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jueves, 31 de marzo de 2016

LAMIUM PURPUREUM

Buches abiertos que asoman entre las hojas de una benéfica mala hierba
  
Lamium purpureum
Lamium purpureum




Esa mañana soleada de marzo, el viento suave venía del sur. Desde esa zona del saso veía el sentido del humo de las chimeneas de la papelera de Rocaforte sin que, afortunadamente, no-tara su olor. La placidez del momento me llevó a figurarme que los destellos de las aguas del barranco de Bustos los producía el peine dorado de una lamia, que indolente ahuecaba su larga cabellera entre los juncos. Pues sí, que lamias haberlas haylas, según las mitología vasca o griega. Con este nombre de cariz mitológico, el naturalista romano Cayo Plinio se refirió a una planta de aspecto de ortiga suave, no urticante, como esta lamia de hojas algo purpúreas y flores con forma de boca abierta.

Lamium purpureum










Luego, en el S.XVII vino  J.P.Tournefort y fue como si el olor apestoso de la papelera hubiera borrado todas las imágenes poéticas de aquella mañana. Vino a decir que eso de las lamias era divertido y propio de cuentos para asustar a ni-ños; en fin, que era el ejemplo del poco caso que ha de hacerse de este tipo de etimologías (pág. 152). Bueno, ¡qué se la va a hacer! Nuestro gozo en un pozo, en el de las lamias, por supuesto. Al menos, me servirá como recurso nemotécnico para recordar su nombre cuando la vea en la cuneta de la carretera entre latas y plásticos. 


Lamium purpureum









Como recurso curativo, si no alimentario, debió emplearse esta ortiga púrpura desde muy antiguo. Al parecer se han encontrado restos de ella en yacimientos arqueológicos de la edad del bronce. Suele ocurrir que una afirmación como ésta (Evidence of the plant has been found in Bronze  Age deposits) se copia y repite en incontables referencias sin que se dé noticia de la fuente de la información. En esta ocasión he te-nido suertecilla para dar con el informe del hallazgo, sin que haya hecho falta tanta como la que tuvieron quienes acometieron una canali-zación en Hillfarrance, en la región inglesa de Somerset y se encontraron con el yacimiento prehistórico.
Lamium purpureum









 
Hallazgo, y no pequeño, fue advertir en épocas pretéritas los poderes curativos de este lamio para dolencias bien diversas: como astringente, diaforético, diurético, estíptico y purgante, se-gún se recoge en más de un lugar. Que se em-pleara para dolencias en apariencia contradictorias, ya fue advertido en 1784 en la Historia de las Plantas de España redactada por don Joseph Quer, Cirujano Consultor del Exército, Académico del Instituto de Bolonia, de la Real Academia Médica Matritense y Primer Profesor del Real Jardín Botánico de Madrid, que, como se ve, fue persona de reconocido presti-gio y pluriempleada, para serlo en tiempos de costosos desplazamientos con caballería de posta.

Lamium purpureum









Este histórico interés farmacológico ha condu-cido a investigar con rigor sus componentes bioquímicos y sus posibles aplicaciones medi-cinales. Sus efectos bactericidas han llevado a comprobar que la presencia de este lamio pue-de ser de útil para la protección del desarrollo de otras plantas de interés alimentario, o a im-pedir el desarrollo de otros seres vivos que in-terfieren en el desarrollo productivo de algunos cultivos. Así mismo se han examinado qué componentes pueden tener efectos prebióticos, antioxidantes e inmunoestimulantes para su empleo en la salud vegetal y humana.







Plantas de apariencia irrelevante, 
los lamios esconden mitos, historia y complejas investigaciones

Lamium purpureum

viernes, 4 de marzo de 2016

CERASTIUM PUMILUM

Cuando inculto es abundancia, diversidad, multiplicidad 
y opuesto a ajardinado o cultivado     
Cerastium pumilum
Cerastium pumilum





Más de una vez me ha ocurrido acercarme a una planta por ver en ella una flor vistosa y darme cuenta que a su alrededor crecían otras con flores diminutas, que no había percibido a primera vista. Una vez que te agachas y te acercas al suelo, uno desatiende la primera, ya le llegará su turno, y se interesa por la segunda, que le resulta más sorprendente, si cabe, sólo por el hecho de haber pasado desapercibida en un primer momento. A la sorpresa inicial, se puede añadir la de verlas tan numerosas que aparecen hasta debajo de las zapatillas. 
¿Y dónde piso?


