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sábado, 16 de julio de 2016

BRACHYPODIUM PINNATUM

Lastones pertinaces entre bojes, o yerbas floridas con nombre chocante
   
Brachypodium pinnatum

Brachypodium pinnatum



En el patio de casa tenemos un seto de boj que acostumbro a podar en invierno para que luzca un vivo color verde en primavera y mantenga un aspecto horizontal y delimitador. Ocurre que prontamente sobresalen de manera llamativa unas yerbas que Juanita, siempre tan dispuesta, se empeña en arrancar cada vez que pasa cerca. Yo he desistido de hacer desaparecer estas “malas hierbas”, malezas (malitia = maldad, en latín), por más que rompan el aspecto lineal del seto. Creo que, con su tenacidad por descollar, han contribuido a despertar mi interés por las gramíneas y su formas florales, de por sí veladas y poco llamativas.

Brachypodium pinnatum




Las discretas flores de las gramíneas tienen los elementos reproductores básicos de otras flores: estambres con el polen y pistilos con los óvulos. Carecen, sin embargo, de unos pétalos vistosos para resultar atractivas a los insectos y la fecundación la fían al viento, sobre todo. Pero, no sólo. Estas yerbas de nuestro seto, lastones o alka, han desarrollado una forma particular de expansión mediante tallos subterráneos: los rizomas. Los rizomas crecen horizontalmente entre las raíces de los bojes, echan nuevas raíces y solo aflora la parte aérea del tallo de la planta. Podar los tallos visibles, le tendré que explicar a Juanita, no hacer sino fortalecer a lo lastones, que siguen creciendo bajo el suelo.

Brachypodium pinnatum


Estos lastones reciben un nombre botánico enigmático para quien como yo no tiene conocimientos de griego: Brachypodium pinnatum. Sin embargo, con la ayuda de la web Acta Plantarum, comprendo que son palabras descriptivas de la espiga que remata la parte aérea de la planta. La espiga está formada por espiguillas, cada una con varias flores que producirán sendas semillas. Estas espiguillas se unen al eje del tallo mediante un insignificante pedúnculo o corto - pie (brachi – pódium) y cuyas flores tienen estambres colgantes y estilo con apariencia plumosa (pinnatum). 
Todo se ve mejor con lupa y con un diccionario de lenguas clásicas.
Brachypodium pinnatum



Lupa, agudeza visual de observador y buena mano de dibujante es la que debió utilizar Ambroise Marie François Joseph Palisot de Beauvois (Beauv para sus amigos botánicos), quien publicó en 1812 una monografía sobre las gramíneas titulado: Essai d´une Nouvelle Agrostographie, y en el que la describe.  En esta publicación, “un ensayo susceptible de cambios y mejoras”, detalla los elementos florales de las gramíneas, las clasifica atendiendo a los caracteres diferenciadores, resume el conjunto en un cuadro esquemático, describe multitud de especies dando razón de sus nombres y concluye con 25 planchas con múltiples dibujos detallados, que todavía vemos reproducidos en publicaciones actuales. El trabajo se merecía un autor con nombre tan extenso.
Brachypodium pinnatum






Esta yerba, Brachypodium pinnatum, lastón o alka, es frecuente desde esta zona hacia el norte de Navarra. Podría parecer que su difusión ayudaría a tener pastos interesantes para la alimentación del ganado. Sin embargo, no es así por su mala digestibilidad: el ganado lanar o vacuno rehúsa su consumo. Es por esto que varios estudios tratan de conocer con detalle su expansión utilizando medios sofisticados como la teledetección aérea. Esto es debido a que, aun siendo una planta autóctona, no parece que su difusión descontrolada sea conveniente para la diversidad vegetal y el sostenimiento de pastos, máxime cuando los incendios facilitan su difusión, en razón de su carácter rizomatoso. Tanto es así que numerosas investigaciones tratan de encontrar sistemas de erradicación.



