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lunes, 17 de junio de 2019

PARONYCHIA KAPELA


Rosetas plateadas para tapizar rocallas de montaña
   
Paronychia kapela       Nevadilla
Paronychia kapela       Nevadilla






- ¡Cuidadito, cuidadito! A ver dónde pones ese pie, que desde esta altura no es saludable volar sin parapente -me digo desde el borde del cresterío de la sierra, mirando el vacío al que me asomo.
- Y no pises las plantitas, que han amanecido brillantes y estaban tranquilas tomando el sol antes de que se les aproximaran tus botazas -me recuerda una vocecita salida de no sé dónde.
- ¡Bien, bien! Pero no me voy de esta arista caliza del Arangoiti sin tomarles unas fotos -insisto-. Ahí voy.





Paronychia kapela       Nevadilla



No me resultó tan arriesgado verlas por otra zona más baja: por encima de la foz del Irati, cerca de donde se posan los buitres. No estaban en el borde mismo, aunque también sobre rocas agrietadas. Por entonces, no tendrían abiertas las flores y sólo advertí que era una planta con rosetas plateadas, que llaman nevadilla, según supe luego. 
Advertir que tan vistoso perifollo oculta y protege a las verdaderas flores que carecen de pétalos, me supuso desojarse y sostener firme la cámara.





Paronychia kapela       Nevadilla




Fue el jardinero jefe del Jardín Botánico de Chelsea Philip Miller (1691-1771) quien fijó el nombre de este género de plantas, por disponer de semejante perifollo de brácteas. Miller, en el momento de buscarle un nombre evocador, no le vio parecido con la plata o la nieve, sino con el aspecto de las uñas (paro-nykia). ¿Quizá esta evocación de las uñas se debiera al estado de los ejemplares que le llegaron del continente?, porque no parece que sea una planta que se diera por las Islas Británicas, visto lo alejadas que están de su actual localización en el continente.








Paronychia kapela       Nevadilla

Además, de por estos alrededores rocosos, las nevadillas se dejan ver con cierta frecuencia por montes pelados y venteados del norte de la Península, como los Pirineos o la Ibérica. Sin olvidar que siguen siendo frecuentes hoy en día en el macizo montañoso de Kapela, que forma parte de los kársticos Alpes Dináricos, en el oeste de Croacia. Por Kapela debió verlas Anton Kerner, quien, además de dar el nombre de esos montes a esta especie de nevadilla de hojas planas y bordes ciliados, propició el posterior desarrollo de la fitosociología, el estudio de la comunidades vegetales.


Paronychia kapela       Nevadilla      Sanguinaria





Los estudios de medicina de Kerner, quizá le harían fijarse en las nevadillas, debido a la variedad de usos medicinales para los que se empleaban y que se refleja en su otro nombre, sin duda menos poético: sanguinarias
Son tantos los componentes bioquímicos detectados que no es de extrañar que las sanguinarias se hayan empleado para muy variados tratamientos: diuréticos, hipotensores, antirreumáticos, anticatarrales, depurativos, cicatrizantes, de las afecciones urinarias y la prevención o tratamiento de la litiasis renal. 






Con tan formidables poderes curativos, ¿no debería llamarse la planta de la salud eterna?
      
Paronychia kapela 

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