Cerastium pumilum









Esta abundancia, dentro de una mezcla desordenada de vegetación, la puedo avistar en los baldíos que por aquí y por allí aparecen como resultado de que campos o viñas han quedado incultos. La variedad de vegetación me permite mariposear toda una tarde en un espacio reducido y olvidarme del recorrido que me había propuesto; el atractivo es absorbente y ya habrá ocasión de alargar el paso. Esto me ha ocurrido, por ejemplo, cuando he cruzado la rotonda de la gasolinera y he subido por el camino de El Otro Lado. Este topónimo recuerda que en otra época había que utilizar el pontón o la barca para salvar el Irati y llegar a esos campos; hecho que pervive en apodos familiares como: el pontonero o el barquero.
Cerastium pumilum











Pues bien, en uno de esos terrenos abunda esta plantita enana (pumilum) que tiene el nombre genérico de cerastium, que si en griego la ce la pronuncio como que, me puede recordar a la palabra queratina, el componente del cuerno. Ahora bien, ¿qué cuernos tendrá que ver esta plantita con la forma o la dureza del cuerno? ¿O será el cuerno de la abundancia? 
Se lo tendría que poder preguntar al botánico que se lo puso, pero ya es un poco tarde.

Cerastium pumilum














A ver si no: el británico William Curtis, a quien se atribuye la denominación, vivió en el siglo XVIII. Como boticario, era aficionado al estu-dio de las plantas y estos cerastium abundaban en Inglaterra algo más que ahora. Su nombra-día entre los botánicos la tiene bien merecida, ya que en 1787 inició la publicación de una re-vista ilustrada sobre botánica ¡que hoy día si-gue publicándose!: The Botanical Magazine. Tiene una periodicidad cuatrimestral y en el último número de noviembre, se presentan artículos y dibujos coloreados de glicinias; quizás, como preparación al año de las legumi-nosas. 
Cerastium pumilum










Desde luego no es una flor llamativa, colorista; pero una vez perdidos los pétalos blancos, queda el saquete de las semillas, translúcido, apergaminado, terminado en una corona de dientecillos, que hacen inconfundible a este género de plantas. También lo es por los numerosos pelillos glandulosos que cubren la planta y le dan un tacto pegajoso. Todo servirá para fecundarla, cuando los abejorros, habituales polinizadores, se acerquen a libar el néctar sobre la corola. 
Así es como en estos terrenos llecos, aparentemente infecundos, la vida se manifiesta abundante y versátil.






Si es delicioso hojear esta tarde lluviosa un libro con acuarelas de flores, 
¡que no será detenerse ante el original!

Cerastium pumilum

jueves, 18 de febrero de 2016

EPILOBIUM TETRAGONUM

El paseo de una mañana de agosto fue algo más que andar
    
Epilobium tetragonum
Epilobium tetragonum




El paseante ha rebasado la muga de Yesa, andando a buen paso. Camina junto al guardarraíl sin atender a las plantas ruderales de la cuneta. Lleva un gorro claro de ala ancha y, aunque a esa hora de la mañana aún no aprieta el calor, no le conviene demorarse. A la entrada de la subestación eléctrica se corta el guardarraíl y aprovecha para dejar la carretera. Desde ahí se encamina al bosquete que oculta al cercano arroyo del barranco de Tres Fuentes. Pasará la mañana en ambiente nemoroso oyendo el fluir del agua, oculta entre hierbas y carrizos.

Epilobium tetragonum









Entre los chopos la hierba está alta, pero el paseante puede avanzar. Otra cosa es tratar de abrirse paso en el carrizal sin mojarse. ¡Qué le vamos a hacer! lo debe atravesar si quiere vadear el arroyo y seguir mirando la variedad de plantas del chopar. Así es cómo, al poner pie en la otra orilla, se detiene a examinar unas flores con pétalos de color malva. Las ha visto parecidas junto a la fuente de Liscar, pero éstas tienen el pistilo compacto, mazudo, como dicen los botánicos: será otra especie.
Epilobium tetragonum












