y sostener firme la cámara.





Paronychia kapela       Nevadilla




Fue el jardinero jefe del Jardín Botánico de Chelsea Philip Miller (1691-1771) quien fijó el nombre de este género de plantas, por disponer de semejante perifollo de brácteas. Miller, en el momento de buscarle un nombre evocador, no le vio parecido con la plata o la nieve, sino con el aspecto de las uñas (paro-nykia). ¿Quizá esta evocación de las uñas se debiera al estado de los ejemplares que le llegaron del continente?, porque no parece que sea una planta que se diera por las Islas Británicas, visto lo alejadas que están de su actual localización en el continente.








Paronychia kapela       Nevadilla

Además, de por estos alrededores rocosos, las nevadillas se dejan ver con cierta frecuencia por montes pelados y venteados del norte de la Península, como los Pirineos o la Ibérica. Sin olvidar que siguen siendo frecuentes hoy en día en el macizo montañoso de Kapela, que forma parte de los kársticos Alpes Dináricos, en el oeste de Croacia. Por Kapela debió verlas Anton Kerner, quien, además de dar el nombre de esos montes a esta especie de nevadilla de hojas planas y bordes ciliados, propició el posterior desarrollo de la fitosociología, el estudio de la comunidades vegetales.


Paronychia kapela       Nevadilla      Sanguinaria





Los estudios de medicina de Kerner, quizá le harían fijarse en las nevadillas, debido a la variedad de usos medicinales para los que se empleaban y que se refleja en su otro nombre, sin duda menos poético: sanguinarias
Son tantos los componentes bioquímicos detectados que no es de extrañar que las sanguinarias se hayan empleado para muy variados tratamientos: diuréticos, hipotensores, antirreumáticos, anticatarrales, depurativos, cicatrizantes, de las afecciones urinarias y la prevención o tratamiento de la litiasis renal. 






Con tan formidables poderes curativos, ¿no debería llamarse la planta de la salud eterna?
      
Paronychia kapela 

jueves, 10 de enero de 2019

STELLARIA MEDIA

Unas estrellitas con nombre despectivo y mucho aguante 

Stellaria media

Stellaria media


Se apagaron ya las estrellas navideñas y voy al encuentro de otras estrellas, las derramadas por los campos. Las flores de estas plantitas son como estrellitas que se van extendiendo por los sembrados a medida que avanza el invierno. Pero no sólo en los huertos y sementeras, sino que también me las encuentro en nuestro reducido entorno urbano: en el parterre anexo a la farmacia o en el arriate que bordea el trujal junto a la vía del Irati, entre otros muchos rincones.



Stellaria media




Estas prolíficas y radiantes pamplinas, que a unos nos pueden parecen una decoración natural, a los agricultores, en cambio, les resultan un estorbo para sus intereses productivos. Año tras año vemos las rodadas que dejan en los sembrados los tractores que esparcen herbicidas para hacer que las pamplinas no lleguen a fructificar.
- Déjate de pamplinas, pamplinero, ¡que me tienen harto las pamplinas! -me podrá decir Txemari.  



Stellaria media







Y con razón, puesto que un año sí y otro también los sembrados se adornan con las despreciadas pamplinas. Esta llamativa resistencia ha llamado la atención de la industria fitosanitaria que ha tratado de analizar los mecanismos de defensa que presentan. Así es cómo se han enterado de que las pamplinas disponen de péptidos para defenderse de hongos parásitos y que algunos pesticidas les vienen divinamente para su desarrollo. 




Stellaria media

Y esto no es de extrañar, puesto que detallar el cúmulo de principios activos de los que disponen estas plantitas, antraquinonas, triterpenos, alcaloides, taninos o flavonoides entre otros, es tarea para la que no dispone de tiempo uno que va sentado en un tractor o que va de fotos por el campo. Queda, pues, para el trabajo minucioso e impagado de laboratorio. Y mientras tanto, no tiene nada extravagante considerar que alguno de esos múltiples componentes sirva para tratar reumas y eccemas o catarros e infecciones de pecho, al gusto de la medicinal popular

    
Stellaria media


Lo que sí me resulta chocante es que se emplee en algunos lugares, ¿será por hambre?, en ensaladas, cuando entre sus componentes hay saponinas, que como hierba jabonera te dejará bien lavado, digo. Entiendo, sí, que se estudie en EEUU si sirve para disminuir la obesidad de su población. Esto, supongo, lo deben tener ya comprobado en Japón, donde festejan con una típica ensalada con pamplinas, Nanakusa-no-sekku, el 7 de enero. Prefiero, por mi parte, dejar las pamplinas para que las gallinas que andan sueltas las picoteen; a ver si es verdad que ponen mejores huevos.

Unas estrellas se apagan, otras se encienden
 y nuevamente estamos ante un nuevo calendario floral


Stellaria media