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miércoles, 30 de septiembre de 2026

CHAMAESYCE PROSTRATA

Chamaesyce prostrata

Una euforbia discreta entre las patas del guardarraíl de la autovía

Chamaesyce prostrata
    Una tarde de finales de agosto íbamos en coche a visitar el monasterio de San Salvador de Leyre con el que Liédena, por vecindad, ha tenido históricas relaciones religiosas y litigios terrenales. No fue posible la visita esa tarde porque, en el momento de desviarnos de la autovía, la rueda delantera derecha hizo ¡plof! Ahí estuvimos varias horas los cinco viajeros esperando el auxilio en carretera, apoyados el guardarraíl. Y así tuvimos ocasión de ver que, a nuestros pies, entre la grava del arcén, se extendían las ramitas de unas plantas que desafiaban la sequedad del suelo.   

Chamaesyce prostrata
    Las plantas en cuestión eran unas euforbias rastreras, postradas, y ha hecho falta un percance de carretera para que yo conociera su presencia en esta zona. Puede parecer una plantita más, pero, según Flora Ibérica, “argumentos morfológicos, fisiológicos, bioquímicos, estomáticos, palinológico-cariológicos y seminales”, ¡nada menos!, han hecho necesario crearle un nuevo género a la familia de las euforbias: el género chamaesyce (por tierra, enano), palabra griega rescatada de los textos de los antiguos Dioscórides y Plinio.
    
Chamaesyce prostrata
    Su presencia por aquí debe de ser reciente (no estaba registrada en esta zona) y, si bien es originaria de Centroamérica (en México es la hierba de la golondrina), tiene una amplia difusión mundial. En Flora Ibérica advierten que en “la Península está en proceso de expansión por su gran poder colonizador” pues es una planta sinántropa, capaz de adaptarse a vivir en zonas antrópicas, humanizadas, como es la autovía del Pirineo, en la que los humanos hemos pasamos cinco horas esperando una grúa. 
  
Chamaesyce prostrata
    La existencia americana de esta planta ya era reconocida en el S.XVI por el médico de Felipe II Francisco Hernández de Toledo, quien recorrió la Nueva España entre 1572 y 1577. Allí pudo constatar que tenía usos medicinales: antidiarreico, astringente, el tratamiento las manchas de la córnea y la dermatosis. Con estos precedentes, no es de extrañar que los estudios de sus componentes bioquímicos sean numerosos y aplicados a otras dolencias de los tejidos epiteliales, como la hemorroides, o empleados como antiinflamatorios.
     
Chamaesyce prostrata
     ¡Y cómo suponer que aquella planta que pisábamos bajo el guardarraíl tendría usos industriales! 
Sus componentes bioquímicos (β-sitosterol, campesterol, estigmasterol y un largo etc) han sido probados para mantener a raya la corrosión del acero dulce, el acero flexible por tener una ínfima cantidad de carbono. La química cuántica ha comprobado una alta inhibición oxidativa de hasta el 96% que hace de esta planta un valioso elemento ecológico en tratamientos de limpieza ácida.

Chamaesyce prostrata
        ¡Vaya con la plantita! Hasta en La India hay laboratorios biotecnológicos universitarios que la estudian y han encontrado que dos de las bacterias presentes en esta planta (endófitos bacterianos) aumentan la productividad del trigo y del tomate cuando se insertan en sus semillas o se extienden por los cultivos. O sea, como una nueva multiplicación de panes y peces para dietas vegetarianas.
    
Chamaesyce prostrata
    Y, para terminar, el cuento del pequeño pero matón en versión botánica: la Chamaesyce prostrata contra las bacterias multirresistentes que provocan múltiples y graves infecciones hospitalarias. Los profesores Voukeng, Beng y Kuete de la Universidad de Yaoundé en Camerún investigaron el efecto del tratamiento contra treinta y seis cepas multirresistentes con siete especies de plantas. Sólo la pequeña de nuestra cuneta mostró eficacia contra todas ellas. ¡Ahí queda eso! 

    
¡Y que se anden con cuidado las garrapatas y moscas! 
Otros tres investigadores indios las tienen enfiladas con los poderes de esta plantita. 
 
Chamaesyce prostrata

En fin, ¡qué tarde la de aquel día!

Chamaesyce prostrata

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