Para cuando el  paseante ha llegado a media mañana, otros visitantes se le han adelantado: insectos de variadas coloraciones y tamaños; alguno sólo llegará a distinguir cuando revise las fotos en la pantalla del ordenador. Será entonces cuando tenga ocasión de saber que el nombre epilobiun (sobre lóbulos, en latín) lo utilizó J.J.Dillenius para señalar esta flor vistosa sobre la que se abre la silicua que guarda las semillas. Es dudoso que los bichitos disfruten de los gustos estéticos de este botánico, pero parece que también les resultan atractivos varios elementos de la flor.
Silicua y semillas. Epilobium tetragonum












El paseante, claro está, nada de esto sabe cuando se aplica a observar los tallos con sección cuadrada (tetragonum). Piensa que conviene guardar imágenes de las silicuas y de las semillas de aspecto sedoso, que no duda echarán a volar en cuanto alguna ráfaga de viento se oiga entre los carrizos. Luego se enterará de que el ligero aspecto rizado ha servido para llamarla “rizos de dama” y para distinguirla de otra especie con rizos mucho más recurvados, que recuerda haber visto por El Roncal.
Epilobium tetragonum











Bien, había encontrado otra especie que añadir al catálogo de plantas avistadas. Así que ya tenía hecho el día. Salió al camino y deambuló un rato por la orilla del Aragón. 
Unos días más tarde, andando por el camino de La Sarda, volvió a verla al cruzar el barranco de Ualter, también en la zona herbosa cerca de los carrizos. Allí estaba. Los herbicidas no habían conseguido hacerla desaparecer y no sería necesario, por el momento, ir a verla como adorno de jardines

    


  

Es entretenido pasear, atento al encanto de las flores, 
con una cámara que ayude a la memoria
 
Epilobium tetragonum

viernes, 5 de febrero de 2016

HIPPOCREPIS SCORPIOIDES

   Las flores que son como mariposas amarillas y llegan a tener forma de escorpión
   
Hippocrepis scorpioides
Hippocrepis scorpioides

Aquella tarde de jueves de hace más de cincuenta años, las altas murallas del castillo de Davalillo eran nuevamente asaltadas por un enjambre de niños, sin otras armas que la alegría de vivir unas horas sin clases. El castillo riojano se alzaba sobre un cerro pedregoso, casi circundado por el Ebro, que le servía de foso defensivo. Era un lugar ideal para jugar con la imaginación en la remota Edad Media, corretear por las laderas o coleccionar plantas o insectos. Con todo, como en el Jardín del Edén, había una prohibición: no se debía dar vuelta a las piedras. Y, entre tantas carreras, ¿cómo no voltear algún pedrusco? Así es como vi por primera vez un verdoso escorpión con su aguijón inhiesto y recurvado.    

Hippocrepis scorpioides

Lejos de la Rioja y más de un siglo antes, el joven George Bentham recorría el Languedoc y los Pirineos, lejos de su Lon-dres natal, coleccionando y cla-sificando cuantas plantas veía. Así que con veintiséis años pu-blicaba su Catálogo de plantas nativas de los Pirineos y del Bajo Languedoc, resultado de sus exploraciones, sin recurrir a citas de segunda mano. 
En ese catálogo atribuye a Esprit Requien, botánico de Aviñón, denominar  escorpión a esta leguminosa: una planta con flores como mariposas ama-rillas y frutos en forma de vaina, terminada en una punta retorcida, como el aguijón del escorpión.
    
Hippocrepis scorpioides



Este juego de reconocimiento entre botánicos se expresa en las actuales taxonomías de plantas con un galimatías de abreviaturas, adjuntas a los nombres empleados internacionalmente. En este caso aparece como (Req. ex Bentham); lo que viene a decir que el segundo describió la planta a la que había puesto ese nombre el primero, Requien, abre-viado Req. para los amigos. 
El esfuerzo imaginativo que supuso poner nombre a cada género y especie de planta es admirable. A ésta, C.Linneo la llamó herradura (hippo–crepis=caballo–calzado) inspirándose en la forma curvada de las vainas de este grupo de leguminosas.





Hippocrepis scorpioides





Esta leguminosa con aspecto de escorpión tiene amplia difusión por aquí. La he visto en El Sasillo, por los carasoles de Bustos, por La Olivona de Aspra, en la ladera de El Castellón, así como junto al Corral del Fraile de Yesa o a la entrada de la Foz en Lumbier. En ningún lugar se dice que haya servido como elemento culinario, así que bien puedo suponer que en tiempos pasados haya tenido utilidad forrajera para alimento del ganado lanar de la zona. 
En el año de las leguminosas, hay que recordar su utilidad alimenticia o forrajera y, particularmente, su aporte a la fijación del nitrógeno al suelo.



