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| Chamaesyce prostrata |
Una euforbia discreta entre
las patas del guardarraíl de la autovía
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| Chamaesyce prostrata |
Una tarde de finales de agosto
íbamos en coche a visitar el monasterio de San Salvador de Leyre con el que
Liédena, por vecindad, ha tenido históricas relaciones religiosas y litigios terrenales.
No fue posible la visita esa tarde porque, en el momento de desviarnos de la autovía,
la rueda delantera derecha hizo ¡plof! Ahí estuvimos varias horas los cinco viajeros
esperando el auxilio en carretera, apoyados el guardarraíl. Y así tuvimos ocasión
de ver que, a nuestros pies, entre la grava del arcén, se extendían las ramitas
de unas plantas que desafiaban la sequedad del suelo.
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| Chamaesyce prostrata |
Las plantas en cuestión
eran unas euforbias
rastreras, postradas, y ha hecho falta un percance de carretera para que yo conociera
su presencia en esta zona. Puede parecer una plantita más, pero,
según Flora
Ibérica, “argumentos morfológicos, fisiológicos, bioquímicos,
estomáticos, palinológico-cariológicos y seminales”, ¡nada menos!, han hecho
necesario crearle un nuevo género a la familia de las euforbias: el género chamaesyce
(por tierra, enano), palabra griega rescatada de los textos de los antiguos Dioscórides
y Plinio.
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| Chamaesyce prostrata |
Su presencia por aquí debe
de ser reciente (no estaba registrada en esta zona) y, si bien es originaria de
Centroamérica (en México es la hierba de la golondrina), tiene una amplia
difusión mundial.
En Flora Ibérica advierten que en “la Península está en proceso de expansión
por su gran poder colonizador” pues es una planta sinántropa, capaz
de adaptarse a vivir en zonas antrópicas, humanizadas, como es la autovía del
Pirineo, en la que los humanos hemos pasamos cinco horas esperando una grúa.
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Chamaesyce prostrata
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La existencia americana de
esta planta ya era reconocida en el S.XVI por el médico de Felipe II Francisco
Hernández de Toledo, quien recorrió la Nueva España entre 1572 y 1577. Allí
pudo constatar que tenía usos medicinales: antidiarreico, astringente, el tratamiento las manchas de
la córnea y la dermatosis. Con estos precedentes, no es de extrañar que los
estudios de sus componentes bioquímicos sean numerosos y aplicados a otras
dolencias de los tejidos epiteliales, como la hemorroides,
o empleados como antiinflamatorios.
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| Chamaesyce prostrata |
¡Y cómo suponer que aquella
planta que pisábamos bajo el guardarraíl tendría usos industriales! Sus componentes
bioquímicos (β-sitosterol, campesterol, estigmasterol y un largo etc) han sido
probados para mantener a raya la corrosión del acero dulce,
el acero flexible por tener una ínfima cantidad de carbono. La química
cuántica ha comprobado una alta inhibición oxidativa de hasta el 96%
que hace de esta planta un valioso elemento ecológico en tratamientos de
limpieza ácida.
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| Chamaesyce prostrata |
¡Vaya con la plantita! Hasta
en La India hay laboratorios biotecnológicos universitarios que la estudian y
han encontrado que dos
de las bacterias presentes en esta planta (endófitos bacterianos) aumentan
la productividad del trigo y del tomate cuando se insertan en sus semillas o se
extienden por los cultivos. O sea, como una nueva multiplicación de panes y
peces para dietas vegetarianas.
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Chamaesyce prostrata
Y, para terminar, el cuento
del pequeño pero matón en versión botánica: la Chamaesyce prostrata contra las bacterias
multirresistentes que provocan múltiples y graves infecciones hospitalarias.
Los profesores Voukeng, Beng y Kuete de la Universidad de Yaoundé en Camerún
investigaron el efecto del
tratamiento contra treinta y seis cepas multirresistentes con siete especies
de plantas. Sólo la pequeña de nuestra cuneta mostró eficacia contra todas
ellas. ¡Ahí queda eso!
¡Y que se anden con cuidado
las garrapatas y moscas! |
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| Chamaesyce prostrata |
En fin, ¡qué tarde la de
aquel día!
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| Chamaesyce prostrata |
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