Dudo ahora entre considerarla una resistente digna de admiración 
o una aborrecible ocupadora
    
Brachypodium pinnatum

jueves, 12 de mayo de 2016

MEDICAGO MINIMA

Una leguminosa que asciende de la tierra del vino a la gloria del OSCAR
           
Medicago minima
Medicago minima



Txumari ha vuelto a labrar la viña del saso. 
De esta manera, ha hecho desaparecer las plantas que crecían entre las cepas y, ya de paso, ha hecho aparecer otra colección de tiestos de dolia y de otros tipos de vasijas romanas, que se confunden con los cantos y cascajos del terreno. 
Mientras los examinaba, Domingo me indicó que en el borde había unas plantas con flores amarillas como las que habíamos visto en el cascajar del refugio: eran estas pequeñas mielgas. 
Me da por suponer que las mielgas ya estuvieran en ese mismo punto cuando las dolia estaban enteras y llenas de vino, hecho con otras cepas de este mismo lugar.
Medicago minima





Esta pequeñas mielgas amarillas, que como otras, bien pudieron ser reconocidas en tiempos del romano Plinio. En su Naturalis Historia nos da noticia de que la difusión de las mielgas se debió a los medos, los iraníes de los tiempos del persa Darío
Los griegos las recibieron como las hierbas de los medos, medicago, y en el nombre nos quedan ecos de guerras y migraciones, como si los siglos no se sucedieran. 
La difusión fue amplia por el Mediterráneo, y ahora crecen por zonas templadas tanto australes y como del nuevo mundo.


Medicago minima. Vainas enrolladas.





Acostumbrado a ver las vainas lisas y rectas de las leguminosas habituales en nuestra alimentación (habas, alubias, guisantes), me sorprende que estas otras tengan vainas perfectamente enrolladas y con aguijones ganchudos regularmente dispuestos en su contorno. Resultan unas espirales de no más de cuatro milímetros de diámetro, que las plantas sabrán para qué les sirven así dispuestas: a los botánicos, para distinguir las especies de medicago y a los fotógrafos, para mostrarnos formas sorprendentes.
Medicago minima










Plinio, romano práctico, detalla el valor forrajero de las medicago, su siembra, corte y larga vida de estas plantas en terrenos secos y pedregosos, que durante tanto tiempo han debido de servir de pasto a los rebaños que triscan por los sasos que nos rodean. Ya entonces hizo constar que estas plantas podrían durar treinta años, si se evitaba la competencia de otras plantas; ¡vamos! más de media vida para aquella época. 
Su ventaja sobre otros medicago como las alfalfas, está en que soportan el estrés hídrico de largas temporadas de secano. Como para desarrollarse necesitan poca agua, pueden crecer en terrenos soleados y áridos, como son las terrazas pedregosas que han dejado nuestros dos ríos, Aragón e Irati.


Medicago minima




En el Año Internacional de las Legumbres, esta pequeña leguminosa también puede contribuir a una agricultura sostenible. Mediante la rotación de cultivos, éstos dedicados a la producción de forraje, se reduciría la necesidad de abonos minerales, por el aporte de nitrógeno que ofrece a través de la relación simbiótica con una bacteria, desarrollada en los nódulos de sus raíces.
Dentro del proyecto OSCAR de la Comunidad Europea, la pequeña medicago figura entre las plantas consideradas de interés para la investigación y desarrollo de sistemas más sostenibles de agricultura mediante el uso abonos verdes.




 Una pequeña leguminosa, vida, alma, color y savia de nuestras tierras.
    
Medicago minima

viernes, 29 de abril de 2016

VINCA DIFFORMIS

Una planta de ambiente bucólico, que se ha enredado con la historia 
      
Vinca difformis
Vinca difformis


En la margen izquierda del Irati, a día de hoy, frondosos chopos protegen una zona umbrosa junto al puente de hormigón armado, que durante décadas soportó el rodar vacilante del tren y que mostraba entonces un aspecto desolado. Una vez bajada la soleada calle Chocarrera, uno se acerca a la sombra de la orilla, animada por el correr del agua una fuente, el sonido del río, la intrincada vegetación de ribera y el colorido verdiblanco de las vincas que ocultan el sendero. El actual aspecto bucólico del lugar, ahora me entero, es un indicador del cambio climático ocasionado por el aumento de CO2, que hace que la Tierra sea más verde que cuando el tren cruzaba el puente, según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change.
Vinca difformis







Las vincas (amitzak, en euskera) tienen un nombre con resonancias latinas (vincular, unir: al parecer de algunos, servían para entrelazar coronas). Aparece citada por Plinio en su Historia Naturalis como vinca pervinca; si bien sólo la menciona de pasada, señalando que se emplea para hacer labores y figuras o suplir la falta de otras en los jardines. Carlos Linneo recogió este nombre en su clasificación de las plantas Species Plantarum. Luego, avanzado el S.XVIII, fue el botánico narbonense P.A. Pourret quien describió las características de la especie difformis.





