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jueves, 14 de mayo de 2026

MALVA NEGLECTA

 
Malva neglecta
La larga historia medicinal de unas malvas negligentes 

Malva neglecta

    Me encuentro en mayo con jardines naturales en las calles el pueblo que dan a las antiguas eras o llevan a los cultivos. Los veo tan naturales y requetevistos que ni me detengo a mirarlos. Pero, el domingo fui al pueblo de al lado, Rocaforte, y en lo más alto, donde acaba la calle cementada, había uno de estos jardines que me hizo detenerme. El color llamativo de unas pequeñas malvas me llevó a ver qué otras plantas componían el cuadro multicolor: cardos, geranios, cizañas, matricarias, amapolas o malvas silvestres, que recuerde. Todas juntas y revueltas en cinco metros.

Malva neglecta
    Así que me entretuve tomando fotos a estas llamativas malvas rastreras, o como indica su nombre genérico, negligentes, en el sentido de pasadas por alto, supongo. Carl Linneo, en la descripción de las malvas de su tratado Species plantarum no las menciona y pasaron setenta años hasta que Karl Wallroth describió esta especie en la publicación de la Sociedad Botánica de Ratisbona (Syll. Pl. Nov. 1: 140–142), pero sin revelar dónde la localizó, hecho habitual en él según F.T. Kützing
  
Malva neglecta
       En este caso no habría sido de extrañar, si es  que quisiera quedar bien, porque así describe Wallroth la localización: “Hábitat: En las zonas desiertas de los suburbios, cerca de calles sucias, muros y vallas para trepar, en estercoleros y ruinas, abundan junto a la Lippia, el Chenopodium y el Polygonum. Florecen desde junio y durante todo el verano”. 
No, por aquí en mayo ya están florecidas y no en estercoleros, sino en calles aseadas y floreadas en Rocaforte o por caminos bucólicos, como el de la fuente de los lirios en Liédena. 
No, definitivamente, cualquier tiempo pasado no fue mejor en pulcritud.

Malva neglecta
    Quizá, habiera también otra motivación para ese silencio: Wallroth era doctor en medicina en ejercicio y las malvas eran remedios curativos, que se sepa, desde que Plinio el Viejo en su Historia Naturalis (20, LXXXIV) les atribuyera múltiples y curiosas virtudes, incluso ser repelente de insectos. Así que bien puedo suponer que Wallroth no difundiera la localización para poder disponer de esta especie de malvas que emplearía en tratamiento de variadas enfermedades, como era de esperar de su prestigio. Vamos, que actuaba como cualquier robasetas sigiloso de hoy en día.

Malva neglecta
    El empleo medicinal de las malvas, y de las neglecta en particular, está confirmado en múltiples estudios de usos populares. En Flora Ibérica, se indica que es planta medicinal (antiinflamatoria) y comestible (sopas y ensaladas). Los dolores menstruales o de estómago, el asma, las úlceras, los resfriados, el estreñimiento, las inflamaciones, la infertilidad, hemorroides han sido tratados con estas plantas en países como Armenia, Azerbaijan o Georgia, además de las referencias de Bangladés, India o Egipto, según publicaciones en el American Journal of Biomedical Science & Research, entre otros. Es decir que las empresas farmacéuticas se fijan en la medicina popular de estos países, analizan los componentes bioquímicos, validan la eficacia curativa y son nuestras medicinas. Lo toman gratis y se lo devuelven a precio.

Malva neglecta
    ¿Y qué componentes bioquímicos se han encontrado en las malvas neglectas? El laborioso y minucioso trabajo de laboratorio es tal que, con solo el deletreo de los nombres de los compuestos, tengo suficiente para explicarme una parte del precio de los medicamentos. Y como ejemplo, una investigación pakistaní: la enfermedad de Alzheimer y el deterior de la memoria subsiguiente, cuyas múltiples causas siguen a debate. Pues, en Pakistán han comprobado que el extracto metanólico de la Malva neglecta tiene un efecto inhibidor sobre la acetilcolinesterasa en las sinapsis de las células nerviosas con la consecuente mejora de los síntomas. ¡Ahí queda eso!

Malva neglecta
¡Vaya!, que cualquier día uno mismo pisa el cumaroilhexósido de estas malvas y no se entera... ¡Qué negligencia!

Malva neglecta

miércoles, 11 de abril de 2018

ALTHAEA CANNABINA

El color malva que anima los sotos en tardes de verano
        
Althaea cannabina
Althaea cannabina




“Nuestro mundo se está desmoronando. La civilización humana ha reducido las plantas –una forma de vida de 400 millones de años- a tres cosas: alimento, medicina y madera. En nuestra implacable y cada vez más intensa obsesión por obtener más volumen, potencia y variedad de esas tres cosas, hemos devastado los sistemas ecológicos hasta un extremo que millones de años de desastres naturales no pudieron alcanzar.” Fin de la cita.



