AVISO

Las palabras en cursiva son enlaces a páginas que amplían la información y a las que se accede con un click.

martes, 7 de marzo de 2017

CONSOLIDA PUBESCENS

Entre espuelas, rastrojos  y soles de verano, asoman unas florecillas delicadas
     
Consolida pubescens
Consolida pubescens


Esa mañana de finales de agosto eché a andar con una de esas melodías que se pegan y que te las repites una y otra vez, aunque no quieras. Acababa de oír en la radio la melodía del desfile de los montescos del  ballet  Romeo y Julieta  y esas notas angustiosas, imponentes y machaconas  las llevaba bien atornilladas mientras andaba. 
Debió de ser una premonición: me iba a encontrar con unas flores nuevas, las espuelas de caballero. 

Consolida pubescens







Estas espuelas florales, además de ser de caballero, pueden ser espuelas de dama, de doncella, de enamorado, de galán, de  delfín e, incluso, espuelas de las mieses, pero  hoy día sin nombre en euskera. 
El aspecto, sin embargo, es más de espolón (blandito, eso sí) que de espuela estrellada y punzante.  
¡Ah, la arbitrariedad de los nombres¡
Consolida pubescens















Visto que uno de los nombres hace alusión a las mieses, debo admitir que esa alusión tiene sentido, puesto que  florece en los sembrados.  Pero…  no cuando las mieses se desarrollan, sino cuando han sido segadas. Los rastrojos agostados de final del verano suelen ser su hábitat,  por esta zona al menos. 
Puedo suponer que, dada su delicadeza, se ampara en las ásperas pajas de las rastrojeras, tratando de evitar el asalto de los rebaños.

Consolida pubescens










Por otra parte, además, desarrollándose tras la cosecha, se ahorra tener que aguantar los trastornos ocasionados por los herbicidas agrícolas, tan celosos de guardar la cuenta de resultados de los agricultores, de las industrias fitosanitarias y de los compradores de pan, que lo queremos bueno, bonito, barato y calentito.  
Según estudios de la Universidad de Lérida, es una de las pocas especies que se resiste a dejarse influir por los herbicidas.







Consolida pubescens



Es raro, pero no parece que tenga aplicaciones curativas, como las tienen muchas otras plantas. 
No obstante, su nombre botánico, consuelda, parece aludir a la propiedad que se le atribuía para soldar huesos y roturas. Esta extraordinaria facultar, quizá  haya parecido excesiva como para tomarla en consideración en el mundillo farmacéutico. Así pues,  no he llegado a poder consultar estudios sobre sus componentes o sus aplicaciones medicinales. 








Por las rastrojeras del saso, espero ver cada agosto 
estirar su espolón recurvado a las espuelas

Consolida pubescens

martes, 21 de febrero de 2017

CORNUS SANGUINEA

Arbusto colorista, renombrado  y viejo conocido 
                           
Cornus sanguinea
Cornus sanguinea



Ötzi, el gran Ötzi de los Alpes, no podía más;  estaba  cansado, muy cansado... y malherido. Una flecha le había alcanzado por la espalda. Cayó de bruces sobre la nieve, dejó de notar el intenso dolor y un largo y blanco sueño lo envolvió suavemente. Nadie vino a buscarlo, nadie lo tocó y allí quedó tendido con su gorro de oso, el arco de tejo y las flechas de cornejo (cornus). 
Hace unos años, Helmut y Erika Simon lo encontraron; bajaban del  Finialspitze fuera del camino habitual; el gran Ötzi llevaba allí caído más de cinco mil años.



Cornus sanguinea





Por lo visto, pues, el cornejo es un arbusto que tiene madera suficientemente rígida como para que con ella Ötzi hiciera flechas y que resultaba fácil de trabajar con herramientas anteriores a la Edad del Hierro. 
Ha tenido, además, usos menos belicosos: las ramas jóvenes aun flexibles se han usado en la confección de cestos, que al secarse eran consistentes. Quizá ese fue el origen de emplearse como trampas para peces desde la lejana época calcolítica
De otra parte,  las ramas más gruesas y endurecidas  se han torneado y han servido de mangos de herramientas diversas.  