Vinca difformis



Pues bien, Pourret fue un abate que no se plegó a las condiciones impuestas en materia religiosa por los revolucionarios franceses y se exilió en España con su bagaje científico y religioso, en dirección opuesta a la que se viajaría desde estos pagos en los dos siglos posteriores. Fue nombrado profesor y director del Jardín Botánico de la Universidad de Barcelona, subdirector del de Madrid. Pasó a ser canónigo de la catedral de Orense y, luego, canónigo-tesorero de la de Santiago de Compostela, donde enseñó y murió. Legó su estimado herbario a la Facultad de Farmacia y hoy día se conserva en la Complutense. ¡Hurra por Pourret!, un francés que en aquella época convulsa nos dejó algo bien distinto de pólvora y teas, con las que otros incendiaron San Sebastián.

Vinca difformis



Durante muchos años no hizo falta la descripción de los detalles de esta vinca para que los boticarios y curanderos la identificaran y la emplearan en tratamientos curativos de los más diversos achaques. Son numerosas las webs que enumeran las múltiples aplicaciones; sirva como ejemplo la de Buena Salud, en la que se mencionan doce, si no me he dejado alguna. Efectos tan dispares, por necesidad han de tener resultados contradictorios.
 Por fortuna, en más de una web se advierte de que puede tener efectos secundarios, que se deben tener en cuenta antes de usarla en forma de extracto líquido, polvo, tintura o infusión. De esta manera, se advierte de que pueden ocurrir alteraciones linfáticas y hematológicas graves
No sé, con todo, si estos efectos nocivos se darán también cuando se toma bajo la forma de vino aperitivo.

Vinca difformis




Una vez más, la pista de los usos tradicionales ha llevado a investigar los componentes bioquímicos de las plantas y a averiguar los efectos constatables sobre los más variados aspectos de la salud alterada o por alterar. De esta manera se ha encontrado que esta vinca tiene un alcaloide que se le ha puesto el nombre de vincamina (para qué andar a vueltas con el nombre), que tiene efectos vasodilatadores. Además de efectos adrenolíticos sobre el sistema simpático y efectos espasmolíticos para calmar los impulsos involuntarios de ciertas dolencias neurológicas.
 ¡Vamos! que las vincas han resultado ser una mina para la farmacopea moderna y la calidad de vida de muchos de forma segura.




Habrá que convenir que no hay mal cambio climático que por bien no venga
    
Vinca difformis

lunes, 11 de abril de 2016

VIOLA ALBA

DE LA FRAGANCIA DE LAS VIOLETAS, A LA DE LOS TUBOS DE ESCAPE 
Y… AL MUTUALISMO
    
Viola alba
Viola alba



Ocurría hace unos años, al andar por el chopar de Miguelón. Este chopar estaba en la orilla izquierda del Irati, aguas abajo del vado. Entre los chopos, al final del invierno, la hierba era abundante, alta, pajiza y descolorida. Pisarla producía un sonido crujiente, como al pisar rastrojos. Sucedía que, al mismo tiempo, perci-bías un perfume fragante que, a primera vista, no sabías de dónde provenía: el perfume de las violetas ocultas entre la hierba. Por el color de-berían destacar, pero su pequeño tamaño las di-simulaba; no sabría decir cuántas habría pisado antes de detenerme a mirarlas. 
¡Qué horror y sin darme cuenta!





Viola alba




Esto ocurría hasta hace unos años. El chopar estuvo… hasta que llegaron los ingenieros con sus planos, excavadoras, hormigoneras, obreros con casco y demás elementos necesarios para plantar las columnas, zapatas, planchas y pane-les de la autovía A-15. No sé si se dieron cuen-ta de esos detalles florales, aunque contaran con los informes formales de impacto ambien-tal. La escabechina que organizaron se justifi-caba porque la obra facilitaría llegar en un plis plás a las pistas de esquí y arrasar la vegeta-ción de montaña. Pusieron unos arbolitos, que se han secado, y ¡qué bien! ya habían cumpli-do con la normativa medioambiental.




Viola alba


Cuando uno aún podía sestear en el chopar, no sabía la degollina que se avecinaba y una tarde osé extraer, con mala conciencia, un par de violetas para trasplantarlas al patio de casa. Es así como de la mala conciencia por sustraer dos he pasado a la mala conciencia por no haberlo hecho con doscientas. Cosa parecida me pasó con los bojes del pinar, viendo ahora la sarracina de los madereros, que han arrasado, con total impunidad, miles de plantitas de boj y metros cúbicos de tierra orgánica superfi-cial del pinar la pasada temporada.