Althaea cannabina






Esta cita es una reflexión en tono pesimista de la animosa Hope Jahren (1969), geoquímica y geobióloga, una de las 100 personas más influyentes del mundo, según la revista Times. Ese párrafo es el segundo del epílogo de su autobiografía, publicada hace dos años titulada “Lab Girl” 
¡Vamos!, traducción de tamaño y contenido similar a la referida en el monólogo del violinista sin violín por Miguel Gila.




Althaea cannabina







Por fortuna, todavía podemos disfrutar por aquí de plantas que ni son alimenticias, ni medicinales, ni madereras, y que de momento solo sirven para nuestro disfrute y para provocar nuestra admiración, como me ocurre con este género de malvas, las alteas. 
Entre la maraña de hierbas de las riveras del Irati o del Aragón, y entrado el verano, espero volver a ver estas malváceas con hojas en forma palmeada, como las del cáñamo (cannabina).





Althaea cannabina





A Hope Jahren la supongo demasiado ocupada en su laboratorio y en sus excavaciones en busca de isótopos estables en los bosques fósiles no petrificados del eoceno, época geológica de hace más de cincuenta millones de años, examinados en la isla Axel Heiberg, dentro del círculo polar ártico. Tendría que venir a esta parte del oeste europeo y tomarse unas vacaciones lejos de las Hawái, para contemplar estas plantas que de momento no entraron en sus investigaciones en esas islas y que elevarían su optimismo, animado con la contemplación de la belleza de nuestras especies vegetales.



Althaea cannabina



Tiene también el recurso de cultivarlas en su residencia actual en Oslo, siempre que recurra a cualquiera de los múltiples jardineros que expenden las semillas a precios bien módicos y atienda a las condiciones de temperatura, humedad y luminosidad que los mismos detallan. Incluso creo que, para próximas temporadas, ella misma podrá conseguir semillas, dada la variedad de insectos polinizadores, abejas, mariposas y moscas, que fecundarán las flores y que no dudo proliferan incluso en esa norteña región europea.



Una gran investigadora botánica, que me ha llevado a soñar con los colores del verano

Picris  y Althaea cannabina

jueves, 12 de enero de 2017

ALCEA ROSEA

“A su alrededor surgían de pronto racimos de flores violetas y rojizas, como colores complementarios”
M. Proust. Por la parte de Swan I (79)

Malvarrosa - Alcea rosea
Malvarrosa - Alcea rosea


Y al leer esto recordé  los lirios azules y las malvarrosas que, con variados colores, florecen por las calles de Liédena. 
Durante unos años crecieron varias malvarrosas blancas en lo alto de La Chocarrera; luego aparecieron más abajo, ante el transformador y, antes de que el alguacil de nuevo las eliminara, recogí semillas que puse en el patio de casa. Otras florecieron entre el seto de aligustre plantado tras la Casa Revuelto, frente a la Casa del Barquero, pero con un color llamativamente oscuro, tirando a vinoso. Y por último, cerca de la era alta aparecieron otras de color rosado, haciendo por fin caso a su nombre. 
Malvarrosa - Alcea rosea









De estas últimas, son las que crecen ahora en el patio de casa y que me dice Mari Lourdes que no le gustan nada.
– No sé como no me las quitas de una vez. 
 ¡Si parecen enfermas! 
– Con esas hojas agujeradas, deslucen a las azucenas amarillas de al lado.
Y es que las malvarrosas, como plantas erguidas para decorar jardines, necesitan cuidados preventivos y continuados que no reciben cuando salen a su aire en donde pueden o el jardinero es poco mañoso y descuidado, como es el caso.
Malvarrosa - Alcea rosea










Y tiene razón: en contraste con lo espectacular de las flores, las hojas de la malvarrosa presentan a menudo un aspecto deslucido. Les ocurre que con frecuencia se asienta en ellas la roya, hongo temido por los hortelanos, quienes la han combatido tenazmente no solo con caldo bordelés, sino hasta con lindano ¡nada menos!: pan para hoy y hambre para mañana. Para completar el desastre, las larvas de un pequeño insecto, el apión de la malvarrosa, se nutren de sus hojas, dejándolas con grandes agujeros y aspecto enfermizo. Si a los apiones les gustan las hojas, nosotros podríamos emplear los pétalos para dar color a las ensaladas y ¡todos contentos!

Malvarrosa - Alcea rosea






Muy otro es el aspecto tienen las malvarrosas de la Isla de Re, en el Charante marítmo francés. Ahí sí, las cuidadan con esmero, lucen en las calles protegidas del viento y son el emblema de la isla decorada con roses trémières
Otro mar, el Mediterráneo, llega al barrio marítimo y a la playa de Valencia, la Playa de la Malvarrosa. Este nombre se debe a un jardinero francés, Felix Robillard, quien catalogó la flora , creó allí un vivero de plantas mediterráneas e importó de Cabo Verde un geranio oloroso para desarrollar una industria de aromas y esencias. A este geranio (que no malva), Pelargonum capitatum, le dio también el atractivo nombre de malvarrosa, que se aplicó a la playa donde lo cultivaba y a la que se llegaba en tranvía, según narra Manuel Vicent.
Malvarrosa - Alcea rosea






También se han empleado los pétalos de la malvarrosa, Alcea rosea, para obtener pigmentos con que teñir lanas o papel y un colorante alimentario para intensificar el color del vino, por ejemplo
Los usos medicinales tradicionales son, una vez más, numerosos y variados, en gran parte relacionados con funciones antibacterianas
Además, investigaciones farmacológicas formales han constatado resultados favorables en el tratamiento de cálculos renales
Con todo esto tengo material para poder defender el mantener las alceas en el patio de casa sin hacer caso de menudencias. 



