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lunes, 16 de febrero de 2026

SORBUS ARIA

Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria

Árboles al borde del abismo, con curiosidades medicinales y reproductivas
    

Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
    ¡Qué lejos han quedado los días templados del otoño! En estos días lluviosos y ventosos, los paseos por la sierra permanecen en las fotos más que en la memoria. Por entonces el pantano de Yesa llevaba un mes casi vacío y se veían sus limos al fondo, lejos de las hojas de los mostajos de la sierra. En algunas de esas fotos aparecen en primer plano mis botas, porque estoy sentado y, más allá, se ve el envés blanquecino, característico de las hojas de los mostajos. 
Por aquí, esta especie (Sorbus aria) se desarrolla en los cortes de la arista de la sierra para aprovechar la luz solar y uno ha de tomar precauciones al aproximarse al profundo talud para no romperse la crisma.
   
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
    Pero muy al contrario, los mostajos no sienten el peligro de estar en la pendiente por disponer de largas raíces de más de dos metros para resistir los vientos de la sierra. Para nosotros, respirar estos aires resulta saludable, pero para los mostajos, sin embargo, los vientos son portadores de insectos y esporas invasivas: las raíces se infectan por pulgones (Aphis sorbi); las hojas, por orugas (Argyresthia conjugella); las semillas nutren a larvas de avispas (Megastigmus brevicaudus); las ramas enferman por el “fuego bacteriano” (Erwinia amylovora ) y las hojas, de roya (Ochropsora ariae). 
En fin, reconozco que llamo enfermedades a las múltiples y maravillosas formas que tiene la vida de manifestarse y que, frecuentemente, el chiquitín se come al grande.
    
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
   
    Y, hablando de enfermedades, he de recordar que el ginecólogo y nutricionista Heinrich Crantz fue quien publicó la primera descripción de esta especie de mostajo en la década de 1760 en el segundo de los fascículos ilustrados, dedicados a las especies de plantas austríacas, con el título: Stirpium Austriarum Fasciculus
Al final de la descripción hace una observación para discrepar de la clasificación anterior de C. Linneo (Crataegus) al observar que los frutos rojos de los mostajos tenían no dos, sino cuatro semillas como los demás sorbus. 
Ahora se prefiere nombrarla como Aria edulis, a propuesta de M.J Roemer.
   
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
       También hay divergencias a tener en cuenta en el empleo medicinal de los frutos del mostajo según su maduración. Entre los componentes de los frutos verdes están los taninos con efectos antidiarreicos, pero el sorbitol, más abundante en los frutos maduros rojos, tiene efectos laxantes. Otros componentes (fenoles y carotenoides) de las hojas y bayas tienen pigmentos antioxidantes. Y cuando uno oye antioxidante, inmediatamente se imagina ser como una barandilla oxidada que debe frotarse con bayas de mostajo para quitarse la herrumbre y las arrugas de la piel, según lo que ve en los anuncios. Pues no, pues va a ser que tienen que ver con los radicales libres de las funciones celulares. Pero esto lo dejo para otra ocasión, que aún hay tela que cortar.
     
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
    La tela que cortar es la de los clones virginales, nada menos. Antes de que los mitos hindúes, budistas, egipcios, griegos o romanos inventaran la procreación virginal, una parte notable de los mostajos habían preferido la reproducción por clonación con gametos de un solo origen. Si los humanos contamos con dos grupos de 23 cromosomas, provenientes de ambos progenitores, estos mostajos tienen dos, tres o cuatro grupos de 17 cromosomas, poliploidía. Las plantas-madre con tres grupos dieron semillas apomícticas, semillas de reproducción asexual sin necesidad de fecundación. Lo mismo ocurre en la mayoría de los casos en que son cuatro los grupos de cromosomas. Hay que agradecer a los investigadores bosnios haber desenredado el misterio de la reproducción virginal mediante clonación natural.
    
Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria
La espectacular flora y el arbolado de la sierra 
guardan los misterios de las múltiples formas de la vida 

Sorbus aria     Mostajo     Hostozuria

martes, 9 de abril de 2019

POTENTILLA NEUMANNIANA


Unas plantitas que hacen un jardín de cualquier escarpe
    
Potentilla neumanniana

Potentilla neumanniana


Al terminar la vuelta por la sierra me encuentro al costado de un aparcamiento con un talud adornado con este espléndido parterre de potentillas. Al pasar por allí a la mañana no había reparado en su colorido, quizá atento a tomar el camino conveniente. Ahora, ya pasado el mediodía y visto de frente, uno no puede dejar de sorprenderse y tomar unas fotos a este ramillete de potentillas, que es frecuente verlas 
por aquí y en buena parte de Europa, florecidas en primavera.

