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lunes, 19 de septiembre de 2022

CENTRANTHUS LECOQII

Centranthus lecoqii         Milamores
De los ropajes y elegancia de los vegetales. Henry Lecoq.1847. 
    
Centranthus lecoqii         Milamores
¡Qué bien les conviene el título superior a las milamores: plantas con delicadas flores (anthus), de colores tenues, agudos espolones (Kéntron), largas corolas, hojas estrechas! 
Me ha sorprendido encontrarlas hace unos días aún floridas a gran altura, sobre los 1.700m. en el Puntal del Ukerdi, cuando las tenía localizadas en mi zona hace dos meses, a sólo 500m. de altitud en la cara norte de Leyre. Pero, no debió extrañarme encontrarlas a semejante altitud, ya que hay constancia de que las milamores florecen desde el nivel del mar hasta cerca de los 2.000m. siempre que haya suelo calizo con algo de sustrato vegetativo.

Centranthus lecoqii         Milamores
El sugerente tituló superior es de Henry Lecoq, Director del Jardín Botánico de Clemont-Ferran, quien se lo puso a una de sus muchas publicaciones divulgativas y didácticas sobre botánica, que en el francés florido del S.XIX era: De la toilette et de la coquetterie des végétaux (ver pág 80). Le añadió un subtítulo no menos impactante: Tableau dedié aux fleurs qui parlent; algo así como que nos invitara a ver en un cuadro de qué hablan las flores. ¿Por qué no suponer que Lecoq se adelantó 175 años los biólogos actuales que tratan de descifrar si las plantas se comunican y de qué forman lo hacen?

Centranthus lecoqii         Milamores
Los merecimientos divulgativos de H. Lecoq hicieron que el cuestionado taxónomo Alexis Jordan, al diferenciar y describir esta planta de la familia de las valerianas, le aplicara su apellido a esta especie de milamores. Jordan publicó la descripción el año 1852 en la página 76 de la obra titulada: Pugillus plantarum novarum praesentim gallicarum, que, a mi entender, debe ser en el lenguaje actual algo así como: Balance de nuevas plantas presentes en Francia. Supongo bien que pugillus poco tenía que ver en el latín botánico de entonces con púgiles, boxeadores, boxes o cajas, puesto que las milamores, entonces como ahora, prefieren no verse ni golpeadas ni encerradas, como los saltamontes que las visitan.

Centranthus lecoqii         Milamores
Estas milamores tienen una difusión reducida: se limitan a florecer a uno y otro lado de los Pirineos, extendiéndose, además, por varias cordilleras de la Península Ibérica. En este limitado espacio, resulta que está bien implantada y no se ha considerado que requiera una especial protección que asegure su pervivencia, dada las diferencias de altitud a que florece. En otros ámbitos, lo llamarían resiliencia.

Centranthus lecoqii         Milamores
La proximidad genética de los géneros de la familia de las valerianáceas, hace que las milamores no tengan el prestigio histórico con que cuentan las valerianas como plantas sedantes, aunque tengan composiciones similares: valtaltratos y moléculas afines . Sin embargo, la delicadeza del conjunto floral y su querencia al acercamiento entre sí, las hace de interés para formar macizos vistosos en los jardines al no precisar de excesiva humedad. ¿Y qué mejor jardín que las sierras de calizas descarnadas para sorpresa de sudorosos caminantes?
   
Centranthus lecoqii         Milamores
Tranquiliza ver milamores en lugares tan dispersos, sin necesidad de infusiones sedantes

Centranthus lecoqii         Milamores

martes, 16 de enero de 2018

VALERIANELLA LOCUSTA

Ensalada con canónigos
    
Valerainella locusta
Valerainella locusta



Escena escolar:
- A ver Jon, –pregunta la maestra- ¿qué animal nos da la leche?
- Mi gato bebe leche –responde inseguro-. Y mi padre compra cajas de leche en la tienda.
Algo parecido podría haber dicho yo mismo sobre los canónigos de la ensalada.
-Sí señorita, los canónigos vienen en sobres; a un euro, en la tienda de abajo.
Ni por lo más remoto se me ocurrió en su momento asociar estas florecillas insignificantes con los canónigos de ensalada.


Valerainella locusta










Al costado del Camino de la Piedra, una vez pasada la cantera, hay un baldío herboso con gran variedad de plantas, entre las que crecen espárragos y canónigos. De ahí, subiendo un terraplén, se accede a un almendral con suelo de cascajo y en donde también me encuentro canónigos. En el sembrado que limita esas dos parcelas, he podido ver abundantes canónigos en flor entre las cañas del trigo. 

