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miércoles, 1 de abril de 2020

TEUCRIUM SCORODONIA

   Una planta con nombre de guerrero heroico y aroma de cocina
   
Teucrium scorodonia     Camedrio /  Baso-axario
Teucrium scorodonia     Camedrio /  Baso-axario



Nosotros, los nacidos al final de la década de los cuarenta, creíamos que íbamos a ser la primera generación de este país que no sufriríamos otra guerra civil y no nos veríamos envueltos en la tercera mundial.
- ¡Ingenuos, que sois unos ingenuos! 
¿No os llegan cada día los disparos de otra nueva guerra civil en forma de discursos incendiarios o falsedades vergonzantes? 
¿Y el coronavirus no ha puesto al mundo entero en pie de guerra en un plis plas?
- ¡Es la guerra!, que dirían los Marx. 
Y desde el retiro domiciliario, volvemos a estar todos con y frente a todos, como en la primera gran guerra mítica de occidente, la de Troya.





Teucrium scorodonia     Camedrio /  Baso-axario


Parece ahora que todo el mundo nos hemos encerrado en un nuevo caballo y que, contando con el arquero y médico Teucro secundado por su ejército de científicos y sanitarios, venceremos al troyano covid19. En aquel trance, el mítico Teucro de la Ilíada debió de disponer de una especie de bálsamo de fierabrás para curar heridas, según se contaba. Pasado el tiempo, lo recordó el griego Teofrasto y puso su nombre a nuestro camedrio en su Historia de las plantas (Lib. IX, 9-5). Posteriormente, el romano Plinio también llamó teucrium a plantas vulnerarias en su Historia naturalis (Lib. XXVI). Con estos precedentes, Linneo aplicó tan ilustre nombre a este género de plantas con cálices labiados y pétalos en forma de lengua. 




Teucrium scorodonia     Camedrio /  Baso-axario

Me choca, con todo, que el mítico Teucro empleara estos camedrios en su pócima vulneraria. Al menos ahora no se registra su presencia en Grecia, sino más bien en el Oeste de Europa; no parece ser una planta amiga de la habitual canícula estival mediterránea, que es cuando florece. 
¿Será otro detalle del cambio climático? 
Así que, para verlos esta temporada, ¡que ojalá!, tendré que esperar hasta el verano y andar por la parte alta de la sierra, más fresquita, cuidando de no pisar los que afloren entre areniscas, en los pinares con suelo arenoso o en los calveros herbosos de la cornisa. 




Teucrium scorodonia     Camedrio /  Baso-axario
Además, tendré el aliciente de ir a comprobar si esparcen un cierto olor a ajo (scordo en griego), como parece indicar el nombre específico (scorodonia). Al parecer, los pelitos (tricomas) que cubren tallos y hojas contienen vesículas y tienen variadas funciones y componentes. Entre estos componentes figura la aliina, sustancia que reacciona al cortar o triturar ajos (allium). A resultas de esta tajante operación culinaria, se produce el compuesto que da el olor característico del ajo picado, cuya ingesta Don Quijote desaconsejó a Sancho: “No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería” 


Teucrium scorodonia     Camedrio /  Baso-axario
Los tricomas, que tienen poco que ver con el pelo humano, son de tres tipos y cumplen varias funciones que hace años se están investigando. Además de ser reservorios de sustancias como marrubina, flavonoides o ácidos fenólicos, son productores de aceites esenciales  y contribuyen a su distribución al conjunto de la planta. Este cóctel químico, con nombres y formulaciones complejas (dignas del Guggenheim), viene a ser atractivo para varias delicadas mariposas. 
Y si bien una oscura roya se aprovecha de sus jugos, el camedrio vive en feliz simbiosis con otro hongo, con el que evita verse infectado por algas.




Me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena 
y del mítico Teucro, encerrado y mirando estas flores

Teucrium scorodonia     Camedrio /  Baso-axario

jueves, 19 de marzo de 2020

VIBURNUM TINUS


Un arbusto oloroso para tiempos pestíferos

Viburnum tinus   Duraznillo
   “Digo, pues, que en el año mil trescientos cuarenta y ocho de la fructífera Encarnación del Hijo de Dios llegó una mortífera pestilencia a la egregia ciudad de Florencia...  se había iniciado unos años antes en Oriente. Privó de gran cantidad de vivientes, y sin detenerse en un solo lugar, se extendió hasta Occidente.

Viburnum tinus   Duraznillo
   No resultó contra ella ningún saber ni providencia humana, como la limpieza de la ciudad ordenada por los encargados de ello y la prohibición de entrar en ella los enfermos y los muchos consejos dados para conservar la salubridad, ni valiendo tampoco las humildes súplicas dirigidas a Dios en procesiones o de otras maneras.
     Casi al principio de la primavera del año antes dicho empezó horriblemente y en asombrosa manera a mostrar sus dolorosos efectos.”
Giovanni Boccaccio. El Decamerón: Introducción. 

