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lunes, 11 de abril de 2016

VIOLA ALBA

DE LA FRAGANCIA DE LAS VIOLETAS, A LA DE LOS TUBOS DE ESCAPE 
Y… AL MUTUALISMO
    
Viola alba
Viola alba


Ocurría hace unos años, al andar por el chopar de Miguelón. Este chopar estaba en la orilla izquierda del Irati, aguas abajo del vado. Entre los chopos, al final del invierno, la hierba era abundante, alta, pajiza y descolorida. Pisarla producía un sonido crujiente, como al pisar rastrojos. Sucedía que, al mismo tiempo, perci-bías un perfume fragante que, a primera vista, no sabías de dónde provenía: el perfume de las violetas ocultas entre la hierba. Por el color de-berían destacar, pero su pequeño tamaño las di-simulaba; no sabría decir cuántas habría pisado antes de detenerme a mirarlas. 
¡Qué horror y sin darme cuenta!





Viola alba



Esto ocurría hasta hace unos años. El chopar estuvo… hasta que llegaron los ingenieros con sus planos, excavadoras, hormigoneras, obreros con casco y demás elementos necesarios para plantar las columnas, zapatas, planchas y pane-les de la autovía A-15. No sé si se dieron cuen-ta de esos detalles florales, aunque contaran con los informes formales de impacto ambien-tal. La escabechina que organizaron se justifi-caba porque la obra facilitaría llegar en un plis plás a las pistas de esquí y arrasar la vegeta-ción de montaña. Pusieron unos arbolitos, que se han secado, y ¡qué bien! ya habían cumpli-do con la normativa medioambiental.




Viola alba

Cuando uno aún podía sestear en el chopar, no sabía la degollina que se avecinaba y una tarde osé extraer, con mala conciencia, un par de violetas para trasplantarlas al patio de casa. Es así como de la mala conciencia por sustraer dos he pasado a la mala conciencia por no haberlo hecho con doscientas. Cosa parecida me pasó con los bojes del pinar, viendo ahora la sarracina de los madereros, que han arrasado, con total impunidad, miles de plantitas de boj y metros cúbicos de tierra orgánica superfi-cial del pinar la pasada temporada.



Viola alba


Por fortuna, en la orilla derecha del Irati tam-bién hay violetas olorosas y mezcladas con las de color blanco, que dan nombre a la especie, alba. Además, aquel par de violetas son ahora cientos en el césped del patio, porque las violetas se propagan mediante estolones, unas prolongaciones que suelen echar raíces en los nuevos brotes. De esa manera fueron ocupando el espacio libre alrededor de la planta original. Pero, sorprendentemente ahora veo que hay cantidad de violetas en cualquier rincón del patio, lejos de las primeras y cuya explicación está en otro procedimiento de reproducción mucho más sofisticado.


Viola alba






No sé en qué momento de la historia de la evo-lución, las violetas percibieron que a su alrede-dor se movían unos bichitos negros que salían y entraban en perfecto orden de agujeritos: eran las hormigas. Un sentido, que los científicos no han encontrado todavía en las violetas, les hizo notar que las hormigas acarreaban semillas de trigo y de euforbios, sin hacer caso de las su-yas. Si consiguieran que las hormigas alejaran también sus semillas y las enterraran en sus ni-dos, tendrían asegurada otra forma de supervi-vencia, supusieron las violetas sabias.


Viola alba y semillas








Después de pensarlo, dieron con la solución:
añadir a sus semillas un eleosoma, una pequeña parte crasa, atractiva para las hormigas. Las hormigas se nutrirían con ese añadido eleosoma y dejarían la semilla intacta y lista para germi-nar. Además, las semillas que no recogieran las hormigas y conservaran el eleosoma raramente germinarían y no entrarían en competencia con la planta original: todos contentos y ahora po-demos disfrutar de violetas por los alrededores de casa.







Un ejemplo natural de para qué sirve el mutualismo
ayuda mutua para aprendizaje en la escuela y en la vida

Viola alba

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