    


Buenas, bonitas y baratas… fuera de esta época de rebajas
     
Malvarrosa - Alcea rosea

viernes, 7 de noviembre de 2014

MALVA SYLVESTRIS

El otoño también tiene color malva

Malva sylvestris
Malva sylvestris




Iba a cruzar el puente del Irati el viernes pasado, cuando el color de las malvas del rinconcito junto al trujal de Nagore hizo que me detuviera a contemplarlas y retener su gracia en la cámara. Era una tarde soleada de finales de octubre y las malvas silvestres lucían su coloración sin necesitar los cuidados de ningún jardinero.

Malva sylvestris










Con todo, verlas en estas fechas me produjo cierta melancolía por recordarme la certeza de que terminaré criando malvas. 
No he conseguido saber el origen este eufemismo y lo mismo me ocurre con expresiones tales como: ser como una malva o haber nacido en las malvas. La asociación con la muerte, la bondad y la humildad de nacimiento pueden parecer peregrinas, aunque ya las emplearon Cervantes en el Quijote (2ª, IV) y Quevedo en la curiosa Homilía de la Santísima Trinidad con su conocida retranca.
Malva sylvestris







Bondadosas, sí que deben de ser las malvas a juzgar por la variedad de situaciones en las que se utilizan. Además de los usos culinarios en sopas y ensaladas, la medicina popular las emplea como remedio laxante, antiinflamatorio, expectorante o calmante de la tos.  Sin embargo, el alguacil no les debe reconocer sus benéficas cualidades, pues de tiempo en tiempo les pasa el cortacésped.




Malva sylvestris

Pero… ¡cuidado! ¡Un respeto con lo de popular!, que el Dioscórides ha sido durante siglos el manual de la medicina oficial hasta el siglo XVIII; vamos, hasta ayer. En la edición del erasmista Andrés Laguna, médico de Carlos V, además de todas las aplicaciones populares referidas, se recoge  que también puede servir de “relox en tiempo nubiloso”. En la edición del Doctor Suarez de Ribera, Médico de Cámara de Felipe V, se da fe de que “toda malva consta de partículas oleosas, aquosas, crassas, con las cuales ablanda, laxa el vientre y mitiga la acrimonia de los humores coléricos y la flema salada”. 
¡La mar salada!


Coccinella septempunctata y Malva sylvestris 

Ahora, la farmacia moderna ha analizado esas “partículas” y ha encontrado que son mucílagos (hidrocoloides polisacáridos), antocianinas (glucóxidos pigmentarios que dan el color malva), taninos (ácidos fenólicos) y vitaminas varias. La coloración malva, tonalidad del violeta, parece tener doble función: proteger de las radiaciones ultravioletas y atraer a insectos polinizadores. Los mucílagos y demás compuestos explican las cualidades saludables atribuidas por la medicina tradicional a los ungüentos y bebedizos confeccionados por sanadoras y boticarios.


 Y así, el malva se añade a los ocres y amarillos de las hojas de los chopos que enmarcan
 el puente sobre el Irati.

Malva sylvestris

jueves, 11 de julio de 2013

ALTHAEA HIRSUTA

El malvavisco peloso, con el que no se hacen caramelos

Althaea hirsuta
Althaea hirsuta



Esta especie de malvavisco (malva ibérica) nos alegra los faitíos y los bordes de los caminos. Adorna el suelo por el que se extiende, pero no se le conocen propiedades curativas; por lo que no se emplea para hacer caramelos de malvavisco, cuyo sabor la chavalería de hoy desconoce.



Althaea hirsuta


Nos florece entre la primavera y el comienzo del verano. Es la época adecuada para su desarrollo, antes que los calores de julio la hagan desaparecer de nuestra vista. Las semillas caerán al suelo reseco, que las guardará hasta la próxima primavera y volverá a ser un deleite para nuestra vista.

Althaea hirsuta







El carácter hirsuto de los pelitos que salen de las partes verdes se ha incorporado al nombre de la especie. Estos pelos hirsutos parten de un bulto glanduloso. Aunque son los más llamativos, también tiene otros más diminutos en forma estrellada.

Althaea hirsuta con lobonix aeneus








Claro está que esta pelosidad no intimida a los lobonix, que van a lo suyo, hincharse de polen. Aunque no son los únicos: he visto hormigas o brillantes exosomas hurgando entre los estigmas y las anteras de los estambres.
Una delicia para los sentidos, para unos el visual y para otros el gustativo.

Althaea hirsuta