Viola alba



Por fortuna, en la orilla derecha del Irati tam-bién hay violetas olorosas y mezcladas con las de color blanco, que dan nombre a la especie, alba. Además, aquel par de violetas son ahora cientos en el césped del patio, porque las violetas se propagan mediante estolones, unas prolongaciones que suelen echar raíces en los nuevos brotes. De esa manera fueron ocupando el espacio libre alrededor de la planta original. Pero, sorprendentemente ahora veo que hay cantidad de violetas en cualquier rincón del patio, lejos de las primeras y cuya explicación está en otro procedimiento de reproducción mucho más sofisticado.


Viola alba







No sé en qué momento de la historia de la evo-lución, las violetas percibieron que a su alrede-dor se movían unos bichitos negros que salían y entraban en perfecto orden de agujeritos: eran las hormigas. Un sentido, que los científicos no han encontrado todavía en las violetas, les hizo notar que las hormigas acarreaban semillas de trigo y de euforbios, sin hacer caso de las su-yas. Si consiguieran que las hormigas alejaran también sus semillas y las enterraran en sus ni-dos, tendrían asegurada otra forma de supervi-vencia, supusieron las violetas sabias.


Viola alba y semillas








Después de pensarlo, dieron con la solución:
añadir a sus semillas un eleosoma, una pequeña parte crasa, atractiva para las hormigas. Las hormigas se nutrirían con ese añadido eleosoma y dejarían la semilla intacta y lista para germi-nar. Además, las semillas que no recogieran las hormigas y conservaran el eleosoma raramente germinarían y no entrarían en competencia con la planta original: todos contentos y ahora po-demos disfrutar de violetas por los alrededores de casa.








Un ejemplo natural de para qué sirve el mutualismo
ayuda mutua para aprendizaje en la escuela y en la vida

Viola alba

jueves, 31 de marzo de 2016

LAMIUM PURPUREUM

Buches abiertos que asoman entre las hojas de una benéfica mala hierba
  
Lamium purpureum
Lamium purpureum




Esa mañana soleada de marzo, el viento suave venía del sur. Desde esa zona del saso veía el sentido del humo de las chimeneas de la papelera de Rocaforte sin que, afortunadamente, no-tara su olor. La placidez del momento me llevó a figurarme que los destellos de las aguas del barranco de Bustos los producía el peine dorado de una lamia, que indolente ahuecaba su larga cabellera entre los juncos. Pues sí, que lamias haberlas haylas, según las mitología vasca o griega. Con este nombre de cariz mitológico, el naturalista romano Cayo Plinio se refirió a una planta de aspecto de ortiga suave, no urticante, como esta lamia de hojas algo purpúreas y flores con forma de boca abierta.

Lamium purpureum










Luego, en el S.XVII vino  J.P.Tournefort y fue como si el olor apestoso de la papelera hubiera borrado todas las imágenes poéticas de aquella mañana. Vino a decir que eso de las lamias era divertido y propio de cuentos para asustar a ni-ños; en fin, que era el ejemplo del poco caso que ha de hacerse de este tipo de etimologías (pág. 152). Bueno, ¡qué se la va a hacer! Nuestro gozo en un pozo, en el de las lamias, por supuesto. Al menos, me servirá como recurso nemotécnico para recordar su nombre cuando la vea en la cuneta de la carretera entre latas y plásticos. 


Lamium purpureum









Como recurso curativo, si no alimentario, debió emplearse esta ortiga púrpura desde muy antiguo. Al parecer se han encontrado restos de ella en yacimientos arqueológicos de la edad del bronce. Suele ocurrir que una afirmación como ésta (Evidence of the plant has been found in Bronze  Age deposits) se copia y repite en incontables referencias sin que se dé noticia de la fuente de la información. En esta ocasión he te-nido suertecilla para dar con el informe del hallazgo, sin que haya hecho falta tanta como la que tuvieron quienes acometieron una canali-zación en Hillfarrance, en la región inglesa de Somerset y se encontraron con el yacimiento prehistórico.
Lamium purpureum









 
Hallazgo, y no pequeño, fue advertir en épocas pretéritas los poderes curativos de este lamio para dolencias bien diversas: como astringente, diaforético, diurético, estíptico y purgante, se-gún se recoge en más de un lugar. Que se em-pleara para dolencias en apariencia contradictorias, ya fue advertido en 1784 en la Historia de las Plantas de España redactada por don Joseph Quer, Cirujano Consultor del Exército, Académico del Instituto de Bolonia, de la Real Academia Médica Matritense y Primer Profesor del Real Jardín Botánico de Madrid, que, como se ve, fue persona de reconocido presti-gio y pluriempleada, para serlo en tiempos de costosos desplazamientos con caballería de posta.

