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miércoles, 27 de junio de 2018

SCLERANTHUS PERENNIS


Carmín a precio de oro entre las grietas de las areniscas de la sierra
  
Scleranthus perennis

Scleranthus perennis
Pues sí, para ver de cerca las pequeñas flores de los esclerantos he de sudar subiendo a la sierra y doblar el espinazo; o no hay tu tía. Me esperan los esclerantos entre las areniscas del cordal, hacia el Paso del Oso, y parecen dar razón de su nombre (flores esclerotizadas, endurecidas) al aflorar entre grietas de espacios ásperos y despejados. Con suelo en estas condiciones, ahorrar energía y nutrientes debe de ser lo adecuado, por lo que han optado por ser flores sin pétalos coloristas. Protegen lo esencial de la flor, estambres y pistilo, solo con cinco sépalos verdosos, enmarcados por una franja blanca, gracias a la cual me di cuenta que debían de ser flores; si no, de qué.

Scleranthus perennis



Mi alto punto de vista, pese a mi baja estatura, es bien distinto del que deben tener las hormigas que los polinizan. Este entramado de hojas y flores les tiene que parecer una intrincada selva por la que deben deambular para transportar el polen y fecundar los pistilos, en los que se formarán las semillas que almacenarán en su hormiguero. 
Está visto que los sistemas de previsión ya estaban inventados y programados en los genes de estos pequeños insectos, no así en las cigarras, ni aún en las del ahorrador Disney. ¿Será por eso que hasta se ha investigado los procesos de transferencia de polen que llevan a cabo las hormigas?






Scleranthus perennis
Pero,  no son las hormigas los únicos insectos que se aprovechan de los esclerantos. Hay una especie de chinches que desarrollan  su ciclo vital alrededor de los esclerantos: la cochinilla polaca (Porphyrophora polonica). Son las raíces y las hojas bajo tierra las que alojan y sirven de alimento a las cochinillas en sus fases de desarrollo. Extraña que siendo las cochinillas insectos propios de sitios húmedos, aniden en las raíces de los esclerantos, que se desarrollan entre areniscas, que no se caracterizan por su humedad. ¿No será al revés, que sean las mismas cochinillas las que proporcionen humedad a las raíces durante verano? Si no de qué se iban a dejar colonizar gratis et amore.

Scleranthus perennis
Sea lo que fuere, la simbiosis entre los esclerantos y la cochinilla polaca ha tenido, más que interés naturalístico, interés mercantil. La cochinilla polaca fue empleada para obtener el ácido carmínico empleado como colorante rojo para tejidos y pinturas. Durante el S.XVI llegó a tener precios disparatados y el comercio del color carmesí llevó a la difusión de esta planta en amplios campos de cultivo para obtener las dichosas cochinillas, sobre todo en la Polonia y alrededores; de ahí su nombre
El precio se moderó cuando Hernán Cortés difundió la tintura carmesí que empleaban los aztecas y que obtenían de otra cochinilla en simbiosis con los cactus mexicanos.

Scleranthus perennis

Este colorante, el ácido carmínico, es empleado aún en productos alimenticios con la signatura E-120. ¡Hala! para que luego se diga que los colorantes alimentarios no son naturales ni alimenticios, siempre ¡claro está! que a uno no le impresionen los insectos y menos aún las cochinas cochinillas. 
De aquél fervor por el cultivo de los esclerantos nos queda que en la actualidad prácticamente esta especia de planta sólo florece en Europa (en Navarra es una planta rara) y ha quedado bien alejada de su origen oriental, en australasia


Flora, fauna, cría de insectos, colorantes, cultivos y economía, escondidas en las raíces

Scleranthus perennis

martes, 5 de junio de 2018

AJUGA CHAMAEPITYS


Lo habitual es la caprichosa multitud de formas florales

Ajuga chamaepitys
Ajuga chamaepitys




Si hay flores de belleza indiscutida, tengo que reconocer que hay flores que exhiben una curiosa belleza monstruosa. Me ha parecido que el  aspecto de esta ajuga mecería figurar en películas de monstruos divertidos, sin necesidad de las deconstrucciones de Picasso. 
Un caso más en que se aprecia que un único punto de vista resulta reduccionista para percibir la totalidad de la realidad, polifacética y amable.




