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lunes, 25 de enero de 2016

ERICA CINEREA

Brezos de verdor esplendente y de nombre cenizo

Erica cinerea
Erica cinerea



Entre los muchos atractivos que tiene andar por la Sierra de Leyre en verano, uno agradable es pasar entre los brezos en flor: unos brezos, de finas hojas verdes y brillantes, y que se adornan con pequeños farolillos colgantes de color lila. Estos farolillos, que son los pétalos que esconden las partes fértiles y de los que asoma el estigma, están en agosto en su mayoría perforados. Piensa el fotógrafo que es una lástima y el naturalista ve en ello la marca de un ecosistema: es el rastro del atractivo alimento que las ericas ofrecen a varias es-pecies de insectos.
Erica cinerea






Sin embargo, hasta lo que yo sé, los brezos no han servido para paliar el hambre, pero sí que se han empleado para tratar la ina-petencia y como antidiarreico, diurético, antiséptico o antiinflamatorio, según pue-do ver en cantidad de recetas de fitotera-pia. Son tantos sus componentes químicos (flavonoides varios y cumarinas, entre o-tros), que prefiero considerarlos como cu-riosidad, dada su laboriosa y asombrosa complejidad. Quizá, alrededor de los laboratorios donde detalladamente los analizan, encontremos jardines con estos brezos, vista la larga lista de variedades a escoger en jardinería. 

Erica cinerea









Brezo es el nombre genérico que se da en la zona de influencia celta (vroicos) a este gé-nero que los griegos llamaban erica (eríkẽ) y en euskera, iñarra. Pero, tiene guasa que Linneo le pusiera como nombre específico cinerea (cenicienta), siendo una planta bri-llante, que nada tiene de ceniza. Le debe de ocurrir como en el cuento, que se pasa la vida a ras de suelo, siendo lo más florido y hermoso del entorno a la altura de nues-tros pies. 
Erica cinerea








La amplia difusión que a lo largo de los si-glos y los pueblos ha tenido el cuento de la Cenicienta, no la ha tenido el brezo ceni-ciento. La narración de la Cenicienta ya se recogió en el Egipto de los faraones con el nombre de Ródope, la de las mejillas rosadas; luego pasó a Grecia y Roma; muchos siglos más tarde hay versiones chinas, vietnamitas o de los indios abenaki de Norteamérica; en el S.XVI se reescribe en Italia como la Gata cenicienta; luego, con Perrault y  los Grimm deja de ser gata  y la remata Disney con sus colorines nada cenicientos. 
Erica cinerea








La Erica cinerea, por el contrario, se limita casi exclusivamente a las islas británicas, Francia atlántica y cornisa cantábrica, con pocas citas en otras partes del mundo; sólo llevada, quizás, por colonos a sus jardines de Nueva Zelanda. Pese a la profusión con que la vemos en esta zona del Prepirineo, se considera que está en recesión y que ne-cesita protección en Galicia. Pero en gene-ral en otras zonas, como puede ser el Reino Unido sólo tiene calificación de Preocu-pación Menor, afortunadamente.









Este cálido enero me ha traído el recuerdo de paseos soleados por la sierra en agosto

Erica cinerea

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