Los explosivos que reparten semillas
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| Buxus sempervirens |
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| Buxus sempervirens |
Ya es enero y empiezo
a ver floridos los bojes (buxus) que crecen en cualquier parte del pueblo: mirando al
norte entre los pinos del Castellón o mirando al sur en las laderas de la
sierra. Aquí les basta una rendija para brotar en las fisuras de las calizas. Así,
los bojes con sus hojas tersas y perennes (sempervirens) colorerán de
verde las pedrizas, mientras no se los coma la cantera.
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| Buxus sempervirens |
No se aprecian en los bojes flores llamativas, porque no tienen pétalos; pero destacan entre las hojas los estambres con el polen amarillo. Sucede que tienen dos tipos de flores, unas que sólo tienen estambres y rodean a otras que sólo tienen pistilos, y todo esto en el espacio reducido de las axilas de la hojas. Quizá sea para dificultar la afición del fotógrafo, aunque haya quien diga que es para facilitar la fecundación.
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| Buxus sempervirens |
En el patio he puesto un seto de boj, siguiendo un uso griego y romano y
documentada por Alberto Magno en el S.XIII, nada menos. Intenté reproducirlas
plantando brotes, pero no me dio resultado. Luego opté por lo más seguro para conseguir plantas: recoger y sembrar las semillas
negras que aparecen por el suelo en gran cantidad y brotan con profusión y seguridad.
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| Buxus sempervirens |
Cuando
las cápsulas con tres puntitas están maduras explotan con un chasquido y expanden las
semillas a distancia, dejando entonces el enlosado oscuro por unos días.
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| Buxus sempervirens |
Los bojes han tenido muchos usos, e incluso aplicaciones mágicas para
quitar verrugas.
Mi vecino Emilio tallaba cucharas y tenedores con troncos de
boj. Guardo los que me regaló, que nos sirven para labores culinarias y para
recordar los ratos de charla a la fresca en el verano ante la puerta de su
casa.
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| Buxus sempervirens |