Cornus sanguinea




Así mismo, por lo intrincado de su ramaje, se ha empleado para cercados con los que limitar prados y campos de cultivo. De este modo, su pervivencia se ha mantenido y su presencia está ampliamente generalizada ahora. 
Tal difusión se refleja en la variedad de denominaciones. En el reducido territorio actual de habla vasca se han recogido hasta 26 vocablos, entre ellos: barbandola,  zibilindur o zuandurra . En castellano, cornejo es el nombre más usual, entre incontables denominaciones locales,  derivada del latino, cornus, que da nombre a esta familia y a este  género de plantas.




Cornus sanguinea


El carácter venenoso de las bayas negras del cornejo, que sin embargo ingieren variedad de aves, no ha desanimado su uso en medicina popular. La presencia de aucibina no las hace comestibles, pero suele usarse de forma tópica como cicatrizante y antiinflamatorio.  Se cita también el uso antipirético para bajar la fiebre, pero se advierte que se puede salir volando como los pájaros, por los efectos vomitivos. 
Más de fiar son las investigaciones que analizan sus componentes, como son las antocianinas, cuyo valor antioxidante en procesos bioquímicos, las hacen interesantes para algunos tratamientos.


Cornus sanguinea



Otros estudios han comprobado que el color rojizo (sanguinea) de las ramas en otoño se debe a la aparición de una doble capa de células que les dan ese color peculiar y que les hace de interés en jardinería. Se cree que puede tener función de protección tras la caída de las hojas
Ese detalle colorista no tiene su congénere Cornus mas, que con un color anodino, sin embargo,  ha entrado en la mitología griega (con su madera se construyó el caballo de Troya) y romana (la jabalina que lanzó Rómulo para fijar el emplazamiento de Roma era de esa madera) ¡Toma ya!






Por los ribazos frescos y las escorrentías, recordamos historias, historietas  y mitologías
     
Cornus sanguinea

martes, 7 de febrero de 2017

CREPIS SANCTA

Santas y discretas, en la efervescente vida de primavera
Crepis sancta
Crepis sancta


Sospecho que hay flores de segunda y hasta de tercera. Así es que vemos flores silvestres deslumbrantes por su forma, color o fragancia y otras que pasan desapercibidas; figuran como un elemento más del paisaje habitual de todas las primaveras y no reciben una atención admirativa. Y esto es en el mejor de los casos, porque si oyeran, tendrían que oír comentarios como:
̶ ¡Bah! esas son de las meonas ̶  como suele decirse en general de las plantas con cabezuelas amarillas. Entre esas amarillas ¡claro!, estas crepis que cubren los ribazos, sotos, olivares y eras del pueblo.
̶̶  ¿Sordas? Para lo que hay que oír…
Crepis sancta






Cierto es que se parece al diente de león, pero son pelosas y si se corta el tallo, parece que no echa tanta savia blanca. Además, de lejos hacen el efecto de una alfombra de color amarillo, sobre el fondo verde de las hojas que cubren el suelo. Esta abundancia me confundió porque tenía leído que su presencia era solo puntual en Navarra. Desconozco cuándo ha ocurrido la profusa difusión de estas crepis, que también las he visto abundantes por terrenos similares de Cáseda, en la margen izquierda del Aragón.



Crepis sancta


Esta especie parece ser originaria de las proximidades del Asia Menor, desde donde se difundió por la cuenca mediterránea. Ya a comienzos del S.XIX se localizaba en Avignon (Francia) en 1818 y paulativamente se expandió hacia el sur y hacia el norte, siendo hoy en día abundante en todo el paísEn Bélgica se localizó a final de los cuarenta del S.XX y se la consideró planta invasora, lo mismo que en el entorno del lago de Banyoles de Girona. 
El seguimiento de su expansión fue posible por las sucesivas localizacio-nes en territorio francés a lo largo del S.XIX.
Crepis sancta


Quizá esta expansión sea favorecida por el hecho de que las flores agrupadas en la inflorescencia produzcan dos tipos cipselas. Las cipselas, estas semillas formadas por aquenio y vilano, que llevadas por el viento o el soplo de los melancólicos, se alejan de la base de la planta. 
Tener cipselas es común con otras plantas de flores compuestas, como los cardos o el té de roca. Lo que diferencia esta especie, también de otras crepis, es que tienen dos tipos de cipselas: las interiores tienen aquenios marrones alargados y las exteriores son claras y tienen alas extendidas a lo largo del aquenio.
Además, tienen largos pelos en la base de la inflorescencia.