Ajuga chamaepitys






Se admite que ya Plinio trató de esta planta en su tratado de Historia Natural, cuando escribió sobre la abiga chamaepytis: una planta con aspecto y fragancia de pino rastrero (pitys – chamae) y con uso abortivo (a-juga). Bien es cierto que en asunto de etimologías, las propuestas son variadas y peregrinas, y no sé cómo llegan a unirlas al olor del incienso, una preparación de resinas vegetales. Es seguro que al acercarme a fotografiarla y humedecerme las rodillas en Biezcas no percibí ninguna fragancia que me recordara ceremonias religiosas.



Ajuga chamaepitys


De los romanos pasamos a los alemanes y encontramos que a final del S.XVIII un médico, teólogo e Historiador Natural,  Johann Christian Daniel von Schreber, describió con pelos y señales esta especie de ajuga. La planta que J.P.Tournefort llamaba bugula, en la edición de de 1791 de Genera Plantarum, Schreber la adscribió al género ajuga y se ganó que su apellido se adjuntara al nombre de la planta en las taxonomías botánicas hasta hoy en día.



Ajuga chamaepitys






Esta ajuga era bien conocida en todo el occidente y mediterráneo europeo, donde pervive pese a cambios ambientales. Con todo en algunos puntos periféricos hay señales de alarma por el descenso de ejemplares estimados por Ingleses, Holandeses o checos. Tendrían así un motivo más para visitarnos, siempre que no vengan a llevárselas con eso de que es planta de antiguo uso medicinal.




Ajuga chamaepitys



Pues sí, según que página consulte uno, el pinillo rastrero con su olor a trementina puede aliviar la gota y el reuma (nota de la pág 216 de Antonio Blanco a los Elementos de Historia Natural de Salacroux de 1843). Además, Mi Herbolaria me ofrece dos opciones para servirme de sus virtudes: tomarlo como infusión o como jarabe, mezclado con vino. Si bien es en Alicante donde me dan el listado de más de veinte males que alivia con sus recetas. Con todo, de tener alguno de esos males, la consulta médica me resultará más segura.




Escondidas entre el ramaje, unas bocas abiertas a la secular sabiduría popular 

Ajuga chamaepitys

jueves, 17 de mayo de 2018

SPIRAEA HYPERICIFOLIA


Jardinería silvestre con floridos colgantes blancos 
    
Spiraea hypericifolia
Spiraea hypericifolia

He dado hoy, ya mediada la primavera, una vuelta por Morquillón para disfrutar del bullir de la flora. Y bajando por el cortafuegos hacia el corral de Miguelón, he encontrado floridas y con hojas a las espireas (kapiestras en euskera). 
Mientras tanto al otro lado del mundo, en China, los profesores Liu, Zhang, Su, Liu, Che de la Facultad de Horticultura de la Universidad Agrícola del Nordeste investigaban cómo hacen las jóvenes espireas para resistir el frío invierno  y mostrarnos ramilletes de flores en primavera. 
Trabajo de chinos.


Spiraea hypericifolia
Andando entre los bojes del pinar hacia Las Revueltas, es frecuente ver las ramas resplandecientes de las espireas mojadas por las  gotas de rocío. En el frescor de cualquier mañana, me parece lejana la contaminación del tráfico de la autovía. 
Y mucho más lejanas, sin comparación, me resultan las investigaciones sobre los efectos de la contaminación radioactiva en la estructura de estas preciosas plantas realizadas por Ajdosova y compañía en la Universidad de Kazastán  y publicado a través de la IAEA (Agencia Internacional de Energía Atómica). 
Trabajo de kazajos.

Spiraea hypericifolia
Aprovechando un mañana fresquita he subido a la sierra y en El Carasol me he vuelto a encontrar con más espireas floridas. 
Pero más alto y alejado en el tiempo debería ir para ver cuál ha sido la evolución filogenética desde la época del Mioceno hace trece millones de años de de estas guirnaldas, como lo han hecho Gulzar y otros en la meseta Qinghai-Tibetana. Los cambios orogénicos del Tíbet han alterado la estructura de esta planta, que ahora admiramos por aquí con hojas no sé si similares a los hipéricos (hypericifolia).
Trabajo de tibetanos.

