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jueves, 7 de marzo de 2019

ANAGALLIS FOEMINA

Una fémina rocosa, que el feminismo no es flor de un día
    
Anagallis foemina
Anagallis foemina

“Había en el escaparate unos grandes jarrones llenos de ramas de magnolias, de cactos y unos búcaros labrados donde estaban las orquídeas metidas en agua. ¿Era aquello un consuelo? No, nada de eso; la dulce belleza de aquellas flores no le causaba ningún consuelo. La Grusinskaia tenía frío en las manos…”                  Vicki Baum, 
Gran Hotel (pág. 112).            
La Grusinskaia, diva de la danza, esa noche no habría recurrido al veronal, de haber salido por la tarde a deleitarse viendo estas florecillas de color azul intenso por los alrededores del Berlín de entre guerras, digo.


Anagallis foemina


La gran diva, desgraciadamente, tampoco llegaría a cumplir su deseo de ir a Londres con su amante. Vicki Baum le frustró esa ardorosa escapada que le habría permitido admirar felizmente acompañada el Jardín de los Boticarios. Este jardín situado en el lujoso barrio londinense de Chelsea fue cuidado y desarrollado durante casi cincuenta años por Philip Miller (1691-1771), quien dio a esta planta el nombre botánico con el que hoy se la conoce: Anagallis foemina. Está bien recordarlo y recordar a una perspicaz escritora en el Día Internacional de la Mujer.


Anagallis foemina


Philip Miller utilizó el nombre que, siglos antes, Dioscórides daba a una planta empleada para ahuyentar la tristeza. Anagallis venía ser en lengua griega como la planta de los nuevos deleites, la que se empleaba para animar y estimular. ¡Qué bien le habría venido esa noche a la diva Grusinskaia! 
Pero, no sé… si la transmisión es fidedigna, después de tantos siglos y transcriptores. Son muy a tener en cuenta los reparos puestos a su empleo medicinal por Peris & alt. en su tratado de Plantas Medicinales (pág. 500), conocida la toxicidad de sus principios activos.


Anagallis foemina




Entre los principios activos conocidos están un anagallósido, que daña al riñón y las saponinas de las semillas, que ni los pájaros las tocan por temor a un lavado intestinal nada agradable. Las raíces se protegen con otra saponina, la ciclamina, que deja pocas ganas de usarla como condimento en ensaladas. Las cederé, pues, a los jabalíes y demás puercos, a quienes los ciclámenes les saben a pan, Wikipedia dixit.

- Pero, vamos a ver, ¿no estamos en Navarra? ¿y quién dijo miedo?, si se usa hasta en Uzbekistan.



Anagallis foemina





También en Navarra hay constancia de su uso popular como remedio para las heridas con bajas concentraciones de los principios activos, reconociendo ahora su valor antibacteriano y antiinflamatorio por su acción antioxidante. La farmacopea actual ha encontrado estas propiedades útiles para el tratamiento de dolencias de la piel, como la candidiasis. 
Los más osados, ¡pobricos!, llegaban a emplear las anagallis para el tratamiento de heridas internas. Y justamente, la toxicidad de las anagallis ha llevado a investigar sus efectos sobre el desarrollo de carcinomas para tratar de limitarlos.



Una deliciosa escritora, una flor delicada en terrenos ásperos y una fecha para celebrar

Anagallis foemina

jueves, 27 de noviembre de 2014

ANAGALLIS ARVENSIS

“No sólo el título, sino toda la novela quedó así porque dejé que todo surgiera al azar”. 
Antonio Muñoz Molina
Anagallis arvensis
Anagallis arvensis

- ¡Ah! Ese es precisamente el misterio.
- Pero, ¿qué es una pimpinela escarlata, Sir Percy?
- No es más que una humilde flor de los campos y… bastante común, por cierto.

Tras el nombre de Pimpinela Escarlata se ocultaba Sir Percy Blakeney, misterioso héroe que conspiraba para sustraer de la guillotina a burgueses inocentes durante el Período del Terror de la Revolución Francesa. Su sello rojo tiene la forma de una anagallis (en griego, la que hace reír), pero que desquiciaba a los revolucionarios con sus variadas estratagemas.
Anagallis arvensis
     Este personaje, que llevaba una doble vida y que tras una apariencia banal ocultaba al héroe, auxilio de oprimidos, fue creado por la escritora húngara Emma Orczy en la novela de ese título publicada en 1905. Luego, la saga de este tipo de personajes ha sido larga y diversa: en novela, El Zorro (1919); en seriales radiofónicos: El Llanero Solitario (1933); en comic: Superman (1938) y Batman (1939). Incluso, a Nelson Mandela le apodaron La Pimpinela Negra.
Anagallis arvensis




La Anagallis arvensis, como La Pimpinella Escarlata, tiene ¡claro! una doble apariencia: durante las horas de luz luce su atractivo esplendor y al atardecer se cierra. También se recoge en tiempo lluvioso o nublado. Su coloración también es doble: el color rojo, que es el típico, y el azul, que sin embargo es el más frecuente por aquí. Pimpinelas de flores rojas las hay en la parte baja de La Val y lucen su color intenso en verano.




Anagallis arvensis


Entre los varios nombres que tiene en euskera, hay uno que me evoca pomadas de la infancia: pasmo-belarra. Aún recuerdo que la abuela María me ponía emplastos de pasmo-belarra cuando me salían granos infecciosos en las piernas. Entonces, quién iba al médico por una menudencia como esa. La pasmo-belarra era mano de santo; ¡hala, a jugar a la calle!



Anagallis arvensis




Y es que la pasmo-belarra es planta muy medicinal y por eso mismo cuenta con contraindicaciones; otra vez la cara oculta. Sus componentes, glucósidos y saponinas entre otros muchos, tienen efectos adversos para los glóbulos rojos o son irritantes para la piel o las mucosas. La saponina extraída de las raíces se han utilizado como tóxico para la pesca en las aguas tranquilas de los ríos. 
¡Qué recursos en tiempos de necesidad acuciante!






De un sir de novela a las necesidades reales, a través de un sello con forma de pimpinela.
    
Anagallis arvensis