Crepis sancta



Estas santas crepis no serán especialmente vistosas, pero han atraído la atención de variados insectos, algunos tan útiles como las abejas productoras de miel.
Y además de los insectos,  se han fijado en ellas los investigadores, quienes han estudiado en ellas temas tan variopintos como el efecto Alle sobre su supervivencia en entornos urbanos, las variaciones genéticas a través del estudio de los microsatélites polimórficos, la depresión endogámica en virtud de la competencia intraespecífica o que han cuestionado la Ley Baker, ¡nada menos!
¡Y claro! No podía faltar en este sarao la industria de pesticidas, para eliminarlas con amitrol del suelo de los olivares.


  
Sorprendente y maravillosa complejidad, hasta en las plantas más anodinas
   
Crepis sancta

viernes, 20 de enero de 2017

SCILLA VERNA

Desatendidos encantos de primavera a la vista de montañeros despreocupados
     
Scilla verna
Scilla verna
 La palabra escila, de origen griego, me resulta de una sonoridad delicada, acorde con la gracia de las flores que tienen este nombre. Pero esto, poco tiene que ver con el aspecto monstruoso de la ninfa Escila que amenazaba con devorar a la tripulación de Ulises en su Odisea. Por otra parte, aunque en griego suena como esquila, tampoco me tiene por qué recordar una bucólica estampa pastoril. Al parecer, con esta misma palabra los griegos se referían a varias especies de plantas bulbosas, dato que llevó a Carl Linneo a aplicarlo a este género concreto de ellas. El lema de este insigne naturalista era: “Si ignoras el nombre de las cosas, olvidas también lo que de ellas sabes”, por lo que unos de los aspectos de su gran labor clasificatoria fue dar con nombres para designar cada género de seres cuyas características diferenciaba.
       
Scilla verna



Estos días veo nevada la sierra y hoy la cumbre del Arangoiti está cubierta por la niebla. Pero, sin duda, bajo la nieve se guardan las pequeñas cebollas de las escilas, que otros años he visto florecer por primavera. 
No es una planta que aparezca por las espuendas o los faitíos del pueblo, no. Si las quiero contemplar tendré que subir desde Leyre, allá por abril, cuando la temperatura sea agradable. Ir a verlas me resultará un estímulo más para animarme a dar un paseo mañanero por la Cañada de los Roncaleses hacia El Rallar.

Scilla verna







A las cebollas de las que brotan las escilas no les han debido de encontrar interés culinario por ahora; así que no las he visto mencionadas en recetarios caseros o novedosos. Tampoco he visto que hayan sido parte de tratamientos medicinales populares, como lo han sido otro tipo de cebollas. Al carecer de estos antecedentes, sus elementos vegetativos tampoco han sido objeto de investigaciones para determinar sus componentes químicos, hasta lo que he podido ver, y sin las consecuentes aplicaciones farmacológicas. 



Scilla verna



Así mismo, carecen de fragancia y por esto no son una tentación que lleve a los paseantes a arrancarlas o cortarlas para disfrutar momentáneamente de su aroma. Sin fragancia, la industria perfumera la ha ignorado  y así ha conservado su carácter silvestre, libre de cultivos intensivos. Ciertamente, el azulado de sus pétalos es un atractivo visual, pero no ha llegado a ser de una intensidad suficiente como para ser de interés en la obtención de alguna de las muchas variedades del color azul. Los pintores y la industria de los colorantes han preferido elementos minerales, antes que vegetales, para obtener cualquiera de los matices de este color.
Scilla verna







Gracias a todo ello, las escilas de primavera (verna) son un adorno ampliamente difundido por los cordales montañosos de Navarra. Esta abundancia no ha despertado tanto interés como en el Condado de Down Irlanda del Norte, cuna del padre de las hermanas Brönte, donde figura como la flor del condado. Por aquí, disfrutan de momento de una confortable tranquilidad, solo amenazada por un cierto interés jardinero (que no parece estar excesivamente difundido) o por las botas de los montañeros quienes, con la mirada al frente, no reparan en las escilas que asoman por los caminos.