Calcadito, ¡vamos!
Viburnum tinus   Duraznillo


El remedio fue y es evitar la pestilencia: no pisar la calle, como hicieron los diez personajes del monumental texto, que ahora tendré tiempo, ¡ojalá no suficiente!, de leer a sorbitos. 
Me gustaría, sin embargo, acercarme hoy al seto de duraznillos próximo al Hostal para percibir la fragancia de sus flores, que me haga olvidar la pestilencia de los wasaps, infectos, éstos sí, por el coronavirus de marras. Pero la indicación es tajante: reclusión es igual a salud. 
¡Lástima que los setos de duraznillos no sean una barrera europea para detener al fatídico virus, pese a tener fuertes hojas verdes durante todo el año y flores olorosas en primavera!
    
Viburnum tinus   Duraznillo
Y hablando de dolencias, al duraznillo no le debe de atacar este virus, sino insectos sólo apreciables si se mira con atención. La araña roja, un ácaro que teje una delicada tela para captar proteína; debe estimar que sorber la savia de las hojas es buen complemento alimentario, y así le deja una mancha. Los pulgones, sin embargo, parecen ser sólo vegetarianos porque van a por el envés de las hojas y llegan hasta las flores, que estarán más tiernas y sabrosas. Parecido es el caso del oídio, el hongo de aspecto blanquecino que a veces se ve en hojas de las zonas sombrías, y otros hongos, que también se establecen en el duraznillo para absorber su savia.

Viburnum tinus   Duraznillo


¡Cómon no! El duraznillo ha tenido una larga trayectoria en el tratamiento de diversas dolencias. Las hojas, por ser amargo tónicas, se empleaban para las aliviar las digestiones y, en infusiones muy diluidas, como febrífugas. Los frutos morados resultaban, según unos, un purgante fulminante y, según otros, útiles para cortar las diarreas. La corteza interna servía ¡en veterinaria popular! para aliviar partos dolorosos y ¡en mujeres!, para cortar hemorragias uterinas. 
¡Qué barbaridad! Arreglaban una víscera y de paso se iban al otro barrio.
Viburnum tinus   Duraznillo


Ahora se sabe que todos estos efectos, incluido la producción de sarpullidos y ampollas, se deben a varios de sus componentes: el escopoletol, el viopudial o la viburnina, que han sido analizados por la farmacopea moderna y se han de administrar separadamente y de manera rigurosa por su grave toxicidad. Me extraña pues, o quizá se me ha pasado por alto, que el duraznillo no se empleara como veneno en algún relato de Sherlock Holmes o del inspector Poirot. 
Un uso, al contrario, inocente y decorativo (jardinería aparte) es el de los ebanistas, ¿queda alguno?, que lo emplean en labores de taracea. 


  
Me da que este año no llegaré a disfrutar de esta fragancia sino es por teleolfato

Viburnum tinus   Duraznillo

martes, 3 de marzo de 2020

LITHODORA FRUTICOSA


Una mata reverdecida con numerosas flores de tonos sutiles
    
 Lithodora fruticosa 

Lithodora fruticosa 





Una día fresco y soleado, en el que no te cruzas con nadie durante horas, disfrutas con la fragancia de los almendros floridos, oyes pasar las grullas en formación al mediodía, el verde de los sembrados llega hasta el horizonte y ves cómo van abriéndose las flores silvestres a ras de suelo, un día así es un deleite que aún podemos degustar andando por los cerros de este rincón apacible. ¡Y gratis!









Lithodora fruticosa


Así se presentaba una mañana de finales de febrero por las lomas escarpadas de Laiazeta, en otros tiempos cultivadas y ahora yermas, con las carrasquillas (asprillas en Aragón) ya florecidas. Sus colores, entre fucsias, azules y morados, se dejan ver entre las nuevas hojas verdes y pelosas de estos frútices, pequeñas matas de estas caldeadas laderas. Y, aunque por aquí sea una planta frecuente, su difusión mundial se limita casi exclusivamente a la parte mediterránea de la península.
¡Pues, vaya! No recuerdo que figure entre los atractivos turísticos de las guías de Navarra.