Spiraea hypericifolia
Ver cómo verdean los sembrados de Aspra tiene el aliciente añadido de pasar por viñas baldías, hoy cubiertas con flora diversa y sus ribazos con espireas. Por ahí, además,  no es raro sorprender agachado a algún que otro recolector de trigueros. 
Y bien sorprendido me he quedado yo mismo al enterarme de que en la lejana Universidad Estatal de Altai, en la industrial (y desconocida para mí) ciudad siberiana de Bernaúl han estudiado los flavonoides de los compuestos fenólicos que se contienen en las hojas de esta especie de espireas.
Trabajo de rusos.


Spiraea hypericifolia

Me llama la atención que la distribución mundial de esta especie de espireas se reduzca al extremo oeste europeo y a localizaciones puntuales alrededor del Mar Negro  y que, sin embargo, los estudios publicados se han efectuado en lugares alejados de estas zonas. Así mismo, que en Texas, USA, se alarmen por la previsible naturalización de estas espireas, cuando tienen constancia de la presencia de esta especie antes de que Texas fuera USA. 
Recelos de estadounidenses.



Brillantes plantas jardineras, consideradas y estudiadas a lo largo del mundo

Spiraea hypericifolia

miércoles, 11 de abril de 2018

ALTHAEA CANNABINA

El color malva que anima los sotos en tardes de verano
        
Althaea cannabina
Althaea cannabina




“Nuestro mundo se está desmoronando. La civilización humana ha reducido las plantas –una forma de vida de 400 millones de años- a tres cosas: alimento, medicina y madera. En nuestra implacable y cada vez más intensa obsesión por obtener más volumen, potencia y variedad de esas tres cosas, hemos devastado los sistemas ecológicos hasta un extremo que millones de años de desastres naturales no pudieron alcanzar.” Fin de la cita.



Althaea cannabina






Esta cita es una reflexión en tono pesimista de la animosa Hope Jahren (1969), geoquímica y geobióloga, una de las 100 personas más influyentes del mundo, según la revista Times. Ese párrafo es el segundo del epílogo de su autobiografía, publicada hace dos años titulada “Lab Girl” 
¡Vamos!, traducción de tamaño y contenido similar a la referida en el monólogo del violinista sin violín por Miguel Gila.




Althaea cannabina







Por fortuna, todavía podemos disfrutar por aquí de plantas que ni son alimenticias, ni medicinales, ni madereras, y que de momento solo sirven para nuestro disfrute y para provocar nuestra admiración, como me ocurre con este género de malvas, las alteas. 
Entre la maraña de hierbas de las riveras del Irati o del Aragón, y entrado el verano, espero volver a ver estas malváceas con hojas en forma palmeada, como las del cáñamo (cannabina).





Althaea cannabina





A Hope Jahren la supongo demasiado ocupada en su laboratorio y en sus excavaciones en busca de isótopos estables en los bosques fósiles no petrificados del eoceno, época geológica de hace más de cincuenta millones de años, examinados en la isla Axel Heiberg, dentro del círculo polar ártico. Tendría que venir a esta parte del oeste europeo y tomarse unas vacaciones lejos de las Hawái, para contemplar estas plantas que de momento no entraron en sus investigaciones en esas islas y que elevarían su optimismo, animado con la contemplación de la belleza de nuestras especies vegetales.



Althaea cannabina



Tiene también el recurso de cultivarlas en su residencia actual en Oslo, siempre que recurra a cualquiera de los múltiples jardineros que expenden las semillas a precios bien módicos y atienda a las condiciones de temperatura, humedad y luminosidad que los mismos detallan. Incluso creo que, para próximas temporadas, ella misma podrá conseguir semillas, dada la variedad de insectos polinizadores, abejas, mariposas y moscas, que fecundarán las flores y que no dudo proliferan incluso en esa norteña región europea.



Una gran investigadora botánica, que me ha llevado a soñar con los colores del verano

Picris  y Althaea cannabina

lunes, 2 de abril de 2018

ARABIS ALPINA

Una planta con historia milenaria que prefiere el frío
   
Arabis alpina
Arabis alpina



Será a mediados de abril y siendo los días más templados, cuando suba a la sierra por la cañada de los roncaleses para contemplar el revivir de la flora alpina. Al llegar al portillo de La Cerrada, giraré hacia el oeste para  seguir por el cresterío hacia Castellar y el Rallar. Andando por un desdibujado sendero, tendré ocasión de observar, entre las rocas y un año más, los macizos florecidos de Arabis alpina, una vez pasadas las nieves del invierno.