Entre tanta flor primaveral, 
estas escilas seran una especie más para deleite de montañeros 
    
Scilla verna

jueves, 12 de enero de 2017

ALCEA ROSEA

“A su alrededor surgían de pronto racimos de flores violetas y rojizas, como colores complementarios”
M. Proust. Por la parte de Swan I (79)

Malvarrosa - Alcea rosea
Malvarrosa - Alcea rosea


Y al leer esto recordé  los lirios azules y las malvarrosas que, con variados colores, florecen por las calles de Liédena. 
Durante unos años crecieron varias malvarrosas blancas en lo alto de La Chocarrera; luego aparecieron más abajo, ante el transformador y, antes de que el alguacil de nuevo las eliminara, recogí semillas que puse en el patio de casa. Otras florecieron entre el seto de aligustre plantado tras la Casa Revuelto, frente a la Casa del Barquero, pero con un color llamativamente oscuro, tirando a vinoso. Y por último, cerca de la era alta aparecieron otras de color rosado, haciendo por fin caso a su nombre. 
Malvarrosa - Alcea rosea









De estas últimas, son las que crecen ahora en el patio de casa y que me dice Mari Lourdes que no le gustan nada.
– No sé como no me las quitas de una vez. 
 ¡Si parecen enfermas! 
– Con esas hojas agujeradas, deslucen a las azucenas amarillas de al lado.
Y es que las malvarrosas, como plantas erguidas para decorar jardines, necesitan cuidados preventivos y continuados que no reciben cuando salen a su aire en donde pueden o el jardinero es poco mañoso y descuidado, como es el caso.
Malvarrosa - Alcea rosea







Y tiene razón: en contraste con lo espectacular de las flores, las hojas de la malvarrosa presentan a menudo un aspecto deslucido. Les ocurre que con frecuencia se asienta en ellas la roya, hongo temido por los hortelanos, quienes la han combatido tenazmente no solo con caldo bordelés, sino hasta con lindano ¡nada menos!: pan para hoy y hambre para mañana. Para completar el desastre, las larvas de un pequeño insecto, el apión de la malvarrosa, se nutren de sus hojas, dejándolas con grandes agujeros y aspecto enfermizo. Si a los apiones les gustan las hojas, nosotros podríamos emplear los pétalos para dar color a las ensaladas y ¡todos contentos!

Malvarrosa - Alcea rosea




Muy otro es el aspecto tienen las malvarrosas de la Isla de Re, en el Charante marítmo francés. Ahí sí, las cuidadan con esmero, lucen en las calles protegidas del viento y son el emblema de la isla decorada con roses trémières
Otro mar, el Mediterráneo, llega al barrio marítimo y a la playa de Valencia, la Playa de la Malvarrosa. Este nombre se debe a un jardinero francés, Felix Robillard, quien catalogó la flora , creó allí un vivero de plantas mediterráneas e importó de Cabo Verde un geranio oloroso para desarrollar una industria de aromas y esencias. A este geranio (que no malva), Pelargonum capitatum, le dio también el atractivo nombre de malvarrosa, que se aplicó a la playa donde lo cultivaba y a la que se llegaba en tranvía, según narra Manuel Vicent.
Malvarrosa - Alcea rosea



También se han empleado los pétalos de la malvarrosa, Alcea rosea, para obtener pigmentos con que teñir lanas o papel y un colorante alimentario para intensificar el color del vino, por ejemplo
Los usos medicinales tradicionales son, una vez más, numerosos y variados, en gran parte relacionados con funciones antibacterianas
Además, investigaciones farmacológicas formales han constatado resultados favorables en el tratamiento de cálculos renales
Con todo esto tengo material para poder defender el mantener las alceas en el patio de casa sin hacer caso de menudencias. 




    

Buenas, bonitas y baratas… fuera de esta época de rebajas
     
Malvarrosa - Alcea rosea