Lithodora fruticosa

Bien es verdad, que el alemán    A.R.Grisebach no necesitó ninguna guía para venir a los Pirineos y publicar la descripción de la carrasquilla en su Espigelicium (espigueo) a mediados del S. XIX.
 ¡Ya son años!
Eso de que sea una planta aromática (litho-odora = piedra olorosa) no lo he percibido esta mañana, pero quizá se deba a que su perfume estaba enmascarado por la sutil fragancia de los narcisos de Asso de los alrededores. Puede ser, también, que las semillas, duras como piedras, tengan que formarse aún para que se note su olor.
Malo sería que, desde que Linneo les atribuyera este nombre hace casi trescientos años, hubieran perdido esta atractiva cualidad.

Lithodora fruticosa

Porque cambiar, lo que se dice cambiar, está claro que no hay más que mirar la diversidad de flores para ver que el cambio está a la orden del día. Estas mismas carrasquillas, unas tienen flores cuyo pistilo sobresale del círculo de los estambres del polen y otras no: lo tienen escondido. 
Este dimorfismo parece ser efecto de una evolución aún no acabada, que tiene como objetivo asegurar una polinización cruzada, efectuada por insectos, y de esta forma evitar la autofecundación. 
Habrá que convenir que lo de hetero tiene sus complicaciones y más cuando se precisa de celestinas.


Lithodora fruticosa


Pues bien, más complicaciones tendrán quienes utilicen esta carrasquilla como planta medicinal diurética, febrífuga o vulneraria. Los profesores Peris, Stübing y Romo advierten: “No recomendamos su utilización, a pesar de su uso etnofarmacológico tan extendido, por su posible toxicidad.” (Plantas medicinales, pg. 235). Suponen que contiene ácido litospérmico y alcaloides pirrolizidínicos;  productos totalmente naturales, ¡claro, como los escorpiones!, pero que mejor será dejarlos donde están y que nos sirvan para disfrute visual durante los paseos o para mantener cubiertas de vegetación las descarnadas espuendas y laderas.



Las creía vulgaridades vegetales y debo considerarlas joyas botánicas
    
Lithodora fruticosa

lunes, 17 de febrero de 2020

ERIGERON ACRIS

Margaritas azules entre los colores pardos del otoño último
    
Erigeron acris

Erigeron acris


A primeros de diciembre, tras las abundantes lluvias de noviembre y las últimas mañanas heladas, nada hacía suponer que íbamos a tener un invierno templado. Los fríos de aquellos días me obligaron a recoger apresuradamente las negrillas que aparecían entre el musgo y las agujas de los pinos del suelo del Castellón. Cuando llevaba la cesta ya bastante colma, reparé en estas margaritas de pétalos azulados, que afloraban entre la hierba del sotobosque. Las pobres no tenían ni el porte ni los colores primorosos de otras margaritas, pero se hacían ver sobre los tonos ocres de las acículas y las piñas en aquellos últimos días del otoño.









Esta especie de margaritas las había visto florecidas en verano, pero ya estábamos cerca del invierno. La sorpresa habría sido menor de haber sabido que son plantas bianuales con yemas invernantes protegidas de los fríos por la hierba, las acículas de los pinos o la hojarasca caída de los robles. De esas yemas brotan los tallos que se ramifican en varios capítulos con brácteas pelosas, generalmente erectas, no por mor del frío, precisamente.  














Los pétalos, lígulas, de estas margaritas son flores tan fértiles como las flores tubulosas amarillas del centro del capítulo. El color de estas lígulas varía del violeta pálido al blanco y su anchura puede estrecharse hasta ser lineares. Los dos tipos de flores, liguladas o tubulosas, dan lugar a las cipselas, semillas con vilano que desparrama el viento, y que aún pude ver algunas adheridas al tallo seco.














El nombre “eri-geron”, de origen griego, parece hacer referencia a temprano-viejo o pronto grisáceo. En castellano, la llaman zarramagar, que más parece vasco (viejo-defectuoso, como traduciría algún filólogo atrevido). En inglés, y para rematar, a estas “Daisy blue” (margaritas azules) las llaman fleabane (la perdición de las pulgas), porque parece ser que según creen los ingleses las “fleabane” ahuyentan las pulgas; no sé si también las malas pulgas del brexit.








Entre tanto, los chinos a lo suyo: explotar cuantos recursos, puedan que luego ya veremos que hacemos con la contaminación y los virus. Así se han encontrado que las explotaciones mineras de manganeso y cadmio han extendido la toxicidad de estos metales por amplias extensiones cultivables. Después del desastre, tratan ahora de restaurar los suelos degradados empleando plantas, entre ellas esta margaritas azules, que absorben estos metales nocivos. Han comprobado que el manganeso es necesario para la fotosíntesis o como catalizador de enzimas vitales y con estas plantas tratan de extraerlo del suelo. ¿Y luego, qué? ¿Y con el cadmio que flota en el aire, qué?







¿Sabrán las abejas que liban esas flores si la miel tendrá ingredientes nada recomendables?

Erigeron acris