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| Malva neglecta |
La larga historia medicinal de unas malvas negligentes
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| Malva neglecta |
Me encuentro en mayo con jardines naturales en las calles
el pueblo que dan a las antiguas eras o llevan a los cultivos. Los veo tan
naturales y requetevistos que ni me detengo a mirarlos. Pero, el domingo fui al
pueblo de al lado, Rocaforte, y en lo más alto, donde acaba la calle cementada,
había uno de estos jardines que me hizo detenerme. El color llamativo de unas
pequeñas malvas me llevó a ver qué otras plantas componían el cuadro multicolor:
cardos, geranios, cizañas, matricarias, amapolas o malvas silvestres, que
recuerde. Todas juntas y revueltas en cinco metros.
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| Malva neglecta |
Así que me entretuve tomando fotos a estas llamativas
malvas rastreras, o como indica su nombre genérico, negligentes, en el sentido
de pasadas por alto, supongo. Carl Linneo, en la descripción de las malvas de su tratado
Species
plantarum no las menciona y pasaron setenta años hasta que Karl
Wallroth describió esta especie en la publicación de la Sociedad
Botánica de Ratisbona (Syll.
Pl. Nov. 1: 140–142), pero sin revelar dónde la localizó, hecho
habitual en él según F.T.
Kützing.
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En este caso no habría sido de extrañar, si es que quisiera quedar bien, porque así describe
Wallroth la localización: “Hábitat: En las zonas desiertas de los suburbios,
cerca de calles sucias, muros y vallas para trepar, en estercoleros y ruinas,
abundan junto a la Lippia, el Chenopodium y el Polygonum. Florecen desde junio
y durante todo el verano”. No, por aquí en mayo ya están florecidas y no en
estercoleros, sino en calles aseadas y floreadas en Rocaforte o por caminos
bucólicos, como el de la fuente de los lirios en Liédena.
No, definitivamente,
cualquier tiempo pasado no fue mejor en pulcritud.
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Quizá, habiera también otra motivación para ese silencio:
Wallroth era doctor en medicina en ejercicio y las malvas eran remedios
curativos, que se sepa, desde que Plinio el Viejo en su Historia Naturalis (20,
LXXXIV) les atribuyera múltiples y curiosas virtudes, incluso ser
repelente de insectos. Así que bien puedo suponer que Wallroth no difundiera la
localización para poder disponer de esta especie de malvas que emplearía en
tratamiento de variadas enfermedades, como era de esperar de su prestigio.
Vamos, que actuaba como cualquier robasetas sigiloso de hoy en día.
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| Malva neglecta |
El empleo medicinal de las malvas, y de las neglecta
en particular, está confirmado en múltiples estudios de usos populares. En Flora
Ibérica, se indica que es planta medicinal (antiinflamatoria) y
comestible (sopas y ensaladas). Los dolores menstruales o de estómago, el asma, las
úlceras, los resfriados, el estreñimiento, las inflamaciones, la infertilidad,
hemorroides han sido tratados con estas plantas en países
como Armenia, Azerbaijan o Georgia, además de las referencias de Bangladés,
India o Egipto,
según publicaciones en el American Journal of Biomedical Science & Research,
entre
otros. Es decir que las empresas farmacéuticas se fijan en la medicina
popular de estos países, analizan los componentes bioquímicos, validan la
eficacia curativa y son nuestras medicinas. Lo toman gratis y se lo devuelven a
precio.
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¿Y qué componentes bioquímicos se han encontrado en las malvas
neglectas? El laborioso y minucioso trabajo de laboratorio es tal que, con solo
el deletreo de los nombres
de los compuestos, tengo suficiente para explicarme una parte del
precio de los medicamentos. Y como ejemplo, una investigación pakistaní: la
enfermedad de Alzheimer
y el deterior de la memoria subsiguiente, cuyas múltiples causas siguen a
debate. Pues, en Pakistán han comprobado que el extracto metanólico de la Malva neglecta
tiene un efecto inhibidor sobre la acetilcolinesterasa en las sinapsis de las
células nerviosas con la consecuente mejora de los síntomas. ¡Ahí queda eso!
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¡Vaya!, que cualquier día uno mismo pisa el cumaroilhexósido de
estas malvas y no se entera... ¡Qué negligencia!
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