Lamium purpureum









Este histórico interés farmacológico ha condu-cido a investigar con rigor sus componentes bioquímicos y sus posibles aplicaciones medi-cinales. Sus efectos bactericidas han llevado a comprobar que la presencia de este lamio pue-de ser de útil para la protección del desarrollo de otras plantas de interés alimentario, o a im-pedir el desarrollo de otros seres vivos que in-terfieren en el desarrollo productivo de algunos cultivos. Así mismo se han examinado qué componentes pueden tener efectos prebióticos, antioxidantes e inmunoestimulantes para su empleo en la salud vegetal y humana.







Plantas de apariencia irrelevante, 
los lamios esconden mitos, historia y complejas investigaciones

Lamium purpureum

viernes, 4 de marzo de 2016

CERASTIUM PUMILUM

Cuando inculto es abundancia, diversidad, multiplicidad 
y opuesto a ajardinado o cultivado     
Cerastium pumilum
Cerastium pumilum





Más de una vez me ha ocurrido acercarme a una planta por ver en ella una flor vistosa y darme cuenta que a su alrededor crecían otras con flores diminutas, que no había percibido a primera vista. Una vez que te agachas y te acercas al suelo, uno desatiende la primera, ya le llegará su turno, y se interesa por la segunda, que le resulta más sorprendente, si cabe, sólo por el hecho de haber pasado desapercibida en un primer momento. A la sorpresa inicial, se puede añadir la de verlas tan numerosas que aparecen hasta debajo de las zapatillas. 
¿Y dónde piso?


Cerastium pumilum









Esta abundancia, dentro de una mezcla desordenada de vegetación, la puedo avistar en los baldíos que por aquí y por allí aparecen como resultado de que campos o viñas han quedado incultos. La variedad de vegetación me permite mariposear toda una tarde en un espacio reducido y olvidarme del recorrido que me había propuesto; el atractivo es absorbente y ya habrá ocasión de alargar el paso. Esto me ha ocurrido, por ejemplo, cuando he cruzado la rotonda de la gasolinera y he subido por el camino de El Otro Lado. Este topónimo recuerda que en otra época había que utilizar el pontón o la barca para salvar el Irati y llegar a esos campos; hecho que pervive en apodos familiares como: el pontonero o el barquero.
Cerastium pumilum











Pues bien, en uno de esos terrenos abunda esta plantita enana (pumilum) que tiene el nombre genérico de cerastium, que si en griego la ce la pronuncio como que, me puede recordar a la palabra queratina, el componente del cuerno. Ahora bien, ¿qué cuernos tendrá que ver esta plantita con la forma o la dureza del cuerno? ¿O será el cuerno de la abundancia? 
Se lo tendría que poder preguntar al botánico que se lo puso, pero ya es un poco tarde.

Cerastium pumilum














A ver si no: el británico William Curtis, a quien se atribuye la denominación, vivió en el siglo XVIII. Como boticario, era aficionado al estu-dio de las plantas y estos cerastium abundaban en Inglaterra algo más que ahora. Su nombra-día entre los botánicos la tiene bien merecida, ya que en 1787 inició la publicación de una re-vista ilustrada sobre botánica ¡que hoy día si-gue publicándose!: The Botanical Magazine. Tiene una periodicidad cuatrimestral y en el último número de noviembre, se presentan artículos y dibujos coloreados de glicinias; quizás, como preparación al año de las legumi-nosas. 
Cerastium pumilum










Desde luego no es una flor llamativa, colorista; pero una vez perdidos los pétalos blancos, queda el saquete de las semillas, translúcido, apergaminado, terminado en una corona de dientecillos, que hacen inconfundible a este género de plantas. También lo es por los numerosos pelillos glandulosos que cubren la planta y le dan un tacto pegajoso. Todo servirá para fecundarla, cuando los abejorros, habituales polinizadores, se acerquen a libar el néctar sobre la corola. 
Así es como en estos terrenos llecos, aparentemente infecundos, la vida se manifiesta abundante y versátil.






Si es delicioso hojear esta tarde lluviosa un libro con acuarelas de flores, 
¡que no será detenerse ante el original!

Cerastium pumilum