Arabis alpina








Se da por averiguado que esta especie de arabis ha hecho un largo recorrido hasta asentarse en nuestra sierra. Al parecer es una planta originaria de Anatolia, desde donde emigró a buena parte hemisferio norte. Esta odisea la debió de iniciar hace nada menos que dos millones de años, al comienzo del Pleistoceno
Y sí, se me figura que, tras llevar miles de años y kilómetros en sus genes, ha hecho un alto por aquí cerca, al abrigo de los roquedos de Leyre.




Arabis alpina






La Arabis alpina ha aguantado, pues, períodos glaciares e interglaciares, los cuales no han sido obstáculo para su difusión, siempre que encontrara sitios frescos, si no francamente fríos. En esto ha acompañado a los mamíferos, y sobrevivido, como el género homo, el nuestro, a la última glaciación. De este modo encuentra acomodo también a nivel del mar dentro del Círculo Polar Ártico en el archipiélago de las Svalbard, al noreste de Groenlandia. 
A saber cómo llegó hasta ese aislado lugar del gélido Atlántico Norte.





Arabis alpina





El hecho de encontrarse esta arabis en lugares tan distintos y alejados, ha llevado a investigar su composición genética. A través de los “marcadores nucleares” de los cromosomas, analizados en plantas situadas en los múltiples lugares donde actualmente se desarrolla, se ha rastreado su expansión desde Anatolia hacia Etiopía, Arabia, norte de África, Europa y norte de América. De esta manera el estudio de esta planta ha contribuido al desarrollo de la genética en su aspecto evolutivo. 







Arabis alpina



Además, el hecho de desarrollarse en climas fríos, ha llevado a preguntarse por los mecanismos celulares que permiten que la Arabis alpina sea una planta perenne en ambientes aparentemente adversos a su desarrollo. Esto es meterse en el berenjenal del estudio del epigenoma, que no responde sólo a la curiosidad científica, sino a la necesidad humanitaria por desarrollar plantas alimenticias en climas “inclementes”, teniendo en cuenta el previsible aumento de población mundial.




Otra planta de nuestro entorno que me sorprende por su gracia e interés científico

Arabis alpina

domingo, 18 de marzo de 2018

ANCHUSA AZUREA


Dulzura y aspereza en azul, como la vida misma
    
Anchusa azurea

Anchusa azurea




Ha quedado como recuerdo de la vida del pueblo en épocas pasadas un lugar  con el topónimo El Otro Lado. Liédena no tenía puentes para acceder al “otro lado” del Irati y se cruzaba por vados en tiempo de estiaje y en cualquier época, previo pago, por el pontón o por la barca. Y es justamente en El Otro Lado donde suelo ver esta planta de la familia de las borrajas, con sus pelos punzantes, que me dicen mírame y no me toques; si bien, su distribución se extiende por un amplio entorno mediterráneo.






Anchusa azurea




Esta abundancia de pelos aplicados ofrece, sin embargo, un tacto sedoso, no lacerante, si se acarician las hojas en sentido favorable. Este efecto ha llevado a denominarla, por semejanza,  lengua de buey, lengua de vaca o, como en euskera, lengua de perro (txakur-miia). Pues bien, si despellejada la lengua de vaca es un plato sabroso para los humanos omnívoros, lo mismo sucede con esta anchusa en otras zonas de la península, donde la preparan de diversas formas. Esta época del año es precisamente la oportuna para llevarla a la mesa.


Anchusa azurea




Las corolas azules tienen así mismo una pilosidad blanquecina, entre la que asoman dos estigmas redondos, quedando lo cinco estambres con su polen en el interior. Para que a los insectos les resulte atractiva sortear esta dificultad hasta llegar a su interior, la anchusa se dota de abundante néctar. Y ahí estamos nosotros para estropearle el plan al chuparle el dulzor, pero nos justificamos llamándole chupamieles o melera.


Anchusa azurea





Así es que tienen necesidad de proliferar, porque, además de ser alimenticias y de endulzar a los peques con sus mieles, han de servir como plantas medicinales (emoliente, diurética y sudorífica) y como productoras de colorantes. ¡Pues mira que hay unos que pretenden extraer de la raíz una coloración rojiza para iluminar la cara y otros que dicen extraen de las flores azules un colorante verde!
¡Y es que hay gente pa tó! 