Valerainella locusta









Y es que los canónigos, en cuanto plantas, poco tienen que ver con los variados tipos y colores de las lechugas, escarolas o endivias: las verduras de las ensaladas. Todas estas verduras que tomamos aliñadas son de la familia de las plantas con flores compuestas, como lo son otras verduras que tomamos cocinadas: las alcachofas o las achicorias. Pero los canónigos, como se puede suponer por su nombre botánico (valerianella), son de otra familia de plantas: las valerianáceas, como las valerianas, plantas estas utilizadas en medicina popular como sedantes. 
Valerainella locusta








No sé a qué se debe el nombre de canónigos (curas canónicos), si bien algún apunte maligno recuerda la relación que popularmente asocia canónigo y placidez. En algún otro lugar se supone que sería cultivada en los claustros catedralicios, ¿para días de abstinencia de orondos canónigos? 
Personalmente no he notado mayor relajación tras degustar ensaladas con canónigos; quizá sea porque la dosis de elementos relajantes que pueden tomarse con ese ingrediente es muy baja y los demás ingredientes lo compensan con creces.


Valerainella locusta






Parece ser cierto que, por ser una valerianácea, tiene más componentes alimenticios que otras plantas de hojas verdes: vitaminas, minerales o carotenos. El ligero sabor ácido no está relacionado con las nueces, como indican algunos, sino al ácido valérico, característico de esta familia de plantas. ¿Cuál será, entonces, el elemento volátil que hace que esta planta, según algunos, resulte atractiva a los gatos? 
De todos modos, no recuerdo sentir la presencia de gatos, sino de zorros, por donde me encontré con estas plantitas.



Del cole a los gatos, un entretenido paseo entre sabrosas valerianelas


Valerainella locusta

viernes, 9 de octubre de 2015

CENTRANTHUS RUBER

Mil amores y mil flores se asoman y ruborizan en el seto de bojes
     
Centranthus ruber, mil flores
Centranthus ruber, mil flores







La tarde de agosto estaba tormentosa. Había empezado por oírse truenos lejanos, luego llegaron las gotas gruesas de lluvia y, al poco, el viento cruzado, el fulgor de los relámpagos, la lluvia intensa iluminada con el destello rayos que veía tras la Casa del Ventero. 
Todo este alboroto de tormenta de verano duró poco, dejó las calles húmedas y a las “mil amores”, que asomaban entre los bojes del seto, adornadas con gotitas arcoíris.










Centranthus ruber, mil flores






Las mil amores terminan en una inflorescencia de mil florecillas con largos espolones que se despliegan en cinco pétalos desiguales. De entre ellos aflora un pistilo y una antera con sus granitos de polen rosado. 
Deseaba que el viento y la lluvia las hubiera respetado y ayudado a fecundar. De todas formas, habría quedado abundante polen y néctar como para resultar atrayentes esa tarde a multitud de insectos. 








Centranthus ruber, mil flores







Una vez más me sorprendía la variedad de formas florales que han desarrollado las plantas para asegurarse la fecundidad, y eso que las mil amores son plantas perennes. El largo espolón, que contiene el néctar, ha servido a los botánicos para darle el nombre genérico, Centranthus (kéntron = espolón; ánthos = flor) y el nombre específico ruber, rojo, abre el tema de los colores.
Centranthus ruber, mil flores











El asunto de los colores de las flores, polémico por aquello de que “para gustos, los colores” y difícil para quienes dudamos con los matices. Las mil amores, ¿son rojas, púrpuras, rosadas o... por ruber se ruborizan? 
Años y años de investigaciones han puesto de manifiesto que las plantas tienen unos industriosos laboratorios para producción de colorantes (simbolizados con geométricas fórmulas químicas), como lo son las antocianinas que ruborizan a las mil amores. 



Centranthus ruber, mil flores






Estos colorantes, que alarman a los consumidores cuando los vemos como complementos alimentarios con la etiqueta E-163, son los que dan el color tinto a las uvas maduras, a las moras, a las cerezas, a las frambuesas o a los rábanos y las berzas moradas y nos son, sin embargo, ampliamente beneficiosos
¡Ah! También la digitalina tiene abundantes antocianinas, pero ¡cuidado!, que no es oro todo lo que reluce, ni todos los aditivos alimentarios son igualmente saludables, aunque aparezcan en productos de medicina alternativa.



  
Las tormentas, los olores, los colores… el verano se ha ido y el otoño nos viene con los suyos
     
Centranthus ruber, mil flores

jueves, 10 de noviembre de 2011

VALERIANA TUBEROSA


Valeriana tuberosa

Esta planta está en Leyre, en el camino hacia Lumbier. Es escasa y está amenazada su pervivencia en esta zona por situarse sobre el camino que este año está asfaltado, hecho que ha eliminado cantidad de ellas.