Potentilla neumanniana








El aspecto tupido de la mata y su poca necesidad de agua la hacen útil en jardinería para cubrir rocallas y zonas áridas. Sin embargo, no se suele ver cultivada en nuestros jardines, y eso que sería un buen exponente de la vistosidad de las plantas silvestres de nuestro entorno. Acaso, el jardinero checo Johann Christian Neumann, ahora que llevan su nombre, ya se atrevería a colocarlas con profusión en el jardín del palacio de Hlubos que en tiempos dirigió.








Potentilla neumanniana

De momento le dejaré a Johann Christian en su jardín para irme con otros botánicos a sus estudios y laboratorios; eso sí, con una media sonrisa ante el hecho de que semejante planta se llame potentilla, algo que suena como a potente… pero poquito. Las propiedades cicatrizantes y tonificantes por muy diversas que me resulten deben de ser de consideración para merecer semejante nombre.  
O quizá, lo que determinó su nombre sea su fuerza para detener las diarreas en tiempos en que el aseo de las aguas no era tan cristalino como idílicamente nos imaginamos.


Potentilla neumanniana






Cierro los ojos a eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor y hago como estas potentillas, que cierran sus pétalos cuando las condiciones de luminosidad o humedad no son las adecuadas para su fecundación. Es por esto que por las mañanas he podido ver que han pasado la noche con sus flores entrecerradas y que aún conservan las gotas dejadas por el relente en el exterior de sus pétalos. Son movimientos násticos, frecuentes en multitud de plantas para cuidar de su supervivencia y desarrollo ante los inconvenientes ambientales.  





Potentilla neumanniana


Ha hecho falta la quietud activa de muchas horas de laboratorio para conocer que tan diversas virtudes medicinales se deben a sus diversos componentes bioquímicos, compartidos con otras especies de potentillas. En sus hojas y raíces se encuentran taninos y flavonoides que debidamente seleccionados nos lo podemos encontrar en los medicamentos, una vez probada su eficacia. 
Con todo, hay quien se impacienta y pone las hojas entre los ingredientes de la ensalada, sin que uno se sienta obligado a imitarlo por más saludable que pueda ser.


Siendo habituales, me pueden pasar inadvertidas hasta las de colores potentes 
   
Potentilla neumanniana

jueves, 17 de mayo de 2018

SPIRAEA HYPERICIFOLIA


Jardinería silvestre con floridos colgantes blancos 
    
Spiraea hypericifolia
Spiraea hypericifolia

He dado hoy, ya mediada la primavera, una vuelta por Morquillón para disfrutar del bullir de la flora. Y bajando por el cortafuegos hacia el corral de Miguelón, he encontrado floridas y con hojas a las espireas (kapiestras en euskera). 
Mientras tanto al otro lado del mundo, en China, los profesores Liu, Zhang, Su, Liu, Che de la Facultad de Horticultura de la Universidad Agrícola del Nordeste investigaban cómo hacen las jóvenes espireas para resistir el frío invierno  y mostrarnos ramilletes de flores en primavera. 
Trabajo de chinos.


Spiraea hypericifolia
Andando entre los bojes del pinar hacia Las Revueltas, es frecuente ver las ramas resplandecientes de las espireas mojadas por las  gotas de rocío. En el frescor de cualquier mañana, me parece lejana la contaminación del tráfico de la autovía. 
Y mucho más lejanas, sin comparación, me resultan las investigaciones sobre los efectos de la contaminación radioactiva en la estructura de estas preciosas plantas realizadas por Ajdosova y compañía en la Universidad de Kazastán  y publicado a través de la IAEA (Agencia Internacional de Energía Atómica). 
Trabajo de kazajos.

Spiraea hypericifolia
Aprovechando un mañana fresquita he subido a la sierra y en El Carasol me he vuelto a encontrar con más espireas floridas. 
Pero más alto y alejado en el tiempo debería ir para ver cuál ha sido la evolución filogenética desde la época del Mioceno hace trece millones de años de de estas guirnaldas, como lo han hecho Gulzar y otros en la meseta Qinghai-Tibetana. Los cambios orogénicos del Tíbet han alterado la estructura de esta planta, que ahora admiramos por aquí con hojas no sé si similares a los hipéricos (hypericifolia).
Trabajo de tibetanos.

Spiraea hypericifolia
Ver cómo verdean los sembrados de Aspra tiene el aliciente añadido de pasar por viñas baldías, hoy cubiertas con flora diversa y sus ribazos con espireas. Por ahí, además,  no es raro sorprender agachado a algún que otro recolector de trigueros. 
Y bien sorprendido me he quedado yo mismo al enterarme de que en la lejana Universidad Estatal de Altai, en la industrial (y desconocida para mí) ciudad siberiana de Bernaúl han estudiado los flavonoides de los compuestos fenólicos que se contienen en las hojas de esta especie de espireas.
Trabajo de rusos.


Spiraea hypericifolia

Me llama la atención que la distribución mundial de esta especie de espireas se reduzca al extremo oeste europeo y a localizaciones puntuales alrededor del Mar Negro  y que, sin embargo, los estudios publicados se han efectuado en lugares alejados de estas zonas. Así mismo, que en Texas, USA, se alarmen por la previsible naturalización de estas espireas, cuando tienen constancia de la presencia de esta especie antes de que Texas fuera USA. 
Recelos de estadounidenses.



Brillantes plantas jardineras, consideradas y estudiadas a lo largo del mundo

Spiraea hypericifolia

lunes, 21 de julio de 2014

AGRIMONIA EUPATORIA

La historia de la farmacopea y la botánica en una espiga de flores amarillas

Agrimonia eupatoria
Agrimonia eupatoria



Tras la Casa del Chocolatero hay una surgencia de agua que  mantiene húmedo el terreno durante el verano. Sorteando los charcos, llegué sin mojarme a la zona menos húmeda, donde vi que florecían con profusión las agrimonias. Continué la vuelta mañanera por las viñas llecas bajo el pinar de El Castellón, donde volví a encontrármelas dispersas entre santolinas, verbenas y hierbas de amor azules y blancas: un tranquilo jardín donde pasar la mañana. 




Agrimonia eupatoria



Al parecer es una planta que ha conservado su nombre griego de agrimonia desde la antigüedad. Esta palabra parece aludir al uso tópico para el tratamiento de las manchas oculares albas del ganado, el albugo. Este y otros usos medicinales, junto con el parecido con otros nombres de plantas quedan explicados  en las anotaciones que Andrés de Laguna, médico del Papa Julio III, hizo al Dioscórides. 


Edición facsimil (Gobierno Navarra y Príncipe de Viana)





La agrimonia figura en el Herbario de Roncesvalles en la página 202 con una imagen coloreada y precisa tanto en el aspecto general como en los detalles de raíz, hojas y frutos.

Agrimonia eupatoria





Este herbario es uno de los ejemplares de la edición del Herbario de Christian Egenolff, impresor y editor de Fráncfort. Fue condenado por conculcar los derechos de autor al emplear los dibujos hechos del natural por Hans Weiditz para el Herbarum Vivae Eicones publicado en 1531 por Otto Brunfels, uno de los “padres de la botánica”.





Agrimonia eupatoria

Hasta épocas recientes,  su empleo medicinal ha tenido relación con aspectos variados de la salud, como las afecciones hepáticas (eupatoria) y las ulceraciones. En tiempos pretéritos, un bálsamo de agrimonia tenía la virtud de cicatrizar las heridas producidas las herramientas del campo (hierba del podador) o por armas de guerra. Actualmente figura entre los componentes de la llamada Agua del Arcabuzazo y, como se sigue comercializando a buen precio, tengo que pensar que hay quien la considera de eficacia probada.

Agrimonia eupatoria





También me queda claro que, si las otras veintitrés plantas que figuran en la fórmula magistral tienen tantos componentes químicos como la agrimonia, raro sería que varios de ellos no tuvieran algún efecto antiséptico y cicatrizante. No es de extrañar, por tanto, que haya constancia de su cultivo en los huertos medicinales de los monasterios, como el de la Cartuja de Valdemosa o el Monasterio de Pedralbes y de su empleo en hospitales, tales como el Hospital real de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza o  el San Mateo de Sigüenza





Y así, cada verano la agrimonia nos ofrece sus virtudes, 
olvidadas en los albarelos de las boticas

Agrimonia eupatoria

viernes, 23 de mayo de 2014

ROSA CANINA

De un capullo se espera una rosa; de una rosa, maldita la cosa

Rosa canina
Rosa canina


El paso por el vado del cascajar debió de ser uno de los lugares utilizados para vadear el Irati. El camino que conducía a él desde El Saso aún se pude apreciar, pero ya no es practicable: la parte baja está cubierta por una rosaleda infranqueable. 
Está visto que las rosas silvestres que lo han ocupado se adaptan bien al clima de esta zona y al suelo de arcillas y margas.
Rosa canina









Es una de las pocas flores que da nombre a la planta, el rosal; lo habitual es que el nombre se dé a la planta entera con sus hojas, ramas, raíces y flores. Además, la forma de los frutos también tiene nombre específico: cinorrodón; el conocido tapaculos o escaramujo, dicho más fino. Bueno pues, cinorrodón en griego viene a ser “rosa canina”, con lo que estamos donde estábamos, en “maldita la cosa”.








Me llama la atención que el color de estas flores sea el blanco, que no se corresponde con lo que entendemos ahora por color rosa. Así pues, rosa es una palabra polisémica, con doble significado: flor y color, que no resultan concurrentes. Por una parte, el origen del nombre de esta flor es remoto y ha pasado por varias lenguas antes de llegar al latín de nuestros sudores: rosa - rosae. Mientras que el color rosa, como rojo desvaído, no interesó hasta mediados del S.XIX, por aquello de distinguir a las niñas de los niños. 
Y aquí la pregunta ¿pero existe el rosa?  
Cinorrodones de Rosa canina



Estas sencillas rosas blancas resultan inodoras, que no inofensivas. Algunos estiman que el nombre de la especie, canina, hace referencia a los colmillos de los canes por la similitud con las espinas de los tallos. Otros, creen que lo de canina es porque servía para tratar la rabia. 
Ante lo incierto de la referencia, prefiero imaginar que nos habla de las estrellas y sus constelaciones: los canes del firmamento, que en nuestro hemisferio ya han aparecido, las miran florecer en mayo y siguen su rumbo estelar en la canícula


Rosa canina


La identificación de esta flor con su nombre se ha mantenido a lo largo de los siglos y los países. No le ha ocurrido lo que a otras, que la multiplicidad de nombres locales ha llevado a aplicarlo a plantas bien distintas. No podía haber error: era la planta empleada con eficacia para tratar la cicatrización de heridas, la diarrea, el escorbuto o como colirio ocular. 





Sin fragancia y sin color, la canina nos puntea las mañanas olorosas de mayo
  
Rosal de Rosa canina

viernes, 4 de abril de 2014

PRUNUS SPINOSA

Blanco para mí, amarillo para ellos, un licor rojizo y un cadáver milenario

Prunus spinosa
Prunus spinosa


Uno de los gozos de quienes huyen estos días del mundanal ruïdo es ver florecidas las matas de endrinos y percibir su fragancia. Habrá a quien estas matas de un blanco espléndido puedan parecen uniformes sábanas de pétalos. Sin embargo, a los ocelos de los insectos que perciben la luz ultravioleta les deben resultar de un deslumbrante color amarillo
Pero, ¡cuidado con entrar en competencia con los variados insectos que se nos hayan adelantado, que algunos tienen aguijón! 




Prunus spinosa

Estas flores no emplean su propio polen: requieren la visita de los insectos que les traen el polen de otras plantas. Parece que esta forma de polinización tiene ventajas para la  supervivencia de esta especie, que es resultado de una hibridación exitosa
Y suerte, sin duda, han de necesitar los endrinos para sortear las heladas de la primavera, el ataque de pulgones, orugas o arañas y llenarse de arañones en otoño.


Prunus spinosa



Tengo oído que en casa de mi abuela los trastornos digestivos de los niños se trataban con un vasito de pacharán, licor de endrinas. Sería un tratamiento contundente, propio de los tiempos de palo y tente tieso. El nuestro, sin embargo, fue un tiempo más flexible: tiempo de zapatillazo y kina San Clemente
Con todo, las abuelas no andaban muy descaminadas viendo algunas propuestas homeopáticas que lo toman por elixir.




Prunus spinosa

Dada la amplia difusión del endrino por toda la península, tiene incontables nombres en castellano. Esto mismo ocurre en euskera, donde la mata se toma por otra forma de espino, elorri: unas son elorri zuria, espino albar, y otros son elorri beltza, el endrino. Esta proximidad entre estas las dos plantas se considera en minuciosas investigaciones sobre los componentes químicos de sus frutos, presentados de forma paralela y contrastada. 

Prunus spinosa
Los arañones, que a mí me resultan incomestibles, estaban incluidos en la dieta en tiempos prehistóricos. Y esto se conoce porque sus güitos aparecen en la crónica negra más antigua de la que tengamos noticia en Europa. Ötzi, el asesinado hombre de las nieves suizas, ha conservado en sus entrañas durante cinco milenios las semillas del endrino que había comido antes de quedar yerto en la nieve atravesado por una flecha.

Prunus spinosa




Si la astringencia del arañón no ha sido óbice para hacerlos comestibles, 
sus pinchos no van a impedirme que en otoño les meta mano… 
enguantada, por supuesto.

    
Prunus spinosa