Anchusa azurea



Tanta maravilla, como no podía ser de otro modo, ha atraído la atención de investigadores, quienes han detallado con minuciosidad sus componentes: mucílagos, nitratos, alcaloides y varios compuestos fenólicos, que avalan su valor como cicatrizante y diurética. Otros trabajos confirman sus efectos antiinflamatorios y antiulcerosos debido al ácido rosmarínico, común también en otras plantas. 
Y todo hay que decirlo: sus alcaloides tienen efectos hepatotóxicos y cancerígenos, por lo cual me quedo sin probarla y me limito a mirarla y grabar su admirable aspecto. 



Azureas, o cómo lo valioso no tiene precio, poco aprecio y mucha utilidad

Anchusa azurea

viernes, 2 de marzo de 2018

SCORZONERA ANGUSTIFOLIA


Flora brillante de verano para días de nieve
     
Scorzonera angustifolia
Scorzonera angustifolia


Ahora que lleva más de cinco horas nevando y que todo está entre blanco y gris, me pongo a revisar los colores de las flores de otros momentos del año y me encuentro con estas escorzoneras, brillantes, enhiestas, vistosas, frecuentes al comienzo del verano. 
Esta especie de escorzonera es la que tiene hojas por todo el tallo: lisas y estrechas, angostas (angustifolia). Confieso que aún me divierte soplar sus vilanos de largos pelos plumosos y ver volar las semillas, cuando las flores han fructificado y la borla compacta parece decirme:  ̶ ¡sóplame, porfa!


Scorzonera angustifolia




En plena floración, me las he encontrado por la mañana como entrecerradas y cuando las he visto al mediodía, las mismas escorzoneras tenían extendida la corona de pétalos amarillos y, con frecuencia, eran visitada por algún insecto. Estando entrecerradas hacen el efecto de tener algún tipo de luminosidad que surge del centro del capítulo floral y las fotos me resultan sorprendentes. Pero no, no hay ninguna luz interior; la luz exterior induce este tipo de movimiento (nastia) que hace que cada día los pétalos se repliegan al atardecer y se extiendan al clarear la mañana. 


Scorzonera angustifolia





Hasta hoy la palabra escorzonera me parecía una más de esas palabras raras que los botánicos rescataron de antiguos listados de plantas cuyas atribuciones reales se habían perdido con el paso del tiempo. Sería hora de preguntar si escuerzo o escorzón son palabras moribundas por las que preguntan en cierto programa radiofónico o si directamente ha quedado enterradas en el diccionario de la RAE y que solo sirven para chinchar a ciertos concursantes televisivos. Por aquí, desde luego, nadie llama escuerzos a los sapos, animalitos tan útiles como repulsivos, y que, a su vista, hay quienes no dejan de echarme sapos y culebras si se los enseño.

Scorzonera angustifolia






Con este sentido etimológico, hierba del sapo, la trató Sebastián de Covarrubias en su monumental diccionario  Tesoro de la lengua castellana o española, impreso en 1611.  Al llegar al término escorzonera nos ilustra: “Díjose escorzonera porquanto remedia el veneno de sapo poçoñoso y, todos los demas venenos, y entre ellos el de la bivora, de la cual los Latinos le dieron el nombre escuerzo, y sapo, y todo es una cosa, como se vera abaxo”. Luego se extiende en explicar que “esta nueva planta se hallò primero en España en Cataluña, por un esclavo berberisco” y en cómo por su medio se supo de sus virtudes contra los venenos.



Scorzonera angustifolia



Este valor medicinal se recoge así mismo en la literatura de la época y la encuentro citada, junto a otros remedios, en el relato picaresco Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, impreso en 1599.  “Como si ordenasen los  médicos  a  un  enfermo  que  comiese  flor  de  azahar,  nueces  verdes,  cáscaras  de  naranjas, cohollos de cidros, raíces de escorzonera”. Debía de ser difícil de tomar y, para el tránsito, se daba confitada según sigue platicando el fraile.
Si bien ahora, este tipo fantasioso de medicina solo la practican charlatanes, queda el uso alimentario de los brotes tiernos en ensaladas y aperitivos, que perdura algunos pueblos de Almería.
¡Vamos!, que a nada que algún chef televisivo se entere, tendremos escorzoneras en el espacio gourmet del super. 




Un paseo floral y literario, y con sapos y culebras, para un día sorprendentemente blanco

Scorzonera angustifolia