Hippocrepis scorpioides









Me ha resultado sorprendente com-probar que esta leguminosa ha sido objeto sólo de escasas investiga-ciones de tipo fitoquímico. Entiendo ahora que esto sea normal en plantas que no han tenido un interés medicinal histórico. En este caso, además, puede influir que tiene una limitada difusión en una pequeña zona entre el Pirineo y el Medite-rráneo. Ya en 1825 el botánico Arnot, compañero de andanzas de Bentham, la localiza y anota en las colinas cercanas a Narbona. Ahora, empero, sólo aparece mencionada en listados de plantas avistadas en ribazos y bordes de autopistas o en blogs, que como éste, reflejan la flora local.






La mariposa agitó las alas, el escorpión enhestó su cola y 
los recuerdos infantiles echaron a volar

Hippocrepis scorpioides

lunes, 25 de enero de 2016

ERICA CINEREA

Brezos de verdor esplendente y de nombre cenizo

Erica cinerea
Erica cinerea




Entre los muchos atractivos que tiene andar por la Sierra de Leyre en verano, uno agradable es pasar entre los brezos en flor: unos brezos, de finas hojas verdes y brillantes, y que se adornan con pequeños farolillos colgantes de color lila. Estos farolillos, que son los pétalos que esconden las partes fértiles y de los que asoma el estigma, están en agosto en su mayoría perforados. Piensa el fotógrafo que es una lástima y el naturalista ve en ello la marca de un ecosistema: es el rastro del atractivo alimento que las ericas ofrecen a varias es-pecies de insectos.
Erica cinerea







Sin embargo, hasta lo que yo sé, los brezos no han servido para paliar el hambre, pero sí que se han empleado para tratar la ina-petencia y como antidiarreico, diurético, antiséptico o antiinflamatorio, según pue-do ver en cantidad de recetas de fitotera-pia. Son tantos sus componentes químicos (flavonoides varios y cumarinas, entre o-tros), que prefiero considerarlos como cu-riosidad, dada su laboriosa y asombrosa complejidad. Quizá, alrededor de los laboratorios donde detalladamente los analizan, encontremos jardines con estos brezos, vista la larga lista de variedades a escoger en jardinería. 

Erica cinerea











Brezo es el nombre genérico que se da en la zona de influencia celta (vroicos) a este gé-nero que los griegos llamaban erica (eríkẽ) y en euskera, iñarra. Pero, tiene guasa que Linneo le pusiera como nombre específico cinerea (cenicienta), siendo una planta bri-llante, que nada tiene de ceniza. Le debe de ocurrir como en el cuento, que se pasa la vida a ras de suelo, siendo lo más florido y hermoso del entorno a la altura de nues-tros pies. 
Erica cinerea









La amplia difusión que a lo largo de los si-glos y los pueblos ha tenido el cuento de la Cenicienta, no la ha tenido el brezo ceni-ciento. La narración de la Cenicienta ya se recogió en el Egipto de los faraones con el nombre de Ródope, la de las mejillas rosadas; luego pasó a Grecia y Roma; muchos siglos más tarde hay versiones chinas, vietnamitas o de los indios abenaki de Norteamérica; en el S.XVI se reescribe en Italia como la Gata cenicienta; luego, con Perrault y  los Grimm deja de ser gata  y la remata Disney con sus colorines nada cenicientos. 
Erica cinerea










La Erica cinerea, por el contrario, se limita casi exclusivamente a las islas británicas, Francia atlántica y cornisa cantábrica, con pocas citas en otras partes del mundo; sólo llevada, quizás, por colonos a sus jardines de Nueva Zelanda. Pese a la profusión con que la vemos en esta zona del Prepirineo, se considera que está en recesión y que ne-cesita protección en Galicia. Pero en gene-ral en otras zonas, como puede ser el Reino Unido sólo tiene calificación de Preocu-pación Menor, afortunadamente.









Este cálido enero me ha traído el recuerdo de paseos soleados por la sierra en agosto

Erica cinerea