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miércoles, 8 de abril de 2020

SILENE MUSCIPULA


De la orla de los sembrados al olvido de los archivos
 
Silene muscipula     Mosquera
Silene muscipula     Mosquera





Me suele ocurrir que a veces me pregunto qué habrá sido de tal o cual persona a la que traté a menudo. Pasan los años, pierdes el contacto con ella y su voz, su cara o sus gestos se desdibujan en el baúl de los recuerdos, que se abre, ¡oh sorpresa!, con un wasap: la sensación de su presencia cobra vida.
En el baúl de las fotos del ordenata llevaba años olvidada esta planta, cuando, expurgando estos días los archivos, me sorprendió ver su forma y su delicado colorido rosáceo. Eran fotos de hace nueve años, nada menos. 










Silene muscipula     Mosquera



Por fortuna, desde el año anterior, ya detallaba el recorrido y los pormenores de la excursión con la ayuda del GPS. De esta manera he podido recordar que se encontraba, como también dos años antes, dentro del linde de un sembrado vallado junto, al derruido corral de Alzueta, subiendo por el Camino de la Piedra. Y sólo en ese punto. 
Desde entonces, no he tenido noticias de ella; no la he vuelto a fotografiar. La primera vez fue a finales de mayo y la segunda, a primero de junio. 
Luego, nada.




Silene muscipula     Mosquera







¡Ojalá los herbicidas no hayan acabado con ella! En Bélgica, por ejemplo, no la ven desde 1933, fecha en que fue avistada por última vez en las proximidades de Lieja. No es de extrañar que la recuerden como un alien. Así es que la tengo que tener en cuenta para hacerle una visita, si me es posible este junio. ¿O no? Y si bien, no es una planta que tenga una amplia difusión terrícola, está bien extendida por el occidente de la vertiente mediterránea, sin necesitar protección especial.  







Silene muscipula     Mosquera



Tampoco necesitaba protección el personaje mitológico que le da nombre, Sileno: se arreglaba perfectamente, siendo ejemplo del buen vivir, con escándalo de chupacirios. Que la mosquera comparta el nombre, silene, se puede deber a la similitud de la forma ventruda de su cáliz con el barrigudo aspecto del bonachón Sileno. Quede claro que el parecido no va más allá. El suave colorido y el primor de los pétalos de la mosquera están en las antípodas estéticas del aspecto grotesco y escandaloso del sátiro.




Silene muscipula     Mosquera




Ciertamente tiene se ser una planta discreta, poca amiga de escándalos: no he encontrado que se haya empleado en quehaceres curativos, alimentarios o en los laboratorios de investigación. Sin embargo, hay algo en su nombre específico, mus-cipula, (mos-quera, atrapa-moscas), que puede indicar una función retentiva con el producto pegajoso que da aspecto brillante al cáliz y del que no he llegado a saber su naturaleza. El empleo con esta función en dependencias rurales, al menos de Albacete (pg. 186), era mucho más estético, sin duda, que utilizar pringosos rollos colgantes, como no hace tantos años veíamos en bares o ultramarinos.





Se me cruzan los recuerdos y los olvidos